Wednesday, January 09, 2008

Coloquio Andrés Aubry In Memoriam Parte II

Ni el Centro ni la Periferia…
PARTE II.- ESCUCHAR EL AMARILLO.
EL CALENDARIO Y LA GEOGRAFÍA DE LA DIFERENCIA.



“El peligro de l@s diferentes está en que luego les da por parecerse mucho entre sí”.
Don Durito de La Lacandona.


La lucha de las mujeres, ¿del centro a la periferia?

Si antes hablamos de que en el pensamiento de arriba existía un abismo entre teoría y realidad y de la bulimia teórica concomitante que se vuelve moda entre una parte de la intelectualidad progresista, ahora quisiéramos detenernos en ese punto de la geografía pretendidamente científica que es el centro donde la piedra conceptual, es decir, la moda intelectual, cae y se inician las ondas que afectarán la periferia.

Resulta que esas teorías y prácticas surgidas en el centro, se extienden hacia la periferia no sólo afectando los pensamientos y prácticas en esos rincones, también, y sobre todo, imponiéndose como verdad y modelo a seguir.

Ya se habló del surgimiento de nuevos actores o sujetos sociales, y se mencionó a las mujeres, los jóvenes y jóvenas, y los otros amores.

Pues bien, sobre estos “nuevos” protagonistas de la historia cotidiana, surgen nuevas elaboraciones teóricas que, siempre en el centro emisor, se traducen en prácticas políticas y organizativas.

En el caso de la lucha de género, o más específicamente, en el feminismo, sucede lo mismo. En una de las metrópolis surge una concepción de lo que es, su carácter, su objetivo, sus formas, su destino. De ahí se exporta a los puntos de la periferia, que a su vez son centros de otras periferias.

Este traslado no se da sin los problemas y “atorones” propios de las distintas geografías.

Tampoco se da, paradójicamente, en términos de equidad. Y digo “paradójicamente” porque uno de los rasgos esenciales de esta lucha es su demanda de equidad, de equidad de género.

Espero que las compañeras y compañeros que enarbolan esta lucha, y que me están escuchando o leyendo, disculpen el reduccionismo y simplismo con el que estoy tocando este punto. Y no es porque quiera salvar mi machismo, tan natural y espontáneo, en serio, sino porque no estamos pensando, a la hora de referirnos a esto, en los esfuerzos que llevan adelante. No decimos que sus proyectos no sean cuestionables. Lo son y en más de un aspecto, pero estamos hablando de otra lucha de género, de otro feminismo: el que viene de arriba, del centro a la periferia.

En unos días más, las mujeres zapatistas celebrarán un encuentro donde su experiencia y palabra tendrán un espacio único, así que no abundaré más en este tema. Sin embargo, quisiera contarles la breve historia de un desencuentro.

En los primeros meses posteriores al inicio de nuestro alzamiento, un grupo de feministas (así se autodenominaron) llegaron a algunas de las comunidades zapatistas.

No, no llegaron a preguntar, a escuchar, a conocer, a respetar. Llegaron a decir lo que debían hacer las mujeres zapatistas, llegaron a liberarlas de la opresión de los machos zapatistas (empezando, por supuesto, por liberarlas del Sup), a decirles cuáles eran sus derechos, a mandar pues.

Cortejaron a quienes consideraban las jefas (por cierto, con métodos muy masculinos, dicho sea de paso). A través de ellas intentaron imponer, desde fuera, en forma y contenido, una lucha de género que ni siquiera se detuvieron a averiguar si existía o no y en qué grado en las comunidades indígenas zapatistas.

Ni siquiera se pararon a ver si las habían escuchado y entendido. No, su misión “liberadora” estaba cumplida. Volvieron a sus metrópolis, escribieron artículos para periódicos y revistas, publicaron libros, viajaron con los gastos pagados al extranjero dando conferencias, tuvieron cargos gubernamentales, etc.

No vamos a cuestionar esto, cada quien se consigue las vacaciones como puede. Sólo queremos recordar que no hicieron mella alguna en las comunidades ni trajeron beneficio alguno a las mujeres.

Este desencuentro inicial marcó la relación posterior entre las mujeres zapatistas y las feministas, y llevó a una confrontación soterrada que, por supuesto, las feministas achacaron al machismo vertical y militarista del EZLN. Esto llegó hasta el punto en que un grupo de Comandantas se negó a un proyecto sobre derechos de la mujer. Resulta que se querían dar unos cursos, diseñados por ciudadanas, impartidos por ciudadanas y evaluados por ciudadanas. Las compañeras se oponían, querían ser ellas quienes decidieran los contenidos y ellas quienes impartieran el curso y ellas quienes valoraran los resultados y lo que seguía.

El resultado lo podrán conocer ustedes si asisten al Caracol de La Garrucha y escuchan, de los propios labios de las zapatistas, esa y otras historias. Tal vez les ayudaría a entender mejor, llevar la disposición y el ánimo de comprender. Tal vez, como Sylvia Marcos en el Israel de las beduinas, entenderían que las zapatistas, como muchas mujeres en muchos rincones del mundo, transgreden las reglas sin desechar su cultura, se rebelan como mujeres, pero sin dejar de ser indígenas y también, no hay que olvidarlo, sin dejar de ser zapatistas.

Hace unos años, un periodista me contó que se había encontrado en la carretera a una señora zapatista y le había dado “aventón” hasta el pueblo. “¿Andaba con uniforme o pantalón o botas?”, le pregunté preocupado. El periodista me aclaró: “No, llevaba nagüa, camisa bordada y estaba descalza. Además llevaba su hijo cargando en el rebozo”. “¿Cómo supo entonces que era zapatista?”, le insistí. El periodista me respondió con naturalidad: “es fácil, las zapatistas se paran diferente, caminan diferente, miran diferente”. “¿Cómo?”, reiteré. “Pues como zapatistas”, dijo el periodista y sacó su grabadora para preguntarme sobre la propuesta de diálogo del gobierno, las próximas elecciones, los libros que he leído y otras cosas igualmente absurdas.

Sin embargo, es necesario señalar que esta distancia se ido acortando gracias al trabajo y comprensión de nuestras compañeras feministas de La Otra Campaña, particularmente y de manera destacada, de nuestras compañeras de La Otra Jovel.

Según mi visión machista, en ambos rincones se ha entendido la diferencia entre unas y otras y, por tanto, ha iniciado un reconocimiento mutuo que devendrá en algo muy otro, y que seguro pondrá a temblar no sólo al sistema patriarcal en su conjunto, también a quienes apenas estamos entendiendo la fuerza y el poder de esa diferencia, y que nos lleva a repetir, aunque con otro sentido, el “¡Vive le difference!”, ¡Viva la Diferencia!

De esa tensión que, paulatinamente, se convierte en liga y puente, saldrá un nuevo calendario en una nueva geografía. Uno y una donde la mujer, en su igualdad y diferencia, tenga el lugar que conquiste en esa su lucha, la más pesada, la mas compleja y la más continua de todas las luchas antisistémicas.

***

Nuestros sabedores más mayores cuentan que los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, hicieron el color amarillo a partir de la risa de las niñas y niños. Recordando esto, hemos decidido contarles un cuento que es para menores de edad, pero que los mayores se lo van a tener que chutar porque… porque… bueno, pues porque se vería muy mal que se salgan antes de que termine esta sesión del coloquio.

Ahora que, si se van a salir, les pido que no sean gachos y lo hagan con discreción para que aquí los organizadores no sientan tan feo.

Bueno, para las que se queden, aquí está el cuento…

Ya antes conté esto, así que sólo repetiré brevemente la historia de Diciembre. Ella era una niña, así, pequeñita. Había nacido en el mes de noviembre y, como sus padres sólo hablaban lengua indígena, se hizo un desmadre cuando la fueron a registrar. El notario preguntaba atropelladamente dónde nació, cuándo nació, en qué mes estamos (es que andaba medio crudo) y cosas así. Su madre apenas estaba por responder el mes en que estábamos, cuando el del registro civil volvió a la pregunta de cómo se iba a llamar. “Diciembre”, escuchó el notario y, pues se chingó Roma, porque cuando se dieron cuenta ya era un relajo cambiar los papeles. Así que “Diciembre” se pasó a llamar esta niña que nació en noviembre. Según los usos y costumbres de los adultos, cuando regañan a una niña o niño, no se acuerdan de su nombre, y empiezan a decir varios nombres hasta que le atinan. En el caso de Diciembre, los regaños eran menos estrictos, porque la mamá empezaba por Enero, y cuando llegaba a Diciembre ya se le había olvidado por qué iba a regañar a la niña.

En otra historia, ahora ya lejana, Diciembre conoció a un búho y se hizo amiga de él. En aquel entonces, resolvió el desafío de la flauta chueca y no me acuerdo qué otras travesuras más hizo.

Pues bien, aquí les va…

DICIEMBRE Y LA HISTORIA DEL LIBRO SIN MANOS.

Una tarde, casi noche, como ésta que anuncia lluvia de luces, andaba Diciembre caminando así nomás. Acaso estaba pensando nada, sólo caminaba recogiendo piedritas y ramitas, y colgaba las piedritas de un árbol, y amontonaba las ramitas a un lado del camino, y les ponía nombres: ése era un “árbol de piedras” y aquello una “montaña de ramas”. O sea que, como quien dice, a la Diciembre ésta no sólo le daba por revolver su pensamiento, también revolvía el mundo.

Tenía, además, unos lapiceros de colores que a saber quién le había regalado. Así que, cuando no estaba colgando piedras y amontonando ramas, Diciembre sacaba los lapiceros de su morraleta y se ponía a pintar de colores lo que estuviera a la mano.

Bueno, pues resulta que así andaba la Diciembre, tarareando una canción a ritmo de corrido-cumbia-ranchera-norteña, cuando ¡zas!, ahí nomás estaba parado, en medio del camino, un libro.

Contenta se puso la Diciembre. Sacó sus colorines y fue muy decidida a agarrar el libro para llenarlo de rayones y bolitas y palitos y hasta un garabato que se supone, sería el retrato hablado de la Panfililla, que así se llamaba una su perrita que más bien era bien mulita (sin agraviar a las presentes).

Ya se acercaba la Diciembre al libro que estaba en medio del camino, ya se imaginaba que la Junta de Buen Gobierno le daba permiso de pintar un su mural en la pared de la escuela autónoma, ya se veía pidiéndole a una señora sociedad civil que le tomara una foto a ella con la Panfililla, paradas junto al mural, y ya pensaba que si acaso no se parecía la Panfililla a la pintura del mural pues ahí mismo pintaba las correcciones. No en la pared de la escuela, sino en el cuerpo de la Panfililla, por supuesto.

Todo esto iba pensando la Diciembre cuando, al acercarse a tomar el libro con sus manos, ¡zas!, el libro abrió sus pastas y se echó a volar.

“¡Órales!”, dijo la Diciembre con un tono que no dejaba duda de su origen plebeyo, “tras que ese libro vola”. El libro aleteó unos metros y se fue a posar más adelante, en medio del camino. Diciembre corrió a agarrar el libro, pero antes de que llegara, volvió a volar. Diciembre pensó entonces que el libro quería jugar y pues ella también. Así que ahí andaba la niña correteando de un lado a otro al libro volador y, mientras tanto, la Panfililla ya se había empacado media docena de piedras y dos docenas de ramitas, y se había quedado tirada, haciendo la digestión y nomás moviendo las orejas de un lado a otro, según corría la Diciembre detrás del libro.

Ahí tardaron, pero llegó el momento en que la Diciembre se cansó y quedó muy agotada, tirada a un lado de la Panfililla.

“¿Y ora qué hacemos Panfililla?”, preguntó Diciembre.

Y la Panfililla nomás movió la oreja, porque todavía estaba tratando de digerir una piedra de ámbar y no podía ladrar.

“Ya sé, tengo una idea”, dijo la Diciembre, “voy a ir a buscar al señor Búho y le voy a preguntar”.

La Panfililla movió las orejas como diciendo “sale, yo aquí te espero”, mientras miraba que todavía le faltaba la mitad del montecito de ramitas por zamparse.

Así que Diciembre fue a visitar a su amigo el Búho. Lo encontró sentado encima de su árbol, viendo una revista con muchachas encueradas.

Aquí el Búho interrumpe el cuento y le aclara al respetable público:

“No le crean al Sup, no era una revista de muchachas encueradas, era un folleto de lencería, de Victoria Secrets para más señas. No es lo mismo”.

Bueno, pues el Búho estaba viendo una revista de muchachas semiencueradas cuando llegó Diciembre y ahí nomás, sin anestesia ni decir agua va, le soltó:

“Oí, señor Búho, ¿por qué hay libros que volan?”

“Se dice “vuelan” y no “volan”, corrigió el señor Búho, y agregó: “Y no, los libros no vuelan. Los libros están en las librerías, en las bibliotecas, en los escritorios de los científicos y, cuando no los compra nadie, en las mesas afuera de los coloquios”

“Hay uno que sí”, le contestó Diciembre, y en seguida le contó lo que había pasado antes con el libro volador.

El señor Búho cerró su folleto de muchachas en paños menores, claro, no sin antes marcar la página en la que se había quedado, y dijo muy decidido:

“Muy bien, vamos a investigar, nomás aguántame un ratón porque tengo que ponerme ropa adecuada”.

“Bueno”, dijo Diciembre y mientras esperaba al señor Búho, se puso a colgar en las ramas de los árboles algunas piedritas que logró rescatar de la gula de la Panfililla.

El señor Búho, mientras tanto, abrió un gigantesco baúl y empezó a buscar, murmurando: “mmh… látigo, no… liguero, tampoco… neglillé, menos… mmh… ¡aquí está!”, exclamó de pronto el señor Búho y sacó un pasamontañas negro.

Se lo puso y, tomando una pipa, se dirigió a Diciembre y le preguntó:

“Y bien, ¿qué te parece mi disfraz?”

Diciembre lo miró extrañada y, después de un rato, dijo: “¿y de qué está disfrazado?”

“¿Cómo de qué? ¡Pues de subcomandante! Si el libro ése me ve como búho, no me va a dejar acercarme siquiera, porque los búhos de por sí queremos muchos libros, en cambio los subcomandantes no los usan ni para nivelar mesas”.

Aquí el Sup interrumpe para aclararle al respetable:

“No le crean al señor Búho, los subcomandantes sí usamos los libros, a veces, cuando la leña no prende…”

Ejem, ejem.

Bueno, pues les decía que la Diciembre y el señor Búho disfrazado de subcomandante, bajaron del árbol y se dirigieron a donde la niña había dejado a la Panfililla esperándola.

Cuando llegaron a donde estaba la perrita, la encontraron tratando, simultáneamente, de roer la mitad de una pantufla y de digerir la otra mitad.

“¡Mis pantuflas totalmente Palacio!”, exclamó escandalizado el señor Búho y empezó a luchar con la Panfililla, tratando de arrebatarle la mitad de la pantufla que, además, era la mitad de adelante, o sea que todavía podía pasar como una pantufla versión minimalista.

Diciembre le ayudó, y algo le dijo al oído, bueno a la oreja, a la Panfililla que ésta, inmediatamente, soltó la mitad delantera de la pantufla del señor Búho.

¡Uff!, suspiró aliviado el señor Búho y, mientras hacía el recuento de los daños, le preguntó a Diciembre:

¿Y qué le dijiste para que la soltara?

Diciembre contestó sin inmutarse: “Que le iba a dar la mitad de la otra pantufla”.

¿¡Qué!?, gritó el señor Búho. “¡Mis pantuflas, mi buen nombre, mi prestigio, mi status intelectual…!”

En eso, ¡zas!, Diciembre descubrió, cerca de donde estaban, al libro volador.

¡Ahí está!, le gritó Diciembre al señor Búho.

El señor Búho se acomodó como pudo el pasamontañas, encendió la pipa y le dijo a Diciembre:

“Tú espérame aquí, voy a investigar”.

Llegó el señor Búho hasta donde estaba el libro volador, quien no lo reconoció por su disfraz de subcomandante.

Como es sabido, los libros les cuentan a los subcomandantes hasta lo que no viene escrito en ellos, así que tardaron hablando.

Diciembre ya se estaba quedando dormida cuando el señor Búho regresó y le dijo:

“Ya está. El misterio ha sido resuelto”.

¿Qué pasó?, preguntó Diciembre bostezando.

Elemental, mi querida Diciembre. Se trata, simple y sencillamente, de un caso extremo de “libro sin manos”, dijo el señor Búho.

¿Libro sin manos?, ¿Y qué es eso?, preguntó Diciembre.

Pues es un libro que no quiere estar en un estante de librería o biblioteca, o en un escritorio, o arrumbado en un rincón, o nivelando una mesa. Es un libro que quiere estar en las manos de alguien. Que lo lea, que lo escriba, que lo pinte, que lo quiera pues, explicó el señor Búho.

¡Yo!, dijo Diciembre alegremente.

¿Estás segura? Un libro no es cualquier cosa, no es como un dinosaurio come-pantuflas, dijo el señor Búho mientras miraba con rencor a la Panfililla, que ya estaba mordisqueando la pipa del disfraz de Sup del señor Búho.

No es dinosaurio, es dinosauria, y sí, estoy segura, respondió decidida la Diciembre.

Bueno, prueba a ver si lo convences a él, dijo el señor Búho mientras trataba de arrebatarle la pipa a la Panfililla.

¿Y cómo hago?, preguntó Diciembre.

Muy sencillo, acércate, pero no mucho y extiende tus manitas. Si te acepta, entonces él irá hacia a ti, le indicó el señor Búho.

Sale, dijo la Panfililla, perdón, la Diciembre.

Se limpió las manos en la nagua porque se acordó que no se las había lavado, se acercó poco a poco al libro volador y, cuando creyó estar lo suficientemente cerca para que el libro la viera pero no se espantara, extendió sus dos manitas.

El libro abrió entonces sus tapas, como para echarse a volar, pero dudó.

Diciembre alargó más sus manitas y dijo:

“Ven, ven, ven”

El libro empezó entonces a volar, pero en lugar de alejarse, fue a posarse en las manitas de Diciembre.

La niña se puso muy contenta y abrazó el libro contra su pecho, tanto que el libro se echó un pedito: prttt.

El señor Búho aplaudió satisfecho y la Panfililla no ladró, pero eructó con aroma a pantufla mal digerida.

Se fue entonces el señor Búho a seguir viendo muchachas… perdón, a leer y estudiar mucho.

Diciembre se puso a colorear el libro con sus plumines y no vivieron muy felices porque, en un descuido, la Panfililla se empacó la contraportada, el índice, los anexos y 7 pies de página.

Tan- tan.

Moraleja: no dejen nada al alcance de las perritas, pueden ser dinosaurias disfrazadas.

Y ya, espero que Daniel Viglietti les haga olvidar pronto esta ponencia tan poco seria, y que las niñas la recuerden… por siempre jamás.

Gracias.

Subcomandante Insurgente Marcos.
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, M

Para bajar los audios de las participaciones de Sylvia Marcos, Gustavo Esteva y el SI Marcos vista la página de enlace zapatista.

Coloquio Andrés Aubry In Memoriam

Ni el Centro ni la Periferia.
I.- ARRIBA, PENSAR EL BLANCO.
LA GEOGRAFÍA Y EL CALENDARIO DE LA TEORÍA.

“El problema con la realidad, es que no sabe nada de teoría”
Don Durito de La Lacandona.


Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, decía que la lucha, la nuestra al menos, podía ser explicada como una lucha de geografías y calendarios. Ignoro si este compañero, uno más de los muertos que de por sí somos, imaginó siquiera que sus teorías (“sus pensamientos”, decía él) serían presentadas al lado de tantas luces intelectuales como las que ahora confluyen en el suroriental estado mexicano de Chiapas. Tampoco sé si hubiera autorizado que yo, un subcomandante cualquiera, tomara algunos de esos pensamientos y los expusiera públicamente.

Pero, tomando en cuenta la evidencia de nuestro bajo “rating” mediático y teórico, creo que puedo permitirme el tratar de exponer las bases rudimentales de esta teoría, tan otra que es práctica.

No voy a aburrirlos contándoles el embrollo sentimental de Elías Contreras que, como todos y todas las zapatistas, eligió amar con desafío. Como si el puente afectivo que se tiende hacia la otra, el otro o lo otro no fuera ya de por sí complejo y complicado, Elías Contreras todavía le agregó las distancias y muros que separan los calendarios y las geografías, además del conocimiento, es decir el respeto, de la existencia de lo otro. Como si de esa forma él (y con él, lo colectivo que somos) decidiera hacer todo lo posible para que un acto tan antiguo, común y cotidiano como la existencia del ser humano, se convirtiera en algo extraordinario, terrible, maravilloso.

En cambio, en lugar de contarles del complicado e inquebrantable puente del amor de Elías Contreras por la Magdalena (que no era ni hombre ni mujer, lo que ya de por sí es un desafío a la lucha de género), pensé entonces en traerles algo de la música que se toca en las comunidades zapatistas. Por ejemplo, apenas anoche escuché una música que el “maistro de la ceremoña” tipificó como ritmo “corrido-cumbia-ranchera-norteña”. ¿Qué tal? Ritmo corrido-cumbia-ranchera-norteña… si eso no es un desafío teórico, entonces no sé que lo sea. Y no me pregunten cómo se toca o se baila eso, porque yo no toco ni la puerta y, además, a mi avanzada edad, en el baile tengo la gracia de un elefante con la uña enterrada.

Hace más de dos años, en estas montañas del sureste mexicano, en ocasión de las reuniones preparatorias de lo que después se llamaría “La Otra Campaña”, una mujer joven dijo, palabras más, palabras menos, “si tu revolución no sabe bailar, no me invites a tu revolución”. Tiempo después, pero entonces en las montañas del noroeste de México, volví a escuchar esas mismas palabras de la boca de un jefe indígena que se esfuerza por mantener vivos los bailes y la cultura toda de nuestros ancestros.

Al escuchar a la una y al otro, en tiempos distintos, yo volteé a mirar a una de las comandantas y le dije: “Ahí le hablan jovena”. La Comandanta no dejó de mirar hacia la concurrencia, pero en voz baja dijo: “Urrr Sup… Uta magre, viera que me dan pista y hasta les dejo planito el suelo”.

Yo no les voy a estar mentirando. La verdad es que pensé que podría traerles algunas historias de Sombra el guerrero, de Elías Contreras y la Magdalena, de las mujeres zapatistas, de las niñas y niños que crecen en una realidad diferente (ojo: no mejor, no peor, sólo diferente) a la de sus padres, marcada por otra resistencia, y hasta les contaría un cuento de la niña llamada “Diciembre” que, como su nombre lo indica, nació en Noviembre. Y pensé también ponerles algunas músicas (sin agraviar a las presentes), pero es de todos conocida la seriedad con la que los zapatistas abordamos los temas teóricos, así que sólo diré que habría que encontrar alguna forma de ligar la teoría con el amor, la música y el baile. Tal vez igual la teoría no alcanzaría a explicar nada que valiera la pena, pero sería más humana, porque la seriedad y el acartonamiento no garantizan el rigor científico.

Pero, bueno, ya me estoy yendo de nuevo por otro lado. Les decía yo que Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, decía a su vez que nuestra lucha podía ser entendida y explicada como una lucha de geografías y calendarios.

En nuestra participación como “teloneros” de los pensamientos que en estos días se congregan en este lugar y en estas fechas, serán la geografía y el calendario… más bien, la larga trenza que entre ambos se anuda abajo, uno de los referentes de nuestra palabra.

Dicen nuestros más mayores que los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, fueron siete; que siete son los colores: el blanco, el amarillo, el rojo, el verde, el azul, el café y el negro; que son siete los puntos cardinales: el arriba y el abajo, el delante y el detrás, el uno y el otro lado, y el centro; y que siete son también los sentidos: oler, gustar, tocar, ver, oír, pensar y sentir.

Siete serán entonces los hilos de esta larga trenza, siempre inconclusa, del pensamiento zapatista.

Hablemos, pues, de La Geografía y el Calendario de la Teoría. Para esto pensemos el color blanco allá arriba.

***

No tenemos el dato exacto, pero en el complejo calendario del pensamiento teórico de arriba, de sus ciencias, técnicas y herramientas, así como de sus análisis de las realidades, hubo un momento en que las pautas se marcaban desde un centro geográfico y de ahí se iban extendiendo hacia la periferia, como una piedra arrojada en el centro de un estanque.

La piedra conceptual tocaba la superficie de la teoría y se producía una serie de ondas que afectaban y modificaban los distintos quehaceres científicos y técnicos adyacentes. La consistencia del pensamiento analítico y reflexivo hacía, y hace, que esas ondas se mantengan definidas… hasta que una nueva piedra conceptual cae y una nueva serie de ondas cambia la producción teórica. La misma densidad de la producción teórica tal vez podría explicar el por qué las ondas, las más de las veces, no alcanzan a llegar a la orilla, es decir, a la realidad.

“Paradigmas científicos” han llamado algunos a estos conceptos capaces de modificar, renovar y revolucionar el pensamiento teórico.

En esta concepción del quehacer teórico, en esta meta-teoría, se insiste no sólo en la irrelevancia de la realidad, también y sobre todo se alardea que se ha prescindido completamente de ella, en un esfuerzo de aislamiento e higiene que, dicen, merece ser aplaudido.

La imagen del laboratorio aséptico no sólo se limitó a las llamadas “ciencias naturales” o a las “ciencias exactas”, no. En los últimos saltos del sistema mundial capitalista, esta obsesión por la higiene anti-realidad alcanzó a las llamadas “ciencias sociales”. En la comunidad científica mundial empezó entonces a cobrar fuerza la tesis de “si la realidad no se comporta como indica la teoría, peor para la realidad”.

Pero volvamos al plácido estanque de la producción teórica y a la piedra que ha alterado su forma y contenido.

El reconocimiento de esta aparente fragilidad del andamiaje conceptual científico significó aceptar que la producción teórica se renovaba continuamente, incluso dentro de su pretendido aislamiento de la realidad. El laboratorio (término ahora muy usado por los llamados científicos sociales para referirse a las luchas dentro de las sociedades) no podría nunca reunir las condiciones ideales, por más aséptico y esterilizado que estuviera, para garantizar la perpetuidad que toda ley científica reclama. Y es que resulta que en su mismo quehacer, irrumpen una y otra vez nuevos conceptos.

En estas concepciones, la idea (el concepto, en este caso) precede a la materia y se adjudica así a la ciencia y la tecnología la responsabilidad de las grandes transformaciones de la humanidad. Y la idea tiene, según el caso, un productor o un enunciante: el individuo, el científico en este caso.

Desde la ociosa reflexión de Descartes, la teoría de arriba insiste en la primacía de la idea sobre la materia. El “pienso, luego existo” definía también un centro, el YO individual, y a lo otro como una periferia que se veía afectada o no por la percepción de ese YO: afecto, odio, miedo, simpatía, atracción, repulsión. Lo que estaba fuera del alcance de la percepción del YO era, es, inexistente.

Así, el nacimiento de este crimen mundial llamado capitalismo es producto de la máquina de vapor y no del despojo. Y la etapa capitalista de la globalización neoliberal arranca con la aparición de la informática, el internet, el teléfono celular, el mall, la sopa instantánea, el fast food; y no con el inicio de una nueva guerra de conquista en todo el planeta, la IV Guerra Mundial.

En el campo de la tecnología se repite el mismo patrón. Y se agrega que, como el concepto científico, la técnica nace “inocente”, “libre de toda culpa”, “inspirada en el bien de la humanidad”. Einstein no es responsable de la bomba atómica, ni el señor Graham Bell lo es de los fraudes vía celular del hombre más rico del mundo, Carlos Slim. El coronel Sanders no es responsable de las indigestiones provocadas por el Kentucky Fried Chiken, ni el señor MacDonald de las hamburguesas de plástico reciclado.

Esto, que algunos desarrollaron más y definieron como “objetividad científica”, creó la imagen del científico que permea todavía el imaginario popular: un hombre o una mujer despeinados, con lentes, bata blanca, con desaliño corporal y espacial, embebidos frente a probetas y matraces burbujeantes.

El autodenominado “científico social” “compró” esa misma imagen, con algunos cambios: en lugar de laboratorio, un cubículo; en lugar de matraces y probetas, libros y cuadernos; en lugar de blanca, una bata de color oscuro; el mismo desaliño; pero agregaba tabaco, café, brandy o cogñac (también en la ciencia hay niveles, mi buen) y música de fondo, que eran impensables en un laboratorio.

Sin embargo, unos y otros, enfrascados como estaban en su objetividad y asepsia, no advirtieron la aparición y crecimiento de los “comisarios de la ciencia”, es decir, de los filósofos. Estos “jueces” del conocimiento, tan objetivos y neutrales como sus vigilados, expropiaron el criterio de cientificidad. Como la realidad no era el referente para determinar la verdad o falsedad de una teoría, entonces la filosofía pasó a cumplir ese papel. Apareció así la “filosofía de la ciencia”, es decir, la teoría de la teoría, la meta-teoría.

Pero la llamada “ciencia social”, la hija bastarda del conocimiento, encontró a los filósofos con sobrecarga de trabajo o con exigencias difíciles de cumplir (del tipo “Si A es igual a B y B es igual a C, entonces A es igual a C”), así que cada vez más debe padecer a los intelectuales de la academia como censores y comisarios.



Mmh… creo que con lo anterior ya demostré que puedo ser tan oscuro e incomprensible como cualquier teórico que se respete, pero estoy seguro de que hay una forma más sencilla de seguir con esto.

Así que ahí les voy, nomás háganse a un ladito, no los vaya yo a salpicar.

En resumen, a consecuencia de este calendario y esta geografía, resulta que allá arriba la producción teórica no es más que una moda que se piensa, ve, huele, gusta, toca, escucha y siente en los espacios de la academia, los laboratorios y los institutos especializados.

O sea que la teoría es una moda que tiene en las tesis (de posgrado, mi buen, también en la academia hay niveles), las conferencias, las revistas especializadas y los libros, los sustitutos de las revistas de moda. Los coloquios suplen el lugar de las exhibiciones de modas, y ahí los ponentes hacen lo mismo que las modelos en la pasarela, es decir, exhiben su anorexia, en este caso, su delgadez intelectual.

Tomad cada momento del surgimiento de uno de esos paradigmas y encontrareis un centro intelectual que se disputa la primicia. Las universidades europeas y los institutos tecnológicos de Norteamérica repiten el listado de la moda: París, Roma, Londres, Nueva York (lo lamento si rompo alguna ilusión, pero no aparecen el Tec de Monterrey, ni la Ibero, ni la UDLA).

Con esto quiero decir que el mundo científico construyó una torre de cristal (pero plomado), con sus propias leyes y adornado con los vitrales churriguerescos que elaboran los intelectuales ad hoc.

A ese mundo, a esa torre y sus pent-houses, no podrá acceder la realidad hasta que acredite estudios de posgrado y un currículum, presten atención, tan abultado como la billetera.

Así se nos presenta al común de la gente, y así se representa a sí misma la comunidad científica.

Pero una mirada atenta y crítica, una de ésas que tanto escasean ahora, permitiría ver lo que en realidad ocurre.

Si el nuevo paradigma es el mercado y la imagen idílica de la modernidad es el mall o el centro comercial, imaginemos entonces una sucesión de estantes llenos de ideas, o mejor aún, una tienda departamental con teorías para cada ocasión. No costará trabajo entonces imaginar al gran capitalista o al gobernante en turno recorriendo los pasillos, sopesando precios y calidades de los distintos pensamientos, y adquiriendo aquellos que se adapten mejor a sus necesidades.

Allá arriba, toda teoría que se respete debe cumplir una doble función: por un lado: desplazar la responsabilidad de un hecho con una argumentación, que no por elaborada es menos ridícula; y, por el otro, ocultar la realidad (es decir, garantizar la impunidad).

En la explicación de la desgracia aparecen ejemplos:

El señor Calderón (todavía algunos desubicados lo consideran el presidente de México), disfrazado como militar, encuentra en la teoría lunática la explicación de las catástrofes que asolaron Tabasco y Chiapas (como antes a Sonora y Sinaloa) y ordena a sus tropas que le consigan la capacidad de convencimiento que no ha podido construir sobre ese castillo de naipes trucados que fue la elección presidencial del 2006. Su fracaso, tan poco informado en los medios, era previsible: consigue más el Teletón que el Estado Mayor presidencial. Desplazando la responsabilidad a la luna (quien, dicho sea de paso, es rencorosa, como lo contará la leyenda del origen de Sombra, el guerrero –pero eso será, si es que es, otro día-), Calderón oculta su responsabilidad y la de quienes lo antecedieron. Resultado: se crea una comisión para investigar… astronomía, y darle así, además del pobre de las armas, algún sustento legítimo a este émulo de Huerta y amante, según confesión propia, de los juegos cibernéticos militares. Seguramente, si la luna se niega a aceptar su culpabilidad, el titular del IV Reich le dirá, con la mirada dura y decidida: “¡bájate o mando por ti!”.

El señor Héctor Aguilar Camín, el prototipo del intelectual no de arriba (él que más quisiera) sino arribista, reescribe el “Libro Blanco” con que la PGR zedillista quiso explicar, sin éxito alguno, la matanza de Acteal (que este 22 de diciembre cumple 10 años sin verdad ni justicia). Fiel al patrón en turno, Aguilar Camín busca, inútilmente, desviar la indignación que de nuevo se levanta, ocultando un crimen de Estado y desplazando la responsabilidad se los asesinatos… a los muertos.

Felipe Calderón y Héctor Aguilar Camín, uno vestido cómicamente de militar y otro patéticamente disfrazado de intelectual. El primero maldiciendo a quien le recomendó comprar la teoría de la luna, y el segundo recorriendo oficinas gubernamentales y cuarteles militares ofreciendo en venta su inútil detergente para limpiar las manchas de sangre.

Es ésta, la teoría blanca e impoluta de arriba, la que domina en el decadente mundo científico. Frente a cada uno de sus estallidos teóricos, también llamados pomposamente “revoluciones científicas”, el pensamiento progresista en general se ha visto obligado a remar a contracorriente. Con el par de remos de la crítica y la honestidad, los pensadores (o teóricos, aunque es común usar este término como descalificativo) de izquierda deben cuestionar el alud de evidencias que, con el disfraz de la cientificidad, sepultan la realidad.

El referente de este quehacer crítico es la ciencia social. Pero si ésta se limita a expresar deseos, juicios, condenas y recetas (como ahora hacen algunos teóricos de la izquierda en México), en lugar de tratar de entender para tratar de explicar, su producción teórica no sólo resulta incapaz, sino, las más de la veces, patética.

Es entonces cuando la distancia entre teoría y realidad no sólo se convierte en un abismo, también presenta el triste espectáculo de autodenominados científicos sociales arrojándose con singular alegría al vacío conceptual.

Tal vez alguno, alguna, de quienes nos escuchan o leen, conozcan esos comerciales que anuncian productos para adelgazar sin hacer ejercicio y atascándose de garnachas y comida rica en “hidrocarburos”. Sé que es poco probable que alguien de aquí sepa de ello, pues estoy seguro de que se encuentran inmersos en cuestiones realmente importantes de la teoría, así que permitan que les dé un ejemplo: hay un anuncio de una galleta que si se come, a ellas les puede dar la figura de Angelina Jolie (suspiro), y ellos pueden llegar a tener el cuerpo atlético del SupMarcos (¡arrrrrroz con leche!)… ¡un momento! ¿yo escribí eso que acabo de decir? Mmh… no, no lo creo, mi modestia es legendaria, así que borren esa parte de sus apuntes. ¿En qué estaba? ¡Ah sí!, en la galleta que les dará una figura espectacular y eso sin hacer más ejercicio que el de llevar el producto a la boca y masticarlo.

De la misma forma, en los últimos años ha cobrado fuerza, en el medio intelectual progresista de México, la idea de que se puede transformar las relaciones sociales sin luchar y sin tocar los privilegios de que disfrutan los poderosos. Sólo es necesario tachar una boleta electoral y ¡zaz!, el país se transforma, proliferan las pistas de hielo y las playas artificiales, las carreras de autos en Reforma, los periféricos con segundo piso incluido y las construcciones del bicentenario (¿ha notado usted que no se habla del centenario?). Vaya, ni siquiera es necesario vigilar la elección para que no se convierta en un fraude y en una película documentándola.

La sumisión con que esto fue adquirido, digerido y difundido por buena parte de la intelectualidad progresista de México no debiera extrañar, sobre todo si se toma en cuenta que lo otro, pensar, analizar, debatir y criticar, cuesta más, es decir, es más caro.

Lo que sorprende es la virulencia y ruindad con la que atacaron y atacan a quien no se traga esa galleta dietética, perdón, esa rueda de molino.

Les doy otro ejemplo:

En la Ciudad de México se ha realizado un despojo impecable y ha obtenido el apoyo y/o el silencio cómplice de esa intelectualidad.

Un gobierno de “izquierda moderna” ha conseguido lo que la derecha no había podido: despojar a la ciudad y al país del Zócalo.

Sin necesidad de leyes reguladoras de marchas y mítines, sin necesidad de las firmas que los panistas hubieron de falsificar, el gobierno de Marcelo Ebrard toma el Zócalo, lo entrega a empresas comerciales (por ahí leímos que era de alabar que no le hubiera costado nada al gobierno del DF y que todo hubiera sido costeado por empresas privadas que, por cierto, incluyen a una de las televisoras “vetadas” por el lopezobradorismo), se construye una pista de hielo y ¡zaz!, cuando menos durante dos meses, nada de mítines o manifestaciones en esa plaza que el movimiento estudiantil de 1968 arrancó a las celebraciones oficiales.

No más CND-lópezobradorista, no más invasiones de turbas a la catedral, nada de gritos que no sean los de quienes se caen, nada de mítines ni marchas, no más gritos, pancartas, indignación.

Para los 10 meses restantes del año, el “izquierdoso” Ebrard ya tiene pensados nuevos proyectos que hagan sentir a los capitalinos que están en alguna otra metrópoli muy “chic”.

Hace apenas unos días, el llamado FNCR descubrió que la marcha que había convocado para el Zócalo no podría realizarse porque la pista de hielo lo ocupaba.

No protestaron contra ese despojo, simplemente cambiaron de lugar. Después de todo, no había por qué interferir en el espíritu neoyorkino que ahora se respira en el DF… ni en las ventas de patines de hielo en los grandes centros comerciales.

No sólo no se impidió el despojo, no sólo no se criticó, además se aplaudió y celebró con fotos a color en primera plana, crónicas y entrevistas, este evento “histórico” que le ahorró a los defeños las largas colas para obtener la visa norteamericana, y el costo del transporte y el hospedaje en la Nueva York de las películas que ven Marcelo Ebrard y su aspirante a Cristina Kirchner autóctona.

Si esto recuerda el método de “pan y circo” tan caro a los gobiernos priístas, se olvida que sigue faltando el alimento, porque el único PAN que hay es el partido que ahora se amarra a la caída de Calderón Hinojosa, con el que toda la clase política se relaciona en privado y se deslinda en público.

Todo eso se pasa y se celebra porque el señor Ebrard no se ha tomado (todavía) la foto con Felipe Calderón y porque dice que es de izquierda… aunque gobierne como de derecha, con desalojos y despojos disfrazados de espectáculo y orden.

¿Y estos intelectuales de izquierda?

Bueno, pues aplausos para el desalojo de los barrios (con acusaciones de narcotráfico que nunca fueron probadas), más aplausos para el desalojo del comercio ambulante en el centro histórico (para acabar de entregarlo a la iniciativa privada), más aplausos a las edecanes en la carrera de autos en la avenida Reforma…

/¡Qué cambio, mi buen!, de las carpas “all included” del plantón contra el fraude, al glamur de la velocidad en un deporte tan de masas, tan popular y tan sin patrocinio como es el de las carreras de autos; del “grito de los libres” contra el espurio, a aspirar a ser subsede de la olimpiada de invierno; ¡no, mi buen! ¡no importa si eso no es de izquierda, pero de que apantalla, apantalla!; mire, estos patines los tengo en varias combinaciones: tricolores para los nostálgicos, azules para los persignados, y amarillo con negro para los ingenuos; hay también con los colores de la chiquillada, digo, de lo perdido lo que aparezca, ¿no cree? Ahora que, eso sí, el patinaje sobre hielo es para gente esbelta, así que le incluyo estas galletas que lo dejan más delgado que con un apretujón en el metro en hora pico. ¿Qué? ¿Es usted skater@? ¿No le digo? Por eso este país no progresa, donde quiera abunda la gente sucia, fea, mala y, para acabarla de amolar, naca. Órale, siquiera deme lo del fondo de desempleo y no le digo a nadie… /

Frente al desalojo de familias en el barrio bravo de Tepito, el silencio o el razonamiento frívolo y servil: “se está combatiendo a la delincuencia”, señaló un intelectual y fallido suspirante a la rectoría de la UNAM, y una foto en primera plana mostraba a una niña sentada sobre los pocos muebles que su familia rescató de uno de los desalojos. La filosofía Rudolph Giulianni, importada de Nueva York (como la pista de hielo) por López Obrador con la coartada de “primero los pobres”, ahora hecha argumentación intelectual: esa niña era una narcotraficante en potencia… ahora es… nadie.

Ya no se quiere ocultar que la llamada izquierda institucional no es de izquierda, ahora se presenta como una virtud, de la misma forma que se anuncia un café descafeinado con la virtud de que no desvela y no sabe a café.

Es esta izquierda a la que algunos intelectuales progresistas (lo que sea de cada quien, los hombres son ahí la mayoría) presentan como el único referente aceptable, maduro, responsable, deseable y posible para la transformación social.

Sin embargo, y afortunadamente, no todo el pensamiento progresista es “bien portado”.

Algunos hombres y mujeres han hecho del pensamiento analítico y reflexivo, palabra incómoda y a contrapelo. En estos días podremos escuchar a algunas de estas pensadoras y pensadores. No están todos los que son, ni son todos los que están, pero el saber de su navegar río arriba en el cauce del conocimiento, es un alivio para quienes a veces imaginamos que no estamos solos.

Por eso saludo en esta primera ronda a Immanuel Wallerstein y a Carlos Aguirre Rojas.

Reflexionando sobre algo del trabajo teórico de ellos, presentamos…

ALGUNAS TESIS SOBRE LA LUCHA ANTISISTÉMICA.

UNO.- No se puede entender y explicar el sistema capitalista sin el concepto de guerra. Su supervivencia y su crecimiento dependen primordialmente de la guerra y de todo lo que a ella se asocia e implica. Por medio de ella y en ella, el capitalismo despoja, explota, reprime y discrimina. En la etapa de globalización neoliberal, el capitalismo hace la guerra a la humanidad entera.

DOS.- Para aumentar sus ganancias, los capitalistas no sólo recurren a la reducción de costos de producción o al aumento de precios de venta de las mercancías. Esto es cierto, pero incompleto. Hay cuando menos tres formas más: una es el aumento de la productividad; otra es la producción de nuevas mercancías; una más es la apertura de nuevos mercados.

TRES.- La producción de nuevas mercancías y la apertura de nuevos mercados se consiguen ahora con la conquista y reconquista de territorios y espacios sociales que antes no tenían interés para el capital. Conocimientos ancestrales y códigos genéticos, además de recursos naturales como el agua, los bosques y el aire son ahora mercancías con mercados abiertos o por crear. Quienes se encuentra en los espacios y territorios con estas y otras mercancías, son, quiéranlo o no, enemigos del capital.

CUATRO.- El Capitalismo no tiene como destino inevitable su autodestrucción, a menos que incluya al mundo entero. Las versiones apocalípticas sobre que el sistema colapsará por sí mismo son erróneas. Como indígenas llevamos varios siglos escuchando profecías en ese sentido.

CINCO.- La destrucción del sistema capitalista sólo se realizará si uno o muchos movimientos lo enfrentan y derrotan en su núcleo central, es decir, en la propiedad privada de los medios de producción y de cambio

SEIS.- Las transformaciones reales de una sociedad, es decir, de las relaciones sociales en un momento histórico, como bien lo señala Wallerstein en algunos de sus textos, son las que van dirigidas contra el sistema en su conjunto. Actualmente no son posibles los parches o las reformas. En cambio son posibles y necesarios los movimientos antisistémicos.

SIETE.- Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que aparecen como irrelevantes para el político y el analista de arriba. La historia no se transforma a partir de plazas llenas o muchedumbres indignadas sino, como lo señala Carlos Aguirre Rojas, a partir de la conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen mutuamente, abajo y a la izquierda, y construyen otra política.

Habría, creemos nosotros, nosotras, que desalambrar la teoría, y hacerlo con la práctica. Pero eso tal vez lo pueda explicar mejor Do Daniel Viglietti esta noche, cuando asuma la parte de culpa que tiene de que yo esté detrás de este pasamontañas, en lugar de estar detrás de una guitarra intentando el ritmo corrido-cumbi-ranchera-norteña.

Así las cosas, creo que siempre sí. Daniel Viglietti cantará esta noche, así que habrá música y baile.

Tal vez lleguen también, en estos días, Elías Contreras, la Magdalena, Sombra, Diciembre y las mujeres zapatistas.

Y tal vez Andrés Aubry sonría viendo y escuchando todo, contento de no estar en esta mesa donde nunca acababa de decir lo que tenía que decirnos, porque se le iba la vida agradeciendo e, invariablemente, a mitad de su ponencia le pasaban el papelito de “tiempo”.

Así que, antes de que me lo pasen a mí, gracias, nos vemos en la tarde.

Subcomandante Insurgente Marcos.
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.

Para descargar las participaciones de Inmanuel Wallerstein, Carlos Antonio Aguirre Rojas y el SI Marcos visita la página de elnace zapatista.

Friday, December 21, 2007

Recordar Acteal Texto de Carlos Montemayor



Carlos Montemayor / I
Recordar Acteal

La masacre de Acteal no fue la primera ni la única en el prolongado proceso del conflicto de Chiapas. Pero fue en la que el gobierno mexicano puso más empeño a fin de transformarla en sólo un eslabón de una cadena de conflictos intercomunitarios. Para apuntalar esta versión oficial el gobierno mexicano recurrió a diversos procedimientos, algunos de ellos extremos. Pasó por alto sistemáticamente hechos fundamentales; creó un libro blanco sobre Acteal donde la Procuraduría General de la República (PGR) describe a modo los acontecimientos, modificando, distorsionando u olvidando información; intentó desconocer la existencia de planes militares dados a conocer desde el 5 de enero de 1998 por Carlos Marín en la revista Proceso; en discursos oficiales manipuló la noción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a veces para negar su existencia y en otras para proponerlo como protagonista, precisamente, de los enfrentamientos intercomunitarios. Los planes militares que dio a conocer Carlos Marín 15 días después de la masacre de Acteal describen, como parte de una contrainsurgencia minuciosamente diseñada, tanto la inducción de desplazamientos de poblados y la creación de conflictos sociales entre comunidades como la aplicación de medidas sólo militares antes y después de los acontecimientos de Acteal.
Sin embargo, las consecuencias políticas de la masacre de Acteal fueron descomunales en el aparato de gobierno para haber sido un eslabón de un conflicto intercomunitario. Provocó, en la dimensión estatal, las renuncias del gobernador de Chiapas y de otros funcionarios de primeros niveles; en el ámbito federal, la renuncia del secretario de Gobernación. Nunca un “pleito de indios” afectó a tantas cabezas de los gobiernos estatal y federal. ¿No fueron las renuncias una forma de reconocer la responsabilidad activa de las autoridades estatales y federales en este “pleito de indios”?
A 10 años de la masacre de Acteal es oportuno retomar algunos aspectos indelebles vinculados con esa mañana del 22 de diciembre de 1997. Por ejemplo, ¿por qué la policía del estado trató de eliminar los cadáveres de la masacre de Acteal la madrugada del 23 de septiembre de 1997 y posteriormente trató de alterar el parte sobre las víctimas y los procedimientos sanguinarios de los paramilitares? ¿Por qué el ejército desplegó después una agresiva campaña de desarme entre las víctimas y los simpatizantes del EZLN y no entre los agresores? Sí, ¿por qué el Ejército pensó que las víctimas debían ser desarmadas, pero los agresores no? ¿Por qué el Ejército y las autoridades civiles privilegiaron los términos de “enfrentamientos intercomunitarios” o “grupos de autodefensa” por encima de “grupos paramilitares”? Si se trataba de diferencias intercomunitarias, ¿por qué remover al propio gobernador de la entidad y al titular de la política interior del país? Hagamos un repaso de algunos puntos que la versión oficial sobre Acteal tuvo que modificar, distorsionar o pasar por alto.
Recordemos, primero, que los días 18 y 19 de diciembre de 1997 el entonces presidente Ernesto Zedillo efectuó una visita oficial a Nicaragua. El periodista Danilo Lacayo lo recibió el día 19 en la televisión nicaragüense; en esa entrevista Zedillo declaró que no había ya guerrilla en México. Sin hacer mención directa del EZLN, afirmó que a principios de 1994 había aparecido “un grupo” de manera violenta, pero que desde entonces se habían dado las condiciones sociales para que esos hechos no volvieran a suceder. Las declaraciones demostraban el interés del gobierno mexicano por permanecer ciego a la insurrección zapatista; negar al EZLN era un eslabón de una sistemática operación política de distorsión para no resolver el conflicto de manera pacífica. En cambio, intencional o tendenciosamente, pasó por alto la aparición “violenta” de numerosos grupos paramilitares en muchas comunidades de los Altos y las Cañadas que contaron con “condiciones sociales” apropiadas para proliferar.
Tres días más tarde, el 22 de diciembre, en el municipio de Chenalhó, en Acteal, se habían concentrado los desplazados conocidos como las Abejas, atentos a los rumores de que preparaba un ataque contra ellos uno de los grupos paramilitares (que el Ejército y autoridades civiles ya designaban oficialmente como de “autodefensa civil”); este grupo pertenecía a la comunidad de Los Chorros, había sido entrenado por cuadros de la policía estatal y lo había pertrechado con armas de alto calibre el presidente municipal priísta de Chenalhó, Jacinto Arias Cruz. Los miembros de las Abejas se concentraron desde las primeras horas de la mañana en la ermita del lugar, un galerón de madera con techo de lámina y piso de tierra firme. Para evitar el enfrentamiento con ese grupo paramilitar, muchos hombres se retiraron y sólo quedaron en su mayoría mujeres, niños y ancianos.
A las 10:30 de la mañana se encontraban de rodillas, rezando, en la ermita de Acteal, cuando comenzaron a oír disparos. Se aproximó al lugar el contingente agresor que portaba armas de alto calibre, uniformes color negro y pasamontañas. Eran individuos de las comunidades de Los Chorros, Puebla, Chimix, Quextic, Pechiquil y Canolal, que se habían transportado en camiones de los conocidos como de tres toneladas. Comenzaron a disparar, a mansalva, por la espalda, contra los desplazados que rezaban; al huir, la gente iba cayendo en el camino y en la barranca. Durante seis horas el contingente paramilitar disparó y ultimó a varias decenas de víctimas.
Al iniciarse la agresión, unas 325 personas oraban afuera de la ermita, porque el espacio era limitado y habían acordado hacerlo afuera. Cuando el grupo armado abrió fuego, algunas personas murieron en el lugar donde se encontraban, pero la mayoría se dispersó montaña abajo, entre los matorrales. Muchos corrieron hacia un arroyo que se localiza a unos 300 metros y se escondieron en una pequeña cueva. Hasta ahí llegaron a matarlos. El grupo paramilitar cesó de disparar las armas cuando consideró que había acabado con todos los que se encontraban en esa hondonada. Sólo se salvaron dos o tres personas que tenían encima los cuerpos de otros compañeros y que se mantuvieron quietas desde ese momento hasta que empezó a oscurecer y pudieron dirigirse a San Cristóbal. Por ellas se supo que la balacera duró unas seis horas. Las detonaciones se escucharon en San José Majomut y sobre todo en Quextic, población desde donde se observa con claridad Acteal.
Hacia la una de la tarde, cuando aún se desarrollaba la masacre, el vicario de la catedral de San Cristóbal, Gonzalo Ituarte, llamó por teléfono al secretario de Gobierno de Chiapas, Homero Tovilla Cristiani, para informarle de una fuerte balacera en Acteal y pedir su intervención inmediata. Homero Tovilla dijo no saber nada. A las seis de la tarde llamó al vicario para notificarle que la situación en Acteal estaba controlada, que se habían escuchado unos cuantos tiros y que había cinco heridos leves. Cerca de las nueve de la noche llegó a la catedral de San Cristóbal uno de los sobrevivientes, de nombre Vicente, a dar detalles de la masacre. Dijo que habían pedido auxilio a policías que acampaban cerca del lugar y que ellos respondieron que “no era de su competencia” y no intervinieron.
La Cruz Roja supo a las ocho de la noche que había enfrentamientos en el municipio de Chenalhó. Movilizó tres vehículos para el reconocimiento de la zona y se hallaron cuerpos sin vida en un barranco. Otras seis unidades de la Cruz Roja se integraron durante la noche a las tareas de rescate. El informe presentado por la Cruz Roja la mañana del siguiente día arrojó un total de 45 cadáveres, ninguno de los cuales parecía haber significado en vida un serio peligro ni un furibundo adversario para los paramilitares: un bebé, 14 niños, 21 mujeres y nueve hombres. Aparte de los 45 muertos, la agresión dejó además 25 heridos y cinco desaparecidos.
La policía de Seguridad Pública llegó cerca de las cuatro de la mañana al lugar de los hechos con el propósito de desaparecer los cadáveres y eliminar evidencias de la masacre. El 1º de enero, la directora de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Mireille Roccatti, afirmó que el coordinador general de las policías en Chiapas, Jorge Gamboa Solís, y el director de Seguridad Pública, José Luis Rodríguez Orozco, incurrieron en negligencia u omisión, porque a las 10:30 de la mañana del 22 de diciembre ya se habían enterado de que algo ilícito estaba ocurriendo en la comunidad de Acteal y sin embargo dieron el reporte de “sin novedad” a la una de la tarde.
http://www.jornada.unam.mx/2007/12/17/index.php?section=politica&article=010a1pol

Carlos Montemayor / II
Recordar Acteal

Detengámonos en el hecho de que los policías del estado que llegaron a Acteal a las cuatro de la mañana del día 23 de diciembre de 1997 se propusieron eliminar los cadáveres y borrar toda evidencia de la masacre.
Remitámonos primero al reportaje que publicó el 2 de marzo de 1998 Carlos Marín en la revista Proceso. Ahí reveló con detalle que la policía de Chiapas mantuvo siempre una conducta hostil contra las comunidades de simpatizantes del EZLN y que en la madrugada del 23 de diciembre llegó al extremo “de alterar las evidencias de lo que había sucedido en Acteal, al grado de que inventó muertes con arma blanca y destripamientos de mujeres encintas para fortalecer la cómoda hipótesis de venganzas entre indígenas primitivos”. Esta versión fue propalada por el gobierno estatal en una campaña de medios para sugerir que se había tratado de una especie de matanza ritual, al estilo de los kaibiles guatemaltecos. El Servicio Médico Forense del estado llegó inclusive a falsear su reporte para afirmar que 33 víctimas fallecieron por arma de fuego, siete por machetes o cuchillos (entre ellas varias mujeres embarazadas) y cinco por golpes en la cabeza.
En efecto, los policías estatales no preservaron el área de la matanza, no practicaron legalmente las diligencias para el levantamiento de cadáveres ni guardaron registro de los sitios donde se hallaron los casquillos de las balas percutidas. Tampoco permitieron, a pesar de su notoria negligencia, que intervinieran otros peritos en criminalística de campo.
Más tarde, sin embargo, los servicios periciales de la Procuraduría General de la República (PGR) determinaron que 43 víctimas habían sido ultimadas por arma de fuego y dos a base de golpes: 36 fueron asesinadas en las faldas del cerro, en una hondonada, y las nueve restantes fueron perseguidas y cazadas en las inmediaciones.
Ante estas irregularidades, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) planteó en su recomendación I/98, dirigida al nuevo gobernador de Chiapas y al procurador general de la República, las siguientes interrogantes:
¿Por qué los funcionarios públicos involucrados, dada la trascendencia y dimensiones del problema, no esperaron a que amaneciera para la práctica de diligencias tales como la fe ministerial de cada uno de los cuerpos, la preservación del lugar de los hechos y la fijación de evidencias como son fotografías, filmaciones, inspección ocular del terreno, entre otras, si las autoridades se habían hecho acompañar de aproximadamente 150 elementos de Seguridad Pública? ¿Por qué razón, tratándose de hechos delictuosos y de especial gravedad, no se conoce que haya tenido intervención el director de la policía judicial del estado? ¿Por qué razón le fue negado al subprocurador de Justicia Indígena, David Gómez Hernández, el apoyo de la policía judicial, específicamente del comandante Alvaro Gutiérrez destacamentado en Chenalhó? ¿Por qué Homero Tovilla Cristiani y Uriel Jarquín Gálvez, secretario general y subsecretario de Gobierno, dieron instrucciones a Gómez Hernández, siendo que estructuralmente éste no depende de ellos? ¿Por qué, tratándose de hechos tan graves, no se localizó al procurador general de Justicia del estado al iniciarse las acciones para enfrentar la emergencia ocurrida en Acteal? ¿Por qué razón, y ante la magnitud de los hechos, el subprocurador de Averiguaciones Previas, Ramiro Sánchez Vega, no ocurrió al lugar de la masacre con objeto de ordenar la práctica de diligencias básicas como sería la preservación del lugar de los hechos, la obtención de evidencias y la toma de fotografías, así como conducir la investigación?
El Ministerio Público de la Federación ejerció acción penal el 26 de diciembre por los delitos de homicidio calificado, lesiones y asociación delictuosa ante el juez segundo del Distrito Federal en Chiapas contra 16 personas. Al día siguiente el juez dictó acto de formal prisión en contra de los consignados. Más tarde, el 31 de diciembre, se dictó auto de formal prisión contra 23 personas más. La noche del 2 de enero de 1998 la PGR informó que el juez federal había también resuelto dictar auto de formal prisión en contra el alcalde Jacinto Arias Cruz, quien de acuerdo con diversos testimonios había proporcionado las armas de fuego a los responsables de la masacre de Acteal.
El día 11 de enero de 1998 la PGR difundió un boletín de prensa relevante porque comprobaba lo que era sabido por todos los habitantes de los Altos: que la policía estatal protegía a los grupos paramilitares. El boletín decía así:
“El día de hoy, el Ministerio Público de la Federación determinó ejecutar acción penal en contra de Felipe Vázquez Espinoza, comandante de la Dirección General de Seguridad Pública del estado, destacamentado en la comunidad denominada Colonia Miguel Utrilla, Los Chorros… Según las declaraciones vertidas, el comandante Vázquez Espinosa giró órdenes al personal bajo su mando a fin de que se permitiera el uso de armas de fuego prohibidas a civiles de la comunidad de Los Chorros; igualmente dio instrucciones para que, en vehículos oficiales de Seguridad Pública, se trasladaran cartuchos y armamento de distintos lugares hacia la comunidad de Los Chorros… asimismo… giraba instrucciones para que se brindara protección a diversos grupos civiles cuando se dedicaban a actividades ilícitas, tales como el robo de café… Felipe Vázquez Espinoza reconoció su participación en los hechos, sin embargo, adujo que las instrucciones que giró y su propia participación… se debía a las órdenes que a su vez había recibido de la superioridad, ya que cuando reportaba estos incidentes se le instruía verificar si las personas armadas detectadas pertenecían al Partido Revolucionario Institucional, y que en caso de que se tratara de militantes de dicho partido, los dejara en libertad”.
No fue extraño que en la recomendación I/98 de la CNDH, que los medios informativos difundieron el 11 de enero, se atribuyeran responsabilidades penales o administrativas a comandantes y oficiales policiacos y, de manera destacada, a funcionarios como Humberto Tovilla Cristiani y Uriel Jarquín Gálvez, secretario y subsecretario de Gobierno; Marco Antonio Besares Escobar, procurador general de Justicia del estado; David Gómez Hernández, subprocurador de Justicia indígena; general Jorge Gamboa Solís, coordinador general de la policía del estado, y José Luis Rodríguez Orozco, director de Seguridad Pública del estado.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/18/index.php?section=opinion&article=012a1pol

Carlos Montemayor /III
Recordar Acteal
Acerquémonos ahora a otro aspecto esencial: los paramilitares que perpetraron la masacre de Acteal. Estos paramilitares se identificaron (y el Ejército y la policía del estado los identificaba previamente también así) como priístas. Decir priístas equivalía a afirmar: “Nosotros estamos con el gobierno, con la legalidad, con las instituciones, con la ley, y todos los que sean enemigos del gobierno son enemigos nuestros”. Esto implicaba que en la batalla contra sus enemigos y los del gobierno, las casas y las cosechas pasaran a su propiedad como botín de guerra. También, que los integrantes de los grupos paramilitares no veían su agresión como enfrentamiento intercomunitario, sino político: eran “bases fieles al gobierno”, entrenadas, protegidas y pertrechadas por el gobierno mismo.
La confirmación de que estos conflictos no eran intercomunitarios partía del tejido policiaco de su protección, formación y orientación. Dos ejemplos pueden ser ilustrativos. Uno, el del general brigadier retirado Julio César Santiago Díaz, que fue el mando de mayor jerarquía que estuvo en Acteal la mañana del 22 de diciembre de 1997. Fungía como jefe de asesores de la Coordinación de Seguridad Pública y era director de la Policía Auxiliar en el estado. Carlos Marín dio a conocer las declaraciones ministeriales de este general el 5 de marzo de 1998 en la revista Proceso.
Pues bien, el general Julio César Santiago Díaz estuvo acompañado de 40 policías estatales durante tres horas y media, a la entrada de Acteal, mientras a 200 metros, montaña abajo, se cometía la masacre. Entre la una y las cuatro y media de la tarde, según relató ante el Ministerio Público Federal: “(…) No se dejaron de escuchar disparos de armas de fuego de distintos calibres como el 22, escopeta, así como ráfagas de AR-15 y AK-47, deseando aclarar que los disparos se oían en intervalos de tres a cinco minutos; es decir, se escuchaban disparos, pasaban de tres a cinco minutos sin que se escucharan, y volvían a escucharse, siendo así todo el tiempo que permaneció el declarante en la entrada a la comunidad de Acteal, sobre la carretera… En esas tres horas y media ninguno de los cuatro comandantes o de los restantes 40 policías estatales que fueron llegando al punto entró al caserío ni se atrevió a bajar la cuesta para averiguar lo que sucedía, debido a que un suboficial le recomendó: ‘Jefe, hágase más para acá porque le pueden dar un tiro’”.
Esta actitud de indiferencia o de permisividad en policías y Ejército fue una constante en numerosas agresiones de paramilitares. El caso de Acteal no fue algo aislado ni único. Era la regla, como veremos más adelante.
Vayamos a un segundo ejemplo, el de Felipe Vásquez Espinoza, el suboficial que aconsejó al general Julio César Santiago Díaz ponerse a salvo de una bala perdida cuando se desarrollaba la masacre. Felipe Vásquez Espinoza era subcomandante de Seguridad Pública. En el mismo reportaje publicado en Proceso el 5 de marzo de 1998, Marín aclaró que Felipe Vásquez Espinoza, cuando tenía su base en Majomut, poco antes de ser destinado a la colonia Miguel Utrillas, del ejido Los Chorros, se enteró “que en este ejido eran Tomás Méndez Pérez y su gente, quienes se caracterizaban por la portación de armas de fuego, sobre todo AK-47 y rifles calibre 22” y que había escuchado en Los Chorros que Tomás Méndez Pérez era “el representante de los priístas.”
En otro momento de su declaración ministerial, a la pregunta de si alguna vez vio a algún habitante de Los Chorros portando armas, contestó así:
“Respuesta. Que sí. Que en una ocasión, el día 26 de noviembre hablé con una persona que acompañaba a otra que portaba un arma de las denominadas cuerno de chivo y al preguntarle por qué portaban esas armas me dijo que eran para seguridad. Y al pedir instrucciones a mis superiores, el primer oficial, Absalón Gordillo, me indicó que si era partido verde lo dejara ir; o sea, verde, que es priísta, por lo que lo dejé ir.”
En declaración ministerial posterior, enriqueció la historia: admitió que el 26 de noviembre, “por instrucciones superiores”, custodió a un grupo de paramilitares tzotziles que llevaban en costales, en una pick-up, un cargamento de las armas conocidas como cuernos de chivo. La instrucción dice haberla recibido, “sin lugar a dudas, del primer oficial Absalón Gordillo Ruiz, comandante en Majomut”.
En el libro blanco sobre Acteal se registraron como procesados los nombres del general Julio César Santiago Díaz y el de Felipe Vásquez Espinoza; el primero, por homicidio y lesiones por omisión; el segundo, por posesión y transporte de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. A ninguno se le menciona como protector de grupos paramilitares ni como autoridades que dieron escolta y protección a paramilitares priístas. El nombre de Absalón Gordillo, en cambio, que autorizaba la protección a los paramilitares, no aparece en los registros del libro blanco de Acteal.
El gobierno dejaba, pues, vía libre para que, a través de la policía del estado, se preparara a grupos paramilitares indígenas que enfrentaran, socavaran y exterminaran a las bases zapatistas. En el cerco militar se recurría al Ejército, y en los Altos y en el norte, a las poblaciones indígenas que estaban bajo el control de subsidios oficiales.
La masacre de Acteal fue un acontecimiento brutal, pero no la primera masacre ni la única. Los pasos iniciales de una cadena de masacres se habían consumado hacía mucho tiempo. De todas ellas habían estado al tanto el gobierno estatal y las secretarías de Defensa y Gobernación. A los grupos paramilitares, como Los Chinchulines, Paz y Justicia o Máscara Roja, se les mantenía impunes porque se trataba de una guerra contra simpatizantes zapatistas. Apoyar a estos grupos paramilitares, dejarlos crecer, fortalecerlos como táctica de lucha intercomunitaria, era algo más que una omisión: era una política decidida por el Ejército a finales de 1994 y aprobada por el gobierno federal a principios de 1995.
Esto contrastaba con la crueldad de los operativos militares y policiacos emprendidos contra presuntos integrantes del EPR en la sierra de Guerrero y en la región de los Loxichas, en Oaxaca. En estos casos se había echado mano de todo tipo de violaciones constitucionales, procesales, carcelarias, humanas. Se había tratado de sofocar despiadada y sangrientamente a presuntos integrantes de una guerrilla que en los discursos oficiales no existía. En Chiapas, en cambio, los discursos oficiales sólo se empeñaban en negar la guerra oficial del Ejército contra las bases sociales del EZLN. En un caso, no existía la guerrilla; en otro, no existía la contrainsurgencia oficial.
El 7 de enero de 1998 renunció el gobernador interino de Chiapas, Julio César Ruiz Ferro, y tomó posesión el nuevo gobernador Roberto Albores Guillén. Por esos días la acción militar fue significativa. La búsqueda de armas no se efectuó entre los grupos paramilitares que asesinaron en Acteal, sino en las zonas zapatistas que habían sido agredidas. ¿Cómo entender que se buscaran armas entre los agredidos y sobrevivientes de las víctimas y no entre los agresores? El periodista Jesús Ramírez Cuevas señaló el 25 de enero en el suplemento Masiosare, de La Jornada, que:
Tras la masacre de Acteal, el Ejército federal realizó más de 44 incursiones en 33 comunidades zapatistas de la Selva, el Norte, los Altos y la Frontera. La acción militar se concentró en 15 municipios autónomos y rebeldes, la mayoría muy lejos de Chenalhó. A ese municipio alteño llegaron 2 mil soldados que se instalaron en 18 campamentos en igual número de comunidades y parajes. Se dijo públicamente que era una campaña de despistolización planeada de antemano, pero en los hechos fue una ofensiva sobre las comunidades zapatistas a base de cateos, interrogatorios a los poblados sobre la ubicación de campamentos insurgentes, sobre los dirigentes zapatistas, sobre las armas y los radios de comunicación. Los militares también saquearon casas, tiendas, cooperativas… Actualmente existen más de 50 mil soldados distribuidos sólo en cuatro de las nueve regiones del estado… En algunos casos, como en la región de la Selva, hay un soldado casi por familia de siete integrantes…
En efecto, un amigo mío, con buen humor, ilustraba los cambios de las políticas federales en los Altos y cañadas de Chiapas diciendo que en ese momento a cada núcleo familiar indígena se agregaba, además de un antropólogo particular, un soldado que los vigilaba.
http://www.jornada.unam.mx/2007/12/19/index.php?section=politica&article=010a1pol

Carlos Montemayor /IV y última
Recordar Acteal

Después de que el Ejército buscó tenazmente armas entre las víctimas y no entre los agresores; después de que realizó más de 44 incursiones en 33 comunidades zapatistas y ninguna en comunidades a las que pertenecían los agresores de Acteal, congruente con el propósito de distorsionar los hechos de la masacre, el 31 de enero de 1998, en Davos, Suiza, el entonces presidente Zedillo afirmó, aludiendo al EZLN: “no ha habido violencia entre el gobierno y este grupo. Desafortunadamente, ha habido violencia entre este grupo y otros grupos en Chiapas, y esto ha sido sumamente traumático, pero realmente albergo la esperanza de que, tomando en cuenta toda la situación que tenemos en el país, aliente a todos los involucrados en este problema a que regresen a la mesa de negociación y que tengamos un acuerdo para poder resolverlo”.
Estas declaraciones no eran resultado de una precipitación ni solamente del cinismo, mas volvían a pasar por alto que las consecuencias políticas de la masacre de Acteal fueron descomunales en el aparato de gobierno por las renuncias del gobernador de Chiapas y del secretario de Gobernación. ¿Por qué un “pleito de indios” afectó a los gobiernos estatal y federal?
El 3 de enero de 1998, Emilio Chuayffet Chemor renunció a la Secretaría de Gobernación y lo remplazó Francisco Labastida Ochoa, quien en su discurso de toma de posesión, además de insistir en el carácter intercomunitario de los conflictos de Chiapas, apuntó lo siguiente:
“Es indispensable que demos forma jurídica a los propósitos planteados en San Andrés Larráinzar. Estos propósitos no están a discusión, reflejan en esencia el espíritu de lo que las partes buscamos; pero a este espíritu y a estos propósitos, en los cuales coincidimos, debemos darles expresión jurídica. Hay que transformar los pronunciamientos y los acuerdos en leyes; éstas no se conforman sólo con exposiciones de motivos: se integran con artículos que responden a técnicas jurídicas”.
Designar los acuerdos de San Andrés Larráinzar como los “propósitos planteados en San Andrés” fue un retroceso. El gobierno mexicano suscribió esos acuerdos, se comprometió; no firmó “buenos propósitos”, sino acuerdos. Pacta sunt servanda, decían los viejos romanos. Los pactos deben cumplirse. El nuevo secretario de Gobernación pareció confundir el desistimiento de un compromiso con el refrendo de un buen propósito, confusión que se avenía perfectamente con la estrategia gubernamental de negar al EZLN en los discursos oficiales y de afirmar de manera reiterada el carácter intercomunitario del conflicto de Chiapas.
Pues bien, la masacre de Acteal no fue la primera ni la única, habíamos dicho. La guerra contra las bases sociales del EZLN empezó en fecha temprana. Así lo demostró un relevante documento militar dado a conocer por el periodista Carlos Marín en la revista Proceso el 5 de enero de 1998, dos días después del discurso del nuevo titular de Gobernación.
Marín me hizo llegar el documento completo, que yo integro y analizo en mi novela Los informes secretos a partir del reporte, que tiene fecha del 25 de julio. No afirmo que el documento militar que me hizo llegar y que aparece en mi novela sea el que aplica actualmente el Ejército Mexicano, pero sí que se trata de uno de los documentos que sirvieron de base para la estrategia finalmente establecida.
El documento quedó elaborado entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre de 1994, y empezó a aplicarse cuando se celebraban las primeras reuniones de San Andrés, en 1995. Se compone de tres cuerpos principales. El primero es un estudio histórico firmado por el general de brigada José Rubén Rivas Peña, en ese momento destacado en el cuartel de Rancho Nuevo; ese estudio funge como un diagnóstico social del estado. El segundo, sin firma, es un amplio análisis de los contingentes, localización y opciones militares y políticas del EZLN. El tercero, más voluminoso, también sin firma, contiene las cuatro fases de un plan de guerra del Ejército en Chiapas.
En la sección llamada “Plan General de Maniobras Estratégicas Operacionales para destruir la estructura política y militar del EZLN y mantener la paz” se describe un apartado de Asesoramiento para grupos paramilitares. Esa sección del documento dice así: “El Plan de Asesoramiento describe actividades del Ejército en el adiestramiento y apoyo de las fuerzas de autodefensa y otras organizaciones paramilitares, lo cual puede ser el principio fundamental de la movilización para las operaciones militares y de desarrollo… En caso de no existir fuerzas de autodefensa civil, es necesario crearlas”.
En otro apartado titulado “Segunda Fase de la Campaña Ofensiva” se enlistaron varios procedimientos en cuatro principales bloques. Éstos son datos exactos del primero: “En esta fase las operaciones se conducirán en cuatro etapas. Primero, la suspensión de las garantías individuales en la entidad. Esto se efectuará con el desplazamiento forzado de la población bajo la influencia zapatista hacia albergues o zonas de refugio oficiales. Con la neutralización de la organización y actividades de la diócesis de San Cristóbal de las Casas… Con la muerte o control de ganado equino y vacuno. Con la destrucción de siembras y cosechas. Con el empleo de grupos de autodefensa civil y la suspensión, en el área de influencia del EZLN, del correo, telégrafo y teléfono”.
El “desplazamiento forzado de la población” y el empleo de “grupos de autodefensa civil” o grupos paramilitares resultan esenciales como contexto de los discursos que intentaban distorsionar los hechos de la masacre de Acteal. La masacre no fue un drama de conflictos intercomunitarios, sino un grave error en el plan militar que el gobierno de México instrumentó para socavar las bases sociales del EZLN; un error, además, previsible. Fue, pues, un grave error de Estado.
Para comprender la firmeza de los planes militares en la creación, entrenamiento y pertrechamiento de los grupos paramilitares mencionemos otro hecho. Tres años después, con notable “retraso”, se efectuó el primer operativo policial de desarme en Chenalhó, exactamente en Los Chorros, la principal comunidad de los que perpetraron la masacre. A las 5 de la mañana del 12 de noviembre del año 2000, dos centenares de elementos de la PGR pertenecientes a la Unidad Especializada para la Atención de Delitos Cometidos por Probables Grupos Civiles Armados se presentaron en esa comunidad. Fueron repelidos por la población, atacados con armas de fuego y perseguidos hasta Majomut, donde los paramilitares de ese sitio habían puesto un retén exactamente frente a una base militar, que presenció con indiferencia, por decir lo menos, las agresiones a los elementos de la PGR. Es decir, el Ejército Mexicano permitió de buen grado que los paramilitares atacaran a elementos del propio Estado mexicano. Esta información no fue difundida. La omite la propia PGR en su boletín número 591/00, del 11 de noviembre de 2000. Hay sólo un pasaje sugerente en la edición del periódico Cuarto Poder del día 13 de noviembre del año 2000, en la página 21, donde se narra lo siguiente:
“Cinco kilómetros antes de Los Chorros, cerca de Majomut, otro grupo indígena bloqueó el camino con piedras, un camión de volteo, una combi del ayuntamiento y otro vehículo más. Y otra vez hubo forcejeo entre policías y campesinos. No llegaron a ningún arreglo, a pesar de que ahí se encontraban funcionarios del ayuntamiento de Chenalhó. Los judiciales abrieron paso por la fuerza, empujando camiones y levantando los obstáculos del camino. En ese tramo, ubicado junto a una base militar, por segunda ocasión los judiciales hicieron disparos al aire para dispersar a los pobladores. De entre el monte se escuchó que los indígenas respondieron a balazos. Ahí se reportó que resultó herido un campesino en un brazo”.
Es ilustrativo el comportamiento solidario y permisivo del Ejército Mexicano con los grupos paramilitares, incluso cuando atacaron a policías federales. Es significativo el esmero con que las autoridades se refieren a los paramilitares: el Ejército los llama grupos de “autodefensa civil” y la PGR “probables grupos civiles armados”. Estamos ante una estrategia de guerra, no ante un episodio de “pleitos de indios”. En este contexto se explica que la policía del estado haya tratado de eliminar los cadáveres de la masacre de Acteal la mañana del 23 de diciembre de 1997 y después, al menos, intentado alterar los hechos de la masacre. Así se explica la aparente actitud errática de los discursos presidenciales antes y después de la matanza. Así se explica que la policía del estado y el Ejército hayan apoyado, por omisión o acción, a los grupos paramilitares antes, durante y después de la masacre. Así se explica que el Ejército haya emprendido una agresiva campaña de desarme entre las víctimas, no entre los agresores. Así se explica la renuncia inmediata de los altos funcionarios estatales y federales. Así se explica la administración de la guerra en Chiapas, no su solución política. Así se explica el surgimiento y perseverancia de grupos paramilitares en el Chiapas de ayer y hoy.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/20/index.php?section=politica&article=010a1pol

Friday, December 14, 2007

Situación Actual de las comunidades zapatistas de Chiapas

Resumen del informe de CAPESE en el 3er foro de solidaridad con las
comunidades zapatístas.

Cholula, Pue., 10 de diciembre 2007

El ataque que hoy viven las comunidades zapatistas se da en un contexto de crecimiento de los municipios autonomos, recordando que en 1994 se fundaron 30 municipios autónomos, ahora son mas de 40. Así el aproximado de tierras recuperadas por los zapatistas es de 250 mil hts.

En Chiapas existen 79 campamentos militares de los cuales 56 estan en territorio indígena.

Ernesto Ledezma, miembro de capise, informa sobre la situación en que se encuentran las comunidades zapatistas en cada Caracol, las estrategias de despojo y recomposición de las posiciones del ejército y paramilitares. Llevandose acabo ya no solo un ataque político a las comunidades, sino ahora la disputa por la tierra y el territorio recuperado a sangre y fuego desde 1994, esta disputa es debido a los planes económicos del gobierno en la zona y la
apropiación de los recursos naturales para su venta. Recalcando que la ofensiva que se lleva acabo sobre las comunidades zapatistas se debe mucho también gracias al avance que han tenido las Juntas de Buen Gobierno como una alternativa real de cambio y el impacto político a nivel nacional e internacional de la emisión de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Esta disputa dice, no es de pequeñas tierras, sino de territorios, haciendo una proyección estimada de 12073 hts. que están en el blanco de ser arrebatas.

Parte importante de esta estrategia de guerra es la opddic, organizacion paramilitar que ha estado fortaleciendo el gobierno en este ataque a las comunidades zapatistas. La opddic nace en 1998, donde no todos son paramilitares y se incorporan porque les ofrecen tierras. Así con esta estrategia presionan a la gente para incorparse a la opddic, también grupos paramilitares conocidos como Paz y Justicia y Mascara Roja ahora son opddic, la situación se agrava aun mas ya que en estas ultimas elecciones varios presidentes municipales son opddic y han declarado desalojar a los zapatistas como lo es en Huitepec.

La estrategia de despojo del gobierno

"... priistas y perredistas de la comunidad nos quieren despojar de nuestras tierra legalizándola solo para unos cuantos, osea que quieren hacer un nuevo censo en el que nos quieren sustituir a los zapatistas, cuando desde que la recuperamos la hemos compartido en partes iguales entre todos los habitantes de la comunidad, sin distinguir si son o no zapatistas" (20-sep-07, Caracol Roberto Barrios)

El capise explica que la estrategia que realiza el gobierno para despojar a las comunidades zapatistas es "regularizar las tierras" negociándolas con organizaciones priistas y paramilitares como la opddic, la aric entre otrxs, dándoles la propiedad de las tierras recuperadas por los zapatistas para luego expropiarselas, situación que se vuelve un gran negocio para las organizaciones y personas que le siguen el juego al mal gobierno. La zona lacandona es un ejemplo de ello, donde se les ha indemnizado en año y medio con 176 millones de pesos.

Caracol de la Garrucha

Había en esta región de la cañada 4 posiciones, se retiraron Ibarra y Las Tacitas, pero arribaron el vigesimo batallón de infanteria, adhiriendose al 38o ya existente. Así salen posiciones militares y arriban unidades de combate.

La Realidad

Se retiran Francisco Villa y Amatitlán, arriban el vigesimo y 101 (que es un batallón de fuerzas especiales) batallones, a Predio Momón, Vicente Guerrero y Rizo de Oro, Unidades de fuerzas especiales.

Oventic

En esta zona se encuetran las fuerzas especiales del 101 batallón

La Zona Lacandona

En 1972 fueron entregadas a 66 familias 614 mil hectareas, en el 88 se redujeron a 501 mil hts. La Reserva de Montes Azules son 331 mil hts. En la zona lacandona.

El gobierno para regularizar sus tierras les expropian a lacandones lo que ha sido un gran negocio para unas cuantas familias que venden se adjudican tierras recuperadas y se las venden al gobierno.

Comienzan las expropiaciones en enero de 2005, despues comenzando la
sexta declaracion al poco tiempo se decretan 6 expropiaciones el 29 dic del 2005, el 22 de febrero de 2006 5 decretos mas y el 8 de junio de 2006 otros 3 decretos.

El nuevo decreto expropiatorio es de 14 mil hectareas, lo que implica el desalojo a 16 comunidades. Esto en el contexto del gobierno de Calderon que está implementando en todo el país "areas de protección de los recursos naturales" para poderlas expropiar y después comerciar con ellas y/o entregarselas al gran capital.

Se han regularizado 28 588 hts, donde el pago ha sido de $4126 por hectarea. Así el gobierno a dado 176 millones indemnizando a lacandones en 1 año y medio.

Municipio de Olga Isabel

El gobierno crea el ejido Mukulum Bachajon para "sustituir" el municipio autónomo de Olga Isabel y le da las tierras a la oppdic, despojando a 271 familias zapatistas y del serpi, provocando que la gente del serpi se cambie a la opddic para poder conservar sus tierras. El notario que "dio fe" a este nuevo ejido es el ex- subsecretario de gobernación de Albores Guillen, quien encabezo el despojo a zapatistas en 1998, esto lo hizo con todas las irregularidades ya que se requerian 547 firmas, y fueron solo 336 firmas incluyendo 60 nuevas. Así lo que se vive en la zona es que si no te incorporas a la oppdic entonces eres un invasor. Este modelo de despojo esta sucediendo en todo el territorio zapatista.

La opddic tiene el control de Chilón con el presidente Antonio Morenos López, quien tomará posesión en 1 de enero de 2008.

Cascadas de Agua Azul

El 7 de junio de 2000 fue decretado zona de protección forestal, después en 2005 se decretan zona de flora y fauna para irlo enmarcando en un proyecto económico y turístico.

En esta zona se encuentra Bolon Ajaw comunidad zapatista recuperada en 1994 y desplazada de guerra en 1995, regresando en 2001 ha recuperar 339 hectareas.

Ahora las agresiones a las comunidad son bastante graves y han ido
en aumento:

El 24 de noviembre 80 miembros de la oppdic entran a la casa de una familia zapatista golpean brutalmente a un compa y le tuercen las muñecas a un niño hasta hacerlo llorar.

El 26 de noviembre realizan disparos, el 29 de noviembre vuelven a salir a realizar disparos. El 2 de diciembre llegan helicopteros al poblado de agua azul, que es de la oppdic.

Es por ello que se esta impulsando un boicot a la zona turística de agua azul, ya que quien te atiende son miembros de la opddic.

Poblado 24 de diciembre

Recuperan su territorio en 1994, son desplazados de guerra en 1995 y regresan a supoblado en 2006 recuperando 525 hts, pero ahora que regresaron ya hay un campamento militar en sus tierras y además les han otorgado la propiedad del territorio a la Unión de Ejidos de la Selva, distribuidores del Cafe La Selva.

Municipio de Zinacantán

Gobierna el PRD desde 2001, en la zona se encuentran 12 comunidades
zapatistas, quienes han sufrido robo, agresión, disparos, detenciones y la negación del agua desde el 2003.

Poblado 20 de febrero

En territorio de la selva Lacandona se encuentra este poblado que nace en 1997, ahora el gobierno ha conformado el ejido Nuevo Oxchuc con 230 hectareas que son del municipio autonomó 20 de febrero. El cuartel militar se encuentra a 3 km de la comunidad. Se comienzan a construir supercarreteras que dejan el cerro desgajado, lo que obliga a familias zapatistas y no zapatistas a salirse de sus casas ya que las dejan en terreno con alto riesgo de derrumbe.

La licitacion de esta carretera no esta aprobada por la Secretaria de Comunicaciones y Transporte. El proyecto viene directamente de la Camara de Diputados desde el 2001 y refiere que es parte del Plan Puebla Panamá para impulsar, dicen, "la economía y el turismo"

En esta zona la oppdic toma el control del municipio teniendo en las eleccciones a candidatos en el PRI, PAN y PANAL, al final quedo el PAN, quien el 1 de enero toma posesión.

Nueva Revolución

En el poblado sucesivamente el 9, 10 y 11 de julio, 4, 6 y 40 paramilitares los han amenazado de muerte sino desalojan.

Zona Norte: Sabanilla, Tila y Tumbala

En 2 de estas comunidades la organización paramilitar Paz y Justicia se ha convertido en OPDDIC y otra sigue siendo de Paz y Justicia, estas organizaciones paramilitares ganaron las elecciones y su compromiso electoral para conseguir votos fue que si votaban por él, les daban las tierras de los zapatistas.

Oventic-San Andrés

El 29 de septiembre se tenía programado inaugurar un mercado y escuela autónoma en la comunidad y los paramilitares de OPDDIC Roja (antes mascara roja) amenazaron con que si realizaban las inauguraciones al día siguiente irían asesinando uno a uno a las autoridades autónomas. Los zapatistas no se dejaron atemorizar por estas amenazas y realizaron la inauguración con la presencia y vigilancia de paramilitares que salieron huyendo después de haber sido identificados y tomarles fotos.

San Cristobal de las Casas

El nuevo presidente de San Cristobal de las Casas, Mariano Diaz, que entrara en funciones el proximo 1 de enero, fue reelecto ya que había gobernado en 2001. El es parte del grupo que se dice ser "Los auténticos coletos", grupo de los mas reaccionarios en San Cristobal de las Casas, y fue él quien mandó a desalojar a los indígenas que vendían porque afeaban la ciudad, también declaró nom-grata a Ofelia Medina. Mariano Diaz ha declarado desalojar a los zapatistas de la reserva del Huitepec el próximo 2 de enero.

El gobierno de Chiapas ha reconfigurado su tablero para fortalecer su política de despojo: Herrán Salvati, quien era del Ministerio de Justicia ahora es el encargado de Fomento Económico, Roberto Albores (hijo del exgobernador Albores Guillen) que se encontraba a cargo de Fomento Económico se mueve a Proyectos Estratégicos el cual se fuciona con la Secretaria de Turismo. Todas estas piezas son claves para el despojo y desalojo de las comunidades ya que está claramente demostrado que son varias las dependencias e instituciones que realizan el desalojo y no solo los ejecutores visibles como la
polícia estatal, municipal y militares.

Así también en la OPDDIC se mueven las piezas eligiendo como nuevo
presidente de la organización a Dionisio Cruz, originario de Peña Limonar comunidad donde se dieron las negociaciones del territorio Lacandón.
Ernesto Ledezma para concluir menciona el nivel al que se han dado las agresiones, remarcando que son tan graves o mas que las que se dieron en territorio zapatista en 1998 y hace un recuento que a raíz de estas agresiones a las comunidades, el 22 de septiembre de 2006 el EZLN decide suspender la salida del EZLN en la segunda etapa de la otra campaña. Así mismo la señal del gobierno al detener por primera vez la caravana donde iba el subcomandante Marcos rumbo a Vicam en un reten de Mazatlán custodiado por fuerzas especiales.

Esto provocó que 8 comandantes que se encontraban ya en Guadalajara
rumbo a Vicam decidieran regresar a Chiapas.

Concluyendo, Ernesto Ledezma resume que con estas agresiones se ataca a las bases y retaguardia del EZLN y se manda un mensaje claro de no permitir salir ya a la comandancia ¿Qué alternativas entonces, les estan quedando a los zapatistas si por medio de la via civil y pacifica los bloquean, atacan y despojan?

Thursday, December 13, 2007

Senadores de PRI y PAN, por aprobar legislaciones que destruirán manglares

El Manglar es uno de los más delicados y únicos ecosistemas que existen en el mundo, México tiene el privilegio de tener todas las variaciones de Manglar del mundo, privilegio que al capital no le interesa y al PRIAN menos pues, ellos lo único que ven aquí es una mina de oro que no se ha explotado. Su política de servilismo y pusilanimidad hacia las grandes corporaciones económicas; en este caso hoteleras del Estado Español sólo se pueden explicar por un intercambio de favores, pues de qué otra manera podriamos entender que un grupo de parlamentarios mexicanos, apruebe la destrucción de nuestra bio diversidad ¿Por cuánto dinero? ¿Cuánto tiempo? ¿Creen acaso que cuando el destino nos alcance ellos van a estar a salvo?

Regresión autoritaria en la Cámara de Diputados

Esta nota es verdaderamente escandalosa, cada vez tenemos menos derechos civiles pero los gobers preciosos, los pederastas, los que violan y prostituyen niñas y niños tienen fueros que pesan más que la palabra Justicia, de la cual la "Suprema Corte" de la Nación ya ni siquiera se acuerda si se escribe con "€" o con "$" y lo peor, la gente apendejada como dice un buen amigo mío con el bailando por un leño.

Más información aquí

Y aquí

Tuesday, December 11, 2007

LA SOLIDARIDAD COMO HERMANDAD O COMO USURA.

Palabras de la Comisión Sexta del EZLN en el Foro Nacional de Solidaridad con las comunidades zapatistas. Jojutla, Morelos. Octubre del 2007.


“… sin embargo, el pesimismo iba ganándola poco a poco; el hambre y la sed, el cansancio, la sensación de impotencia frente a las fuerzas enemigas que cada vez nos cercaban más y, sobre todo, la terrible enfermedad de los pies conocida por los campesinos con el nombre de mazamorra –que convertía en un martirio intolerable cada paso dado por nuestros soldados- habían hecho de éste un ejército de sombras. Era difícil adelantar, muy difícil. Día a día, empeoraban las condiciones físicas de nuestra tropa y las comidas, un día sí, otro no, otro tal vez, en nada contribuían a mejorar ese nivel de miseria que estábamos soportando. Pasamos los días más duros cercados (…), en pantanos pestilentes, sin una gota de agua potable, atacados continuamente por la aviación, sin un solo caballo que pudiera llevar por ciénagas inhóspitas a los más débiles, con los zapatos totalmente destrozados por el agua fangosa de mar, con plantas que lastimaban los pies descalzos, nuestra situación era realmente desastrosa al salir trabajosamente del cerco (…). No teníamos tiempo de recuperarnos ni siquiera un poco cuando un nuevo aguacero, inclemencias del clima, además de los ataques del enemigo o las noticias de su presencia volvían a imponernos la marcha. La tropa estaba cada vez más cansada y descorazonada. Sin embargo, cuando la situación era más tensa, cuando ya solamente al imperio del insulto, de ruegos, de exabruptos de todo tipo, podía hacer caminar a la gente exhausta, una sólo visión en lontananza animó sus rostros e infundió nuevo espíritu a la guerrilla.”
“Pasajes de la Guerra Revolucionaria.
La Ofensiva Final: La batalla de Santa Clara.” Ernesto el Che Guevara.


Así describía Ernesto el Che Guevara, un octubre de hace casi 50 años. Unas semanas después de este desastre que escuchamos, el Che comandaba una de las batallas más impresionantes de la historia militar mundial, la Batalla de Santa Clara.

Días más tarde caía la dictadura de Fulgencio Batista, convirtiendo al pueblo de Cuba, después de ser el último en independizarse, en el primero en ser libre en América.

Y digo esto cuando se va y se viene diciendo que si la soberanía nacional (ahora supuestamente defendida por los “patriotas” senadores), que si el combate al narcotráfico, olvidando que la llamada “Iniciativa Mérida” o “Plan México” tiene como uno de sus objetivos el cerrar la pinza militar y diplomática sobre esa solitaria estrella de dignidad en el Caribe.

De pronto, después de los mismos casi 50 años, el gobierno norteamericano descubre que la opción elegida por el pueblo cubano no depende de un hombre excepcional, sino de una vocación histórica, que es compartida por los pueblos latinoamericanos: la de la libertad y la justicia. El problema entonces para el gobierno de los Estados Unidos no tiene el nombre de Fidel Castro Ruz, sino, para decirlo llanamente, se llama Revolución Cubana.

Hace 40 años el Poder extranjero descubrió que la rebeldía de un continente no moría con la bala que mató a Ernesto el Che Guevara, y que este sentimiento a veces encarna en individuos y siempre en pueblos.

Tal vez a algunos, a algunas, les suene extraño que inicie nuestra participación en este foro de solidaridad con las comunidades zapatistas nombrando al Che y a Cuba, pero es que todo esto viene al caso o cosa porque, según nuestro pensamiento zapatista, no se puede hablar de la solidaridad como hermandad sin pensar en Cuba, en su lucha y en su historia.

Y nombrando a Cuba no nombramos a la víctima en turno, sino a lo que ahí se juega a nivel regional, continental y mundial.

Y nombrar al Che no es realizar ofrendas en el complejo y reiterado culto a la muerte. Es, en cambio, honrar la vida y a la rebeldía que le da sentido y rumbo.


Algo de historia.

“Todo parece imposible la víspera”, dijo alguno de los nuestros, para agregar luego “y resulta que el mañana está ahí nomás, cerca, pero no porque nos espere, sino porque lo construimos en su momento, en otro calendario”.

Y entre los imposibles de ayer, hay futuros hoy. Los hombres, mujeres, niños y ancianos que abrazaron la causa sintetizada en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y decidieron hacer Otra cosa, abajo y a la izquierda, se enfrentan a los imposibles de hoy.

Pero no es la primera vez.

La historia reciente de nuestro movimiento, el zapatista del EZLN, ha tenido varios vuelcos en lo que se refiere a nuestra forma de ver el mundo, particularmente, de ver el quehacer político.

Pensando que estaríamos no sólo solos, sino con todo en contra, nos preparamos para esa madrugada de enero de 1994.

Hace 14 años, con la luna de octubre hecha techo sobre nuestro andar, en las montañas del sureste mexicano se afinaban los últimos detalles del alzamiento. He dicho “afinando los últimos detalles” sólo por repetir un lugar común, en realidad andábamos de un lado a otro, con un relajo que daba mucho que pensar sobre las posibilidades de éxito político y militar del alzamiento en armas de miles de indígenas y la toma de 7 cabeceras municipales del suroriental estado mexicano de Chiapas.

Concretar los últimos preparativos del levantamiento había semejado el esfuerzo de tallar con martillo y cincel una de esas pequeñas joyas de cristalería que asombran por sus colores y brillos. Y así era entonces, y lo es también ahora.

Nuestra causa, las más hermosa, noble y antigua en la historia de la humanidad, la de la libertad de los pueblos, tiene tantos brillos y colores que aún ahora, al borde de los 24 años de empeñarnos en ella, no acabamos de encontrar en su totalidad.

Lo sabemos ahora y lo sabíamos entonces.

Pero no acostumbramos a acomodar los hechos de nuestra historia propia para dar lecciones que nunca tomamos o para dar una idea de limpia coherencia, así que debo deciros que, visto desde la alta y luminosa noche del octubre de 1993, el plan del alzamiento semejaba un gran desorden de piezas de rompecabezas que no tenían nada qué ver entre sí.

Podría alardear ahora, a la distancia del calendario y asomado a la neo militarización del país entero, diciendo que el caos de entonces era parte del plan, y que todo aparentaba desorden propositivamente, con el objetivo de desconcertar a los servicios de inteligencia gubernamentales de México y Estados Unidos, pero no lo haré.

Si a la repetida bolsa de preguntas que ustedes llaman “luna”, le preguntáramos que vio en esas noches en las montañas del sureste mexicano, seguramente diría: “Parecía una sombra múltiple, sin destino, rota”.

Claro que yo hubiera preferido que la luna se refiriera a nosotros como un “espejo fragmentado”, pero alguien que hace tantas preguntas no puede mentir, así que eso éramos: una sombra rota. Tal vez lo somos de nuevo, tal vez lo volveremos a ser.

En otras ocasiones he dado fragmentos de esta forma tan peculiar que tenemos las zapatistas, los zapatistas, de asomarnos al futuro, al mañana. Hay una especie de ironía sobre la muerte y, al mismo tiempo, una gran esperanza por la vida.

¿Por qué?

No han sido pocas las solitarias madrugadas en que he tratado de responder a esa pregunta que la luna nos reitera con su vaivén luminoso. Ha sido el Viejo Antonio, aquel indígena de raíz maya que fue puerta y ventana para nosotros, quien aventuró una respuesta:

“Es cuestión del habla y su tiempo. El presente se habla en individual, el pasado y el futuro en colectivo. La muerte, entonces, es una cuestión que sólo tiene poder en lo individual, y la vida sólo es posible en colectivo. Por eso decimos “muero” y por eso decimos “vivimos”, y “viviremos”.

Y como si tal, ahora recuerdo el diagnóstico típico de las enfermeras zapatistas, y que era así comunicado a los pacientes. No era un “no es grave, te vas a curar”, sino un “de por sí vas a morir, pero no luego, todavía vas a tardar”. Eso sí, el paciente se recuperaba rápidamente. Aunque no sé si por el estímulo de un diagnóstico tan motivador… o porque, al preparar la inyección, la insurgenta de sanidad tenía la gentileza de informarle al paciente que la última vez que había inyectado, se le había roto la aguja dentro de la nalga del compañero. “Pobre compa”, decía mientras sobaba con un algodón empapado de alcohol el lugar donde iba a inyectar, “creo que todavía tiene el pedazo dentro y por eso camina chueco”.

Con todo esto quiero decir que hace 14 años sí pensábamos en la muerte, pero era un asunto particular, como lo son el cepillo de dientes y la ropa interior… bueno, si es que se puede llamar ropa interior a esos pedacitos de tela que las féminas usan ahora y que, además, se las ingenian para que se vean con los pantalones caídos a la cadera.

Mmh… ya me está dando hambre, así que mejor me apuro y completo lo que quiero decirles…

Les decía que si la muerte posible y probable era, y es, una cuestión individual y personal, la vida era y es, para nosotros, un asunto del colectivo que éramos, que somos, que seremos.

En otras palabras, para el zapatismo del EZLN, el fracaso y la muerte se conjugan con la primera persona del singular, (el “Yo, Mi, Me, Conmigo” que diera título a uno de los discos de Joaquín Sabina); y, en cambio, el éxito y la vida llevan siempre de la mano el “nosotros” que nos da identidad, pasado y mañana (lo que se conoce como “Utopía”, que, por cierto, es el nombre de uno de los discos de Joan Manuel Serrat).

En resumen, aquella víspera de la guerra contra el olvido, no es que no cargáramos, además de fuego, con dudas. Las teníamos, y muchas. Pero no se referían a nuestro destino individual o de colectivo. Estas cuestiones se habían resuelto tiempo antes, cuando cada uno de nosotros, cada una de nosotras, habíamos llegado al punto en que, eso sí como algo personal e individual, habíamos llegado a la gran bifurcación que suele presentar el andar del mundo: ¿arriba o abajo?, ¿a la derecha o a la izquierda?, ¿el protagonismo individual o el anónimo colectivo?, ¿la luz o la sombra?

No, las dudas tenían qué ver con lo que encontraríamos acá afuera.

Acháquenlo a nuestro pesimismo dialéctico o a nuestra desconfianza ancestral, pero el caso es que pensábamos que seríamos recibidos con el silencio, la sordera, la condena, la lapidación. Claro, además de con balas y bombas. “No son bombas, son rockets”, dijo el autodenominado historiador y entonces fan de Carlos Salinas de Gortari, como después lo sería de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, López Obrador (antes del fraude, claro) y ahora lo es de Felipe Calderón. Creo que se llama Héctor Aguilar Camín, quien, por cierto, ahora firma un libro sobre Acteal, porque el patiño Tello Díaz no estaba a la mano. Más dinero para ampliar los anexos, a cambio de lavar el crimen de Estado que lleva el sello de una guerra de exterminio que lleva ya 515 años,

Llama la atención de que la memoria que se hace de Acteal edite el lugar de Gustavo Iruegas, encargado de las relaciones exteriores del llamado gobierno legítimo de López Obrador. Y que, en el momento en que se denuncia la participación de ex guerrilleros en la estrategia de contrainsurgencia que se echó a andar entonces, y que culminó con la Matanza de Acteal, se olvide que uno de los jefes de la delegación gubernamental de Zedillo era el señor Iruegas, hoy súbitamente converso a la causa de la izquierda.

Bueno, no nos desviemos, después de todo allá arriba, Aguilar Camín sí encontrará los ecos que necesita para cobrar donde siempre ha cobrado.

Volvamos a aquellos días. Porque resulta que nos equivocamos. Y nos equivocamos por partida doble.

Porque encontramos, sí, a los Anexos y las respectivas Vueltas a la derecha, pero también encontramos entonces a quienes, pensamos entonces, trataban de entender, de entendernos.

Ya antes me he referido a que, en esa época, tuvimos la fortuna de contar con el interés de trabajador@s de los medios de comunicación, además de artistas, intelectuales y científicos progresistas. El oído que prestaron entonces es algo que fue fundamental y que recordamos, aunque cada vez con más nostalgia.

La presencia de estas personas fue importante. Sin embargo, no me referiré ahora a su notable ausencia, a su reprochable silencio, o a los respectivos deslindes a moda y conveniencia.

En cambio, quisiera mencionar a quienes se acercan a las luchas, movimientos y pueblos ofreciendo apoyo, cuando en realidad están dando un préstamo con altísimos intereses. Es decir, a aquellas personas que convierten la solidaridad con una causa, en botín y usan esos apoyos para construirse su escalera propia al Poder.

Porque resulta que si nos equivocamos al suponer que estaríamos solos, también nos equivocamos al pensar que lo que fue interés primero, y después simpatía, apoyo y solidaridad, era algo sincero y honesto.

En aquellos primeros días, desconocedores del ir y venir de afuera, se nos acercaron personas en quienes confiamos. No sabíamos entonces que, con su mano, iban también sus fobias y sus filias. Y que no pensaban sino en cómo hacer uso del lugar que la sangre de nuestros muertos había conquistado.

Es común que, cuando se habla con generalidades, los aludidos le saquen al bulto y digan que nos referimos a otros, a otras. Así que habrá que nombrar también a las personas que fueron de la CONAC-LN y luego del FAC-MLN. Que, cuando se puso de moda acusarnos de “reformistas armados” y “pequeño burgueses” la emprendieron en contra nuestra con singular entusiasmo. Los “radicales” de entonces son ahora mansitos corderos en los corrales del Poder. El señor Benito Mirón Lince es un botón de la muestra. El hoy funcionario del gobierno del DF, ha saltado de puesto en puesto, olvidando que hace unos años era un furibundo crítico de la izquierda institucional y del reformismo. Claro que la radicalidad le duró hasta que el presupuesto lo alcanzó.

Después fuimos descubriendo que la supuesta solidaridad con el zapatismo, no había sido, para ellas y ellos, nada más que una inversión.

Los hoy funcionarios reparten limosnas para lavarse la cara, guardan o exhiben sus fotos con zapatistas según vayan los vientos, se felicitan mutuamente por su prudente madurez, y engordan la cartera con billetes y tarjetas de crédito, y su corazón con coartadas que maquillen sus traiciones y claudicaciones.

Esto pasó y pasa no sólo en México, también en Europa. Colectivos de solidaridad que entonces tendieron puentes, hoy nos atacan, guardan un silencio cómplice o se distancian con un oportunismo que tiene como marcapasos el rating en los medios de comunicación.

Y pretenden que, en pago a los “favores recibidos” (así lo dicen), el EZLN debe apoyar sus posiciones sobre la justa lucha del pueblo Vasco, sus políticas de apoyo vergonzante al intervencionismo norteamericano y europeo, sus suspiros por las monarquías que manchan el viejo continente, su quehacer que de tan bien portado y neutro, apesta. Como no lo hacemos, entonces se retiran o se mudan a lo que esté de moda, eso sí, previo deslinde público… o privado.

En estos y otros suelos, los usureros de la solidaridad nos reclaman una autocrítica, nos exigen pedir perdón por no obedecerlos, por no seguirlos, por no someternos.

Nos equivocamos entonces. Ahora sabemos que la solidaridad que no se dan sin condiciones, sin esperar nada a cambio, no es más que otra forma de usura, la del que pretende sacar ganancia del dolor y la lucha ajenos.

Todo esto también viene al caso porque éste es un foro de solidaridad con las comunidades indígenas zapatistas.

Y yo sólo vine para avisarles que, aquellas personas, grupos, colectivos, organizaciones que piensen practicar la usura con sus apoyos y solidaridad para con nuestros pueblos, sepan que no tendrán retribución alguna. Les decimos que se vean en el espejo que arriba simula ser de izquierda, que asistan a sus cafés, a sus convivios, a sus mesas de redacción, a sus consejos nacionales, a sus oficinas gubernamentales. Escucharán, con sorprendente unanimidad, que el zapatismo ya pasó de moda, cometió muchos errores, no es realista, es sectario, es radical, es naco,… es consecuente.

Que no me malinterprete, no es que seamos malos deudores o que no queramos pagar.

Se trata simplemente de una confusión.

Porque en esto largo batallar, los pueblos indios todos, no sólo los zapatistas, somos los acreedores.

Así es desde que el mundo empezó su andar. Así fue hace 200 años. Así fue hace un siglo.

Así será cuando el calendario de abajo vuelva a alcanzarnos y a presentarle al arriba la interminable cuenta de debes que abajo y a la izquierda se acumulan.

Porque, hay que decirlo, tal vez lo que el Che mencionó como visto en lontananza no era sino el lugar donde la libertad es punto de llegada y de un nuevo paso: el de ser mejores

Vale (aunque sea un vale para la gasolina). Salud y que, en las sumas y restas, gane el mañana.


Muchas gracias.


Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Octubre del 2007.