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Monday, June 23, 2008

¿Qué se trae el gobierno en Chiapas?

La palabra “guerra” se ha vuelto más familiar, más trivial, y también más grave en los últimos tiempos. No se mencione el contexto internacional, que ya qué decir. Ni siquiera el latinoamericano, donde casi de la nada se han dibujado escenarios probables de guerras internacionales y de secesión que hace poco quién hubiera dicho. No. Baste con mencionar lo que acontece en México.

¿Qué guerras tenemos? Oficialmente dos, sangrientas y visibles. La que muy publicitadamente declaró el gobierno al narcotráfico (¿o fue al revés?). Y la que libran entre sí bandas y cárteles; ésta deriva en otras, dependiendo de las complicidades con diversos sectores del bando oficial. Una colección de guerritas alimentadas por una corrupción bicéfala: la del crimen organizado, y la del atomizado poder gubernamental (a río revuelto, ganancia de inversionistas y gobernadores).

En México se practica una persecución tan virulenta contra los inmigrantes centroamericanos (cuyo destino principal no es nuestro país), y ya institucionalizada y bendecida por la panista Cecilia Romero, que además de vergüenza nacional es una suerte de guerra. De la más abusiva clase: contra personas pobres, aisladas e indefensas.

Pero guerra, lo que se dice guerra, es la que libra el gobierno federal contra los pueblos indígenas. Nahuas de Zongolica y la Huasteca.

Pueblos zapotecos de la sierra y de la Mixteca oaxaqueña. Mepha’a, mixtecos, nahuas y amuzgos de Guerrero. Un puñado de guerras no declaradas y hasta vergonzantes, pero que cuestan vidas, desalojos, violaciones, cárcel, heridos graves.

De unos años acá existe una efervecencia guerrillera o insurrecional de contornos difusos, quintaescenciada en las acciones y declaraciones del Ejército Popular Revolucionario, con el cual el gobierno ensaya una limitada “negociación”, al calor de los atentados del epr contra instalaciones petroleras y la desaparición violenta de dos miembros suyos, de la cual las autoridades federales insisten en deslindarse. Por ése, y otros casos, tal guerra tiene desaparecidos. Que lo señalara Amnistía Internacional a fines de mayo desató una soberana pataleta de Juan Camilio Mouriño, secretario de Gobernación, y sus columnistas de cabecera.

Todo esto ha provocado una degradación, a niveles históricos, de los derechos humanos en México. Otra cosa es que haya, como nunca, vigilancia y solidaridad nacional e internacional.

Pero la única guerra declarada formalmente, con dos fuerzas confrontadas en un territorio definido, es la que no ha dejado de transcurrir en Chiapas todos los días desde 1994. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional mantiene una actitud pacífica, no beligerante, desde el 12 de enero de aquel año, amparado en una ley para la paz y la concordia del Congreso de la Unión. No obstante, esa guerra no ha cesado pues cuatro sucesivos gobiernos federales y los altos mandos de las Fuerzas Armadas no dejan de escalarla y administrarla a distintas intensidades contra las comunidades zapatistas en más de 40 municipios autónomos.

Contrainsurgencia económica, educativa, agraria, y con frecuencia armada. Vasta militarización de las montañas y la selva. Un dispositivo bélico letal e intacto, a pesar de la expresa voluntad de paz de los pueblos en resistencia y de su ejército indígena.

Desde fines de mayo de 2008 dicho dispositivo, en aparente letargo, se puso en marcha sin otro motivo que la provocación, escudado en pretextos como la búsqueda de mariguana, maderas preciosas o videos piratas. Y como siempre sucede, las comunidades (hombres, mujeres, niños y ancianos) salen al paso de las tropas que intentan ocupar sus campos y poblados, y las obligan a retroceder.

Por si no lo sabían el Ejército federal, las policías y los desdeñosos medios de distracción masiva, la determinación de los pueblos en resistencia permanece también intacta, y ha conquistado una legitimidad innegable, no sólo en sus demandas, sino en sus acciones de gobierno (pues construyeron gobiernos autónomos) y sus iniciativas políticas pacíficas.

Mas el gobierno busca la guerra. Se saca de la manga provocaciones y difamaciones. ¿Por qué desestabilizar las difíciles zonas indígenas de Chiapas, donde las juntas de buen gobierno y las políticas firmes pero conciliadoras de los zapatistas garantizan una gobernabilidad regional que ya quisieran en la República del licenciado Calderón Hinojosa?

Ha de ser por eso.

Friday, January 18, 2008

Coloquio Andrés Aubry In Memoriam Parte VII Final

Dec 17, 2007
Coloquio Aubry. Parte VII. (y última) Sentir el Rojo
Participaciones de la conferencia del día 16 de diciembre por la tarde.

Participación de Naomi Klein.

Participación de Pablo Gonzalez Casanova.

Participación del Subcomandante Insurgente Marcos.

Ni el Centro ni la Periferia…
PARTE VII (y última).- SENTIR EL ROJO.
EL CALENDARIO Y LA GEOGRAFÍA DE LA GUERRA.


“La diferencia entre lo irremediable y lo necesario, es que para lo primero no hay que prepararse. Y sólo la preparación hace posible determinar lo segundo”.
Don Durito de La Lacandona.



Antes, no sólo en este coloquio pero también en él, hemos señalado el carácter belicista del capitalismo.

Ahora quisiéramos agregar que la guerra no es sólo una forma, la esencial por cierto, por la que el Capitalismo se impone e implanta en la periferia.

Es también un negocio en sí misma. Una forma de obtener ganancias.

Paradójicamente, es en la paz donde es más difícil hacer negocios. Y digo “paradójicamente”, porque se supone que el capital necesita paz y tranquilidad para desarrollarse. Tal vez eso fue antes, no lo sé, lo que sí vemos es que ahora necesita la guerra.

Por eso la paz es anticapitalista.

Se habla poco de ello, cuando menos en México así ocurre, pero el peso económico de la industria militar y sus gigantescas ganancias (que obtienen cada vez que el supuestamente agonizante poder norteamericano decide “salvar” al mundo democrático de una amenaza fundamentalista… que no sea la suya, claro), no son nada despreciables.

En los aspectos teóricos, tal como, acertadamente a nuestro entender, señaló hace unas horas Jean Robert, es necesario estar cuestionando “los suelos” sobre los que pone pie en tierra un planteamiento científico. Pensamos que el concepto de “guerra” en los análisis teóricos antisistémicos, puede ayudar a solidificar suelos todavía pantanosos.

Pero no se trata sólo de una cuestión teórica. Robert Fisk por un lado, y Naomí Klein por el otro, han contribuido enormemente a descorrer el velo que ocultaba la escenografía de la guerra en Irak. No desde un escritorio o frente a un monitor que administra la información de los grandes monopolios mediáticos, sino trasladándose personalmente al lugar de los hechos, ambos llegan a las mismas conclusiones.

Palabras más, palabras menos, nos dicen: “¡Vaya! Resulta que no se está liberando a Irak de la tiranía de Hussein, sino que, simple y sencillamente, se están haciendo negocios. E, incluso, el aparente fracaso de la invasión es también un negocio”.

Les voy a recomendar un libro. Es éste. “La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo de Desastre”, de Naomi Klein. Es un libro de ésos que valen para tener en las manos. Es además un libro muy peligroso. Su peligro reside en que se entiende lo que dice.

Cuando escribo esto supongo que Naomi Klein ha planteado los ejes centrales de lo expuesto en su pensamiento, así que no repetiré. Sólo señalo que trata aspectos del funcionamiento capitalista que son pasados por alto o ignorados por no pocos teóricos y analistas de izquierda en el mundo.

Don Pablo González Casanova es otro de los que ha avanzado en el desmonte de las viejas y nuevas realidades del capitalismo en México y en el mundo, y una mirada generosa en el tiempo, y respetuosa en el análisis de nuestro ir y venir como zapatistas.

Tenemos aquí a dos representantes de dos generaciones de analista del sistema capitalista, serios, serias, brillantes, y además con algo que se suele olvidar en el medio teórico e intelectual: son pedagógicos, es decir, se dan a entender.

Don Pablo González Casanova es un hombre sabio. Es el único intelectual al que he visto que le hablan con confianza los compañeros y compañeras. Yo, que llevo más de veintitantos años viviendo con nuestros pueblos, sé lo difícil que es tener su confianza.

A Naomí Klein le regalamos, junto con Don Pablo, esta muñequita con un caracol. El caracol en nuestros pueblos es como se convoca al colectivo. Cuando los hombres están en la milpa y las mujeres en los trabajos, el caracol los convoca para reunirse en asamblea y es entonces que se hacen colectivo. Por eso decimos que es el “llamador del nosotros”.

Nuestra admiración y respeto colectivos para Don Pablo, también son personales. Yo suelo decir que, cuando sea grande, quiero ser como Don Pablo González Casanova. Debo agregar, además, que uno de esos que provoca recaídas chovinistas y nos hace decir que es un honor ser mexicano.

Don Pablo, le regalo este libro de Naomí Klein. Contiene nuevos elementos para entender los nuevos caminos que está siguiendo el capitalismo. Se lo regalo porque yo ya tengo otro.


***

Quisiera aprovechar la ocasión para comunicarles algo.

Es ésta la última vez, al menos en un buen tiempo, que salimos para actividades de este tipo, me refiero al coloquio, encuentros, mesas redondas, conferencias, además de, por supuesto, entrevistas.

Algunas de quienes han moderado estas conferencias colectivas me han presentado como el vocero del EZLN, y hoy en la mañana leí que alguien se refiere a mí, además de cómo vocero, como “ideólogo” del zapatismo. ¡Órales! “Ideólogo”. Oiga, ¿y eso duele mucho?

Miren, el EZLN es un ejército. Muy otro, es cierto, pero es un ejército.

Y, además de la parte que ustedes quieren ver del Sup (quiero decir, además de sus hermosas piernas), como vocero, “ideólogo” o lo que sea, creo que ya tienen edad para saber que el Sup es, además, el jefe militar del EZLN.

Como hace tiempo no ocurría, nuestras comunidades, nuestras compañeras y compañeros, están siendo agredidas.

Ya había pasado antes, es cierto.

Pero es la primera vez desde aquella madrugada de enero de 1994 que la respuesta social, nacional e internacional, ha sido insignificante o nula.

Es la primera vez que estas agresiones provienen descaradamente de gobiernos de supuesta izquierda, o que se perpetran con el apoyo sin tapujos de la izquierda institucional.

En el periódico de hoy se puede leer que el personaje representativo de los finqueros chiapanecos del que les platiqué ayer, el señor Constantino Kanter, acaba de ser nombrado funcionario en el gobierno perredista de Juan Sabines, en una posición donde pueden fluir sin problemas los recursos financieros para los grupos paramilitares.

Es también la primera vez que hemos encontrado cerrados, a Flor y Canto, los espacios en los que el común de la gente se enteraba de lo que pasaba con nuestro movimiento, y de nuestras reflexiones y llamados.

Y no sólo.

Hace unos meses, en ocasión de una de las mesas redondas en las que participamos en la Ciudad de México, una persona de ésas que forman filas en las modernas “camisas pardas” del lopezobradorismo (y que tienen como mandos medios a cretinos y cagatintas de la talla de Jaime Avilés, del periódico La Jornada), nos interpeló a los zapatistas (estábamos la Comandanta Miriam, el Comandante Zebedeo y yo) preguntando, con tono petulante e inquisidor, palabras más, palabras menos, por qué no dejábamos que la “gente progresista de este país avanzara en la democratización de México”. Así dijo. Nosotros acabábamos de detallar una serie de hechos que fundamentaban nuestra distancia del PRD y del lopezobradorismo que, por supuesto, no escuchó la bien vestida señora.

A los argumentos que expusimos, los 5 o 6 personajes enviados respondieron primero con mentiras (que AMLO se había deslindado del gobernador Sabines y demás personajes que se habían alineado con Felipe Calderón, que la CND era anticapitalista, y cosas por el estilo) y luego con su consigna de “es un horror, estar con obrador”. El Comandante Zebedeo me preguntó después qué estábamos haciendo ahí y quién era esa gente que ni siquiera escuchaba lo que decíamos.

Unos días después, el minino (con perdón de los gatos) que preside el Partido de la Revolución Democrática, Leonel Cota Montaño, nos acusó de haber provocado, con nuestras críticas, la derrota electoral (así dijo) de López Obrador en las elecciones presidenciales del 2006.

Antes, prácticamente desde el arranque de la Sexta Declaración de La Selva Lacandona, el lopezobradorismo ilustrado encontró abiertos los espacios para atacarnos, al mismo tiempo que se nos cerraban a nosotros.

Se nos dijo de todo, a lo largo de este calendario. Parafraseando a Edmundo Valadez, “la mierda tuvo permiso” y en la llamada intelectualidad progresista y de izquierda se dijeron, dibujaron y escribieron cosas que hubieran apenado a la prensa más reaccionaria de nuestro país, pero que en la izquierda institucional y sus satélites fueron festinadas.

En palabras de un intelectual de “izquierda”, después del fraude electoral del 2006: “ésta no se la vamos a perdonar a Marcos”.

Estoy señalando un hecho simple y constatable. Un hecho, además, que previmos incluso desde antes de aquel 19 de junio del 2005 en que hicimos pública nuestra Sexta Declaración de la Selva Lacandona, y para el que nos preparamos.

Han ocurrido también incidentes, sobre todo en el último recorrido que hicimos para el Encuentro de Pueblos Indios de América, realizado en Vicam, Sonora, que nos advierten y previenen.

Sabemos y entendemos que piensen que sólo pasan cosas si los medios o un medio específico las informan. Les comunico que no es así, ya tiene tiempo que ocurren muchas cosas que son calladas o ignoradas.

Entendemos que nuestras posiciones no sean recibidas con la mismas apertura y tolerancia que hace años.

Entendemos que se apoye y publicite una visión y una posición políticas y se le haga “casita” para dejar fuera cualquier cuestionamiento o posición disidente.

Entendemos también que para algunos medios sólo seamos noticia cuando estamos matando o muriendo, pero, al menos por ahora, preferimos que se queden sin sus notas, y nosotros tratar de seguir adelante en consolidar el esfuerzo civil y pacífico de lo que todavía se llama La Otra Campaña, y, al mismo tiempo, estar preparados para resistir, solos, la reactivación de las agresiones en nuestra contra, sea con ejército, policías o paramilitares.

Quienes hemos hecho la guerra sabemos reconocer los caminos por los que se prepara y acerca.

Las señales de guerra en el horizonte son claras.

La guerra, como el miedo, también tiene olor.

Y ahora se empieza ya a respirar su fétido olor en nuestras tierras.

En palabras de Naomi Klein, debemos prepararnos para el shock.

Por lo demás, en estos dos años que hemos estado fuera, nuestra producción teórica, reflexiva y analítica ha sido más abundante que en los 12 años anteriores. El hecho de que no se hayan conocido en los medios públicos habituales, no significa que no existan. Ahí están nuestros planteamientos, por si a alguien le interesa discutirlos, cuestionarlos o confrontarlos con lo que ahora ocurre en el mundo y en nuestro país. Tal vez, si se asoman un poco, verán ahí, como advertencia, lo que hoy es realidad.

En fin, así está. Tal vez ahora se entienda el tono como de “ahí les encargo” que han tenido nuestras participaciones.
***

Cuando las zapatistas, los zapatistas hablamos, ponemos por delante el rojo corazón que en colectivo latimos.

Entender lo que decimos, hacemos y haremos, es imposible si no se siente nuestra palabra.

Yo sé que los sentimientos no tienen cabida en la teoría, cuando menos en la que ahora anda a los tropiezos.

Que es muy difícil sentir con la cabeza y pensar con el corazón.

Que no son menores las masturbaciones teóricas que el plantear esta posibilidad ha creado, y que los estantes de librerías y bibliotecas están llenos de intentos fallidos o ridículos de esto que les digo.

Lo sabemos y entendemos.

Pero insistimos en que el planteamiento es correcto, lo incorrecto es el lugar en el que se está queriendo resolver.

Porque para nosotros, nosotras las zapatistas, el problema teórico es un problema práctico.

No se trata de promover el pragmatismo o de volver a los orígenes del empirismo, sino de señalar claramente que las teorías no sólo no deben aislarse de la realidad, sino deben buscar en ella los mazos que a veces son necesarios cuando se encuentra un callejón sin salida conceptual.

Las teorías redondas, completas, acabadas, coherentes, están bien para presentar examen profesional o para ganar premios, pero suelen hacerse añicos con el primer ventarrón de la realidad.

Hemos escuchado en esta mesa luces y destellos que, a nosotras, a nosotros los zapatistas, nos dan aliento y respiro.

Esa mezcla explosiva de conocimiento hecho sentimiento con el que nos deslumbró y conmovió John Berger;

el cuestionamiento lúcido y sin concesiones de Jean Robert;

el análisis concreto implacable de Sergio Rodríguez;

la serena claridad de las reflexiones de Francois Houtart;

la honesta historia de lo que pasó y pasará con un movimiento que nosotros no sólo respetamos, también admiramos, el del MST, contada por el compañero Ricardo Gebrim;

el pensamiento rico y abarcante de Jorge Alonso;

la entusiasta descripción de Peter Roset;

la brillante referencia que Gilberto Valdéz hizo de las discusiones teóricas que se dan ahora en la Cuba revolucionaria;

las provechosas provocaciones teóricas de Gustavo Esteva;

la noble lucidez de Sylvia Marcos;

los avances teórico-analíticos de Carlos Aguirre Rojas;

las luces de largo aliento de Immanuel Wallerstein;

y hace unos momentos, la sapiencia hermana y compañera de Don Pablo, y la inquietante iluminación que sobre el cinismo capitalista pone Naomí Klein.

Saludamos también a las compañeras y compañeros que moderaron las sesiones de este coloquio.

Mis respetos a quienes trabajaron en la traducción de las presentaciones, y mis disculpas sinceras por los problemas que les hayan provocado los “modos” del hablar zapatista del señor Búho, Diciembre, la Magdalena y Elías Contreras.

Hay, sin embargo, algo más que no se ve que está, porque se ve lo que hace.

Me refiero a las compañeras y compañeros que les decimos sonideros y luminosos, y, sobre todo, a todas la jóvenes y jóvenes indígenas que estudian y trabajan aquí en el CIDECI con el Doctor Raymundo Sánchez Barraza.

Ya que hemos hablado de la mirada, creo que lo menos que podemos hacer es no sólo ver su trabajo (fundamentalmente son quienes han hecho posible este coloquio), también verlos a ellos y a ellas.

Gracias también, y muy especiales y cariñosas al equipo de apoyo de la Comisión Sexta del EZLN. Gracias Julio. Gracias Roger.

Yo sé que están extrañados de que esté diciendo esto, siendo que todavía falta el homenaje a Andrés Aubry de mañana y la declaración-acertijo de su doctorado.

Para esto, mediando el día de mañana, llegarán mis jefas y jefes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena de la zona Altos, junto con autoridades autónomas y comisiones de trabajo de la Junta de Buen Gobierno de Oventik.

Ellas y ellos tendrán entonces nuestra palabra y, como ahora por la mía, por su voz hablaremos lo todo que somos.
***

Como última parte de nuestra extendida intervención en este coloquio, quisiera explicar lo que queremos señalar con el título general, eso de “Ni el centro, ni la periferia”.

Nosotros pensamos que no se trata sólo de evitar las trampas y concepciones, teóricas y analíticas en este caso, que el centro pone e impone a la periferia.

Tampoco se trata de invertir y ahora cambiar el centro gravitacional a la periferia, para de ahí “irradiar” al centro.

Creemos, en cambio, que esa otra teoría, algunos de cuyos trazos generales se han presentado aquí, debe romper también con esa lógica de centros y periferia, anclarse en las realidades que irrumpen, que emergen, y abrir nuevos caminos.

Si es que este tipo de encuentros se repite, creo que estarán de acuerdo conmigo que la presencia de movimientos antisistémicos, como ahora el del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, son particularmente enriquecedores.

Bueno, creo que es todo.

¡Ah!, antes de que se me pase: ahí les encargo.

Muchas gracias a todas, a todos.

Subcomandante Insurgente Marcos.
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.
Diciembre del 2007.

*** A tod@s l@s particintes en este Coloquio Andrés Aubry In Memoriam esta plurmentalchaketera les dice ¡Gracias por hacernos saber que no estamos solos, ni locos, que otro mundo es posible, ése dónde quepan muchos, todos los mundos posibles si lo deseamos y trabajamos por construirlo todos los días!***

Tuesday, December 11, 2007

LA SOLIDARIDAD COMO HERMANDAD O COMO USURA.

Palabras de la Comisión Sexta del EZLN en el Foro Nacional de Solidaridad con las comunidades zapatistas. Jojutla, Morelos. Octubre del 2007.


“… sin embargo, el pesimismo iba ganándola poco a poco; el hambre y la sed, el cansancio, la sensación de impotencia frente a las fuerzas enemigas que cada vez nos cercaban más y, sobre todo, la terrible enfermedad de los pies conocida por los campesinos con el nombre de mazamorra –que convertía en un martirio intolerable cada paso dado por nuestros soldados- habían hecho de éste un ejército de sombras. Era difícil adelantar, muy difícil. Día a día, empeoraban las condiciones físicas de nuestra tropa y las comidas, un día sí, otro no, otro tal vez, en nada contribuían a mejorar ese nivel de miseria que estábamos soportando. Pasamos los días más duros cercados (…), en pantanos pestilentes, sin una gota de agua potable, atacados continuamente por la aviación, sin un solo caballo que pudiera llevar por ciénagas inhóspitas a los más débiles, con los zapatos totalmente destrozados por el agua fangosa de mar, con plantas que lastimaban los pies descalzos, nuestra situación era realmente desastrosa al salir trabajosamente del cerco (…). No teníamos tiempo de recuperarnos ni siquiera un poco cuando un nuevo aguacero, inclemencias del clima, además de los ataques del enemigo o las noticias de su presencia volvían a imponernos la marcha. La tropa estaba cada vez más cansada y descorazonada. Sin embargo, cuando la situación era más tensa, cuando ya solamente al imperio del insulto, de ruegos, de exabruptos de todo tipo, podía hacer caminar a la gente exhausta, una sólo visión en lontananza animó sus rostros e infundió nuevo espíritu a la guerrilla.”
“Pasajes de la Guerra Revolucionaria.
La Ofensiva Final: La batalla de Santa Clara.” Ernesto el Che Guevara.


Así describía Ernesto el Che Guevara, un octubre de hace casi 50 años. Unas semanas después de este desastre que escuchamos, el Che comandaba una de las batallas más impresionantes de la historia militar mundial, la Batalla de Santa Clara.

Días más tarde caía la dictadura de Fulgencio Batista, convirtiendo al pueblo de Cuba, después de ser el último en independizarse, en el primero en ser libre en América.

Y digo esto cuando se va y se viene diciendo que si la soberanía nacional (ahora supuestamente defendida por los “patriotas” senadores), que si el combate al narcotráfico, olvidando que la llamada “Iniciativa Mérida” o “Plan México” tiene como uno de sus objetivos el cerrar la pinza militar y diplomática sobre esa solitaria estrella de dignidad en el Caribe.

De pronto, después de los mismos casi 50 años, el gobierno norteamericano descubre que la opción elegida por el pueblo cubano no depende de un hombre excepcional, sino de una vocación histórica, que es compartida por los pueblos latinoamericanos: la de la libertad y la justicia. El problema entonces para el gobierno de los Estados Unidos no tiene el nombre de Fidel Castro Ruz, sino, para decirlo llanamente, se llama Revolución Cubana.

Hace 40 años el Poder extranjero descubrió que la rebeldía de un continente no moría con la bala que mató a Ernesto el Che Guevara, y que este sentimiento a veces encarna en individuos y siempre en pueblos.

Tal vez a algunos, a algunas, les suene extraño que inicie nuestra participación en este foro de solidaridad con las comunidades zapatistas nombrando al Che y a Cuba, pero es que todo esto viene al caso o cosa porque, según nuestro pensamiento zapatista, no se puede hablar de la solidaridad como hermandad sin pensar en Cuba, en su lucha y en su historia.

Y nombrando a Cuba no nombramos a la víctima en turno, sino a lo que ahí se juega a nivel regional, continental y mundial.

Y nombrar al Che no es realizar ofrendas en el complejo y reiterado culto a la muerte. Es, en cambio, honrar la vida y a la rebeldía que le da sentido y rumbo.


Algo de historia.

“Todo parece imposible la víspera”, dijo alguno de los nuestros, para agregar luego “y resulta que el mañana está ahí nomás, cerca, pero no porque nos espere, sino porque lo construimos en su momento, en otro calendario”.

Y entre los imposibles de ayer, hay futuros hoy. Los hombres, mujeres, niños y ancianos que abrazaron la causa sintetizada en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y decidieron hacer Otra cosa, abajo y a la izquierda, se enfrentan a los imposibles de hoy.

Pero no es la primera vez.

La historia reciente de nuestro movimiento, el zapatista del EZLN, ha tenido varios vuelcos en lo que se refiere a nuestra forma de ver el mundo, particularmente, de ver el quehacer político.

Pensando que estaríamos no sólo solos, sino con todo en contra, nos preparamos para esa madrugada de enero de 1994.

Hace 14 años, con la luna de octubre hecha techo sobre nuestro andar, en las montañas del sureste mexicano se afinaban los últimos detalles del alzamiento. He dicho “afinando los últimos detalles” sólo por repetir un lugar común, en realidad andábamos de un lado a otro, con un relajo que daba mucho que pensar sobre las posibilidades de éxito político y militar del alzamiento en armas de miles de indígenas y la toma de 7 cabeceras municipales del suroriental estado mexicano de Chiapas.

Concretar los últimos preparativos del levantamiento había semejado el esfuerzo de tallar con martillo y cincel una de esas pequeñas joyas de cristalería que asombran por sus colores y brillos. Y así era entonces, y lo es también ahora.

Nuestra causa, las más hermosa, noble y antigua en la historia de la humanidad, la de la libertad de los pueblos, tiene tantos brillos y colores que aún ahora, al borde de los 24 años de empeñarnos en ella, no acabamos de encontrar en su totalidad.

Lo sabemos ahora y lo sabíamos entonces.

Pero no acostumbramos a acomodar los hechos de nuestra historia propia para dar lecciones que nunca tomamos o para dar una idea de limpia coherencia, así que debo deciros que, visto desde la alta y luminosa noche del octubre de 1993, el plan del alzamiento semejaba un gran desorden de piezas de rompecabezas que no tenían nada qué ver entre sí.

Podría alardear ahora, a la distancia del calendario y asomado a la neo militarización del país entero, diciendo que el caos de entonces era parte del plan, y que todo aparentaba desorden propositivamente, con el objetivo de desconcertar a los servicios de inteligencia gubernamentales de México y Estados Unidos, pero no lo haré.

Si a la repetida bolsa de preguntas que ustedes llaman “luna”, le preguntáramos que vio en esas noches en las montañas del sureste mexicano, seguramente diría: “Parecía una sombra múltiple, sin destino, rota”.

Claro que yo hubiera preferido que la luna se refiriera a nosotros como un “espejo fragmentado”, pero alguien que hace tantas preguntas no puede mentir, así que eso éramos: una sombra rota. Tal vez lo somos de nuevo, tal vez lo volveremos a ser.

En otras ocasiones he dado fragmentos de esta forma tan peculiar que tenemos las zapatistas, los zapatistas, de asomarnos al futuro, al mañana. Hay una especie de ironía sobre la muerte y, al mismo tiempo, una gran esperanza por la vida.

¿Por qué?

No han sido pocas las solitarias madrugadas en que he tratado de responder a esa pregunta que la luna nos reitera con su vaivén luminoso. Ha sido el Viejo Antonio, aquel indígena de raíz maya que fue puerta y ventana para nosotros, quien aventuró una respuesta:

“Es cuestión del habla y su tiempo. El presente se habla en individual, el pasado y el futuro en colectivo. La muerte, entonces, es una cuestión que sólo tiene poder en lo individual, y la vida sólo es posible en colectivo. Por eso decimos “muero” y por eso decimos “vivimos”, y “viviremos”.

Y como si tal, ahora recuerdo el diagnóstico típico de las enfermeras zapatistas, y que era así comunicado a los pacientes. No era un “no es grave, te vas a curar”, sino un “de por sí vas a morir, pero no luego, todavía vas a tardar”. Eso sí, el paciente se recuperaba rápidamente. Aunque no sé si por el estímulo de un diagnóstico tan motivador… o porque, al preparar la inyección, la insurgenta de sanidad tenía la gentileza de informarle al paciente que la última vez que había inyectado, se le había roto la aguja dentro de la nalga del compañero. “Pobre compa”, decía mientras sobaba con un algodón empapado de alcohol el lugar donde iba a inyectar, “creo que todavía tiene el pedazo dentro y por eso camina chueco”.

Con todo esto quiero decir que hace 14 años sí pensábamos en la muerte, pero era un asunto particular, como lo son el cepillo de dientes y la ropa interior… bueno, si es que se puede llamar ropa interior a esos pedacitos de tela que las féminas usan ahora y que, además, se las ingenian para que se vean con los pantalones caídos a la cadera.

Mmh… ya me está dando hambre, así que mejor me apuro y completo lo que quiero decirles…

Les decía que si la muerte posible y probable era, y es, una cuestión individual y personal, la vida era y es, para nosotros, un asunto del colectivo que éramos, que somos, que seremos.

En otras palabras, para el zapatismo del EZLN, el fracaso y la muerte se conjugan con la primera persona del singular, (el “Yo, Mi, Me, Conmigo” que diera título a uno de los discos de Joaquín Sabina); y, en cambio, el éxito y la vida llevan siempre de la mano el “nosotros” que nos da identidad, pasado y mañana (lo que se conoce como “Utopía”, que, por cierto, es el nombre de uno de los discos de Joan Manuel Serrat).

En resumen, aquella víspera de la guerra contra el olvido, no es que no cargáramos, además de fuego, con dudas. Las teníamos, y muchas. Pero no se referían a nuestro destino individual o de colectivo. Estas cuestiones se habían resuelto tiempo antes, cuando cada uno de nosotros, cada una de nosotras, habíamos llegado al punto en que, eso sí como algo personal e individual, habíamos llegado a la gran bifurcación que suele presentar el andar del mundo: ¿arriba o abajo?, ¿a la derecha o a la izquierda?, ¿el protagonismo individual o el anónimo colectivo?, ¿la luz o la sombra?

No, las dudas tenían qué ver con lo que encontraríamos acá afuera.

Acháquenlo a nuestro pesimismo dialéctico o a nuestra desconfianza ancestral, pero el caso es que pensábamos que seríamos recibidos con el silencio, la sordera, la condena, la lapidación. Claro, además de con balas y bombas. “No son bombas, son rockets”, dijo el autodenominado historiador y entonces fan de Carlos Salinas de Gortari, como después lo sería de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, López Obrador (antes del fraude, claro) y ahora lo es de Felipe Calderón. Creo que se llama Héctor Aguilar Camín, quien, por cierto, ahora firma un libro sobre Acteal, porque el patiño Tello Díaz no estaba a la mano. Más dinero para ampliar los anexos, a cambio de lavar el crimen de Estado que lleva el sello de una guerra de exterminio que lleva ya 515 años,

Llama la atención de que la memoria que se hace de Acteal edite el lugar de Gustavo Iruegas, encargado de las relaciones exteriores del llamado gobierno legítimo de López Obrador. Y que, en el momento en que se denuncia la participación de ex guerrilleros en la estrategia de contrainsurgencia que se echó a andar entonces, y que culminó con la Matanza de Acteal, se olvide que uno de los jefes de la delegación gubernamental de Zedillo era el señor Iruegas, hoy súbitamente converso a la causa de la izquierda.

Bueno, no nos desviemos, después de todo allá arriba, Aguilar Camín sí encontrará los ecos que necesita para cobrar donde siempre ha cobrado.

Volvamos a aquellos días. Porque resulta que nos equivocamos. Y nos equivocamos por partida doble.

Porque encontramos, sí, a los Anexos y las respectivas Vueltas a la derecha, pero también encontramos entonces a quienes, pensamos entonces, trataban de entender, de entendernos.

Ya antes me he referido a que, en esa época, tuvimos la fortuna de contar con el interés de trabajador@s de los medios de comunicación, además de artistas, intelectuales y científicos progresistas. El oído que prestaron entonces es algo que fue fundamental y que recordamos, aunque cada vez con más nostalgia.

La presencia de estas personas fue importante. Sin embargo, no me referiré ahora a su notable ausencia, a su reprochable silencio, o a los respectivos deslindes a moda y conveniencia.

En cambio, quisiera mencionar a quienes se acercan a las luchas, movimientos y pueblos ofreciendo apoyo, cuando en realidad están dando un préstamo con altísimos intereses. Es decir, a aquellas personas que convierten la solidaridad con una causa, en botín y usan esos apoyos para construirse su escalera propia al Poder.

Porque resulta que si nos equivocamos al suponer que estaríamos solos, también nos equivocamos al pensar que lo que fue interés primero, y después simpatía, apoyo y solidaridad, era algo sincero y honesto.

En aquellos primeros días, desconocedores del ir y venir de afuera, se nos acercaron personas en quienes confiamos. No sabíamos entonces que, con su mano, iban también sus fobias y sus filias. Y que no pensaban sino en cómo hacer uso del lugar que la sangre de nuestros muertos había conquistado.

Es común que, cuando se habla con generalidades, los aludidos le saquen al bulto y digan que nos referimos a otros, a otras. Así que habrá que nombrar también a las personas que fueron de la CONAC-LN y luego del FAC-MLN. Que, cuando se puso de moda acusarnos de “reformistas armados” y “pequeño burgueses” la emprendieron en contra nuestra con singular entusiasmo. Los “radicales” de entonces son ahora mansitos corderos en los corrales del Poder. El señor Benito Mirón Lince es un botón de la muestra. El hoy funcionario del gobierno del DF, ha saltado de puesto en puesto, olvidando que hace unos años era un furibundo crítico de la izquierda institucional y del reformismo. Claro que la radicalidad le duró hasta que el presupuesto lo alcanzó.

Después fuimos descubriendo que la supuesta solidaridad con el zapatismo, no había sido, para ellas y ellos, nada más que una inversión.

Los hoy funcionarios reparten limosnas para lavarse la cara, guardan o exhiben sus fotos con zapatistas según vayan los vientos, se felicitan mutuamente por su prudente madurez, y engordan la cartera con billetes y tarjetas de crédito, y su corazón con coartadas que maquillen sus traiciones y claudicaciones.

Esto pasó y pasa no sólo en México, también en Europa. Colectivos de solidaridad que entonces tendieron puentes, hoy nos atacan, guardan un silencio cómplice o se distancian con un oportunismo que tiene como marcapasos el rating en los medios de comunicación.

Y pretenden que, en pago a los “favores recibidos” (así lo dicen), el EZLN debe apoyar sus posiciones sobre la justa lucha del pueblo Vasco, sus políticas de apoyo vergonzante al intervencionismo norteamericano y europeo, sus suspiros por las monarquías que manchan el viejo continente, su quehacer que de tan bien portado y neutro, apesta. Como no lo hacemos, entonces se retiran o se mudan a lo que esté de moda, eso sí, previo deslinde público… o privado.

En estos y otros suelos, los usureros de la solidaridad nos reclaman una autocrítica, nos exigen pedir perdón por no obedecerlos, por no seguirlos, por no someternos.

Nos equivocamos entonces. Ahora sabemos que la solidaridad que no se dan sin condiciones, sin esperar nada a cambio, no es más que otra forma de usura, la del que pretende sacar ganancia del dolor y la lucha ajenos.

Todo esto también viene al caso porque éste es un foro de solidaridad con las comunidades indígenas zapatistas.

Y yo sólo vine para avisarles que, aquellas personas, grupos, colectivos, organizaciones que piensen practicar la usura con sus apoyos y solidaridad para con nuestros pueblos, sepan que no tendrán retribución alguna. Les decimos que se vean en el espejo que arriba simula ser de izquierda, que asistan a sus cafés, a sus convivios, a sus mesas de redacción, a sus consejos nacionales, a sus oficinas gubernamentales. Escucharán, con sorprendente unanimidad, que el zapatismo ya pasó de moda, cometió muchos errores, no es realista, es sectario, es radical, es naco,… es consecuente.

Que no me malinterprete, no es que seamos malos deudores o que no queramos pagar.

Se trata simplemente de una confusión.

Porque en esto largo batallar, los pueblos indios todos, no sólo los zapatistas, somos los acreedores.

Así es desde que el mundo empezó su andar. Así fue hace 200 años. Así fue hace un siglo.

Así será cuando el calendario de abajo vuelva a alcanzarnos y a presentarle al arriba la interminable cuenta de debes que abajo y a la izquierda se acumulan.

Porque, hay que decirlo, tal vez lo que el Che mencionó como visto en lontananza no era sino el lugar donde la libertad es punto de llegada y de un nuevo paso: el de ser mejores

Vale (aunque sea un vale para la gasolina). Salud y que, en las sumas y restas, gane el mañana.


Muchas gracias.


Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Octubre del 2007.