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Sunday, June 15, 2008

La JBG del Caracol de Oventic denuncia que se prepara una acción de provocación para el día domingo 15 de junio en la reserva zapatista El Huitepec.

JUNTA DE BUEN GOBIERNO
CORAZÓN CÉNTRICO DE LOS ZAPATISTAS DELANTE DEL MUNDO

SNAIL TZOBOMBAIL YU’UN LEKIL J’AMTELETIK
TAO’LOL YO’ON ZAPATISTA TA STUK’IL SAT YELOB SJUNUL BALUMIL

A 13 DE JUNIO DEL AÑO 2008

A LA OPINIÓN PÚBLICA
A LA PRENSA NACIONAL E INTERNACIONAL
A LA SOCIEDAD CIVIL NACIONAL E INTERNACIONAL
A LA SEXTA INTERNACIONAL
A LAS Y LOS DEFENSORES DE LOS DERECHOS HUMANOS
A LOS ORGANISMOS AMBIENTALISTAS
A LOS ADHERENTES DE LA OTRA CAMPAÑA

COMO JUNTA DE BUEN GOBIERNO CORAZÓN CÉNTRICO DE LOS ZAPATISTAS DELNTE DEL MUNDO, DE ESTA ZONA ALTOS DE CHIAPAS,

Denunciamos públicamente los siguientes:

Nos hemos enterado que el agente auxiliar rural municipal de la ranchería Huitepec los Alcanfores, Municipio de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, tiene planeado una acción provocativa en contra de la reserva comunitaria zapatista “El Huitepec”, que es sabido y conocido a nivel nacional e internacional que, desde el mes de marzo del año 2007, esa reserva ecológica está bajo la responsabilidad, del cuidado y la protección de nuestros compañeros y compañeras bases de apoyo zapatista y de esta Junta de Buen Gobierno de Zona Altos de Chiapas.

Sin embargo, desde que está bajo el resguardo zapatista esa reserva, en varias ocasiones y en varias maneras, hemos recibido amenazas, provocaciones, acusaciones y agresiones verbales de parte de la gente que pertenecen a partidos políticos respaldados por las autoridades municipales y estatales, como lo hemos denunciado públicamente en fechas anteriores.

Ahora, el señor Javier Alejandro Cabrera Cano, agente auxiliar rural municipal de la ranchería Huitepec los Alcanfores, ha organizado una acción claramente provocativa que realizarían el día domingo 15 del presente mes, bajo el pretexto de sembrar arbolitos en la reserva ecológica arriba mencionado.

Que ese día 15 de junio, hombres y mujeres entrarían en la reserva sin tomar en cuenta que está permanentemente resguardado por bases de apoyo zapatistas y del campamento civil de observación nacional e internacional.

El supuesto agente rural municipal, bajo amenazas y mentiras, ha tratado de manipular la gente sencilla y humilde de esas rancherías, porque se sabe que el señor Javier Alejandro Cabrera Cano le ha dicho a su gente que si no van a entrar en la reserva ecológica, le van a suspender sus apoyos económicos y materiales como procampos, oportunidades, programas de despensas DICONSA y hasta suspender el uso de agua.

Entonces, esa gente pobre y humilde como nosotros entrarían a provocar obligadamente, sólo por el temor de perder las migajas que reparte el mal gobierno a la gente pobre.

Denunciamos enérgicamente esta amenaza y provocación de parte de las autoridades municipales, y estatales, que utilizan a la gente pobre y humilde para hacer una provocación entre hermanos indígenas, porque tras de todo estos están los intereses económicos y políticos de los gobiernos, sus funcionarios y algunos caciques, que están acostumbrados de manipular y amenazar a su propia gente.

Como prueba de esta provocación planeada para el día domingo 15 de junio, anexamos una copia de la invitación girada y sellada por el mismo señor Javier Alejandro Cabrera Cano.

Por todo esto les pedimos a todas nuestras compañeras y compañeros adherentes a la Otra Campaña, al Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas y a los medios de comunicación, que estén pendientes y atentos por lo que pueda pasar.

ATENTAMENTE
JUNTA DE BUEN GOBIERNO CORAZÓN CÉNTRICO DE LOS ZAPATISTAS DELANTE DEL MUNDO, ZONA ALTOS DE CHIAPAS, MÉXICO.

Firmas de Esaú Rodríguez Aguilar, Patricia Hernández Santiz, Mateo Pérez Gómez, Flor López Pérez, Jorge Pérez Hernández

Se reproduce a continuación la mencionada invitación:

ATENTA INVITACIÓN

ESTE DOMINGO 15 DE JUNIO DE 2008, A PARTIR DE LAS 7.00 DE LA MAÑANA, EN EL AREA NATURAL PROTEGIDA “HUITEPEC-LOS ALCANFORES”, COMO YA ES UNA COSTUMBRE, SELLEVARA A CABO LA

R E F O R E S T A C I O N A N U A L
(SIEMBRA DE ARBOLITOS)

POR ESTA RAZON ESTAMOS INVITANDO A TODA LA POBLACION DE ESTA RANCHERIA A FIN DE QUE CON NUESTRA PARTICIPACION CONTRIBUYAMOS AL MEJORAMIENTO DEL MEDIO AMBIENTE Y ESTABLEZCAMOS LAS BASES PARA QUE EN LO FUTURO NO NOS FALTE EL AGUA.

LOS CENTROS DE REUNION SERAN:

EN LA PARTE BAJA: EN EL PUENTE DEL ARROYO QUE COLINA CON LA CASA DEL SR. BENITO PATISHTAN GOMEZ (EX AGENTE MUNICIPAL)

EN LA PARTE ALTA: EN LA TERMINAL DE LAS COMBIS, AL FINAL DE LA CALZADA DANIEL SARMIENTO ROJAS

COMO ES UNA COSTUMBRE SE LLEVARA LA LISTA DE ASISTENCIA PARA CONSTATAR LA PARTICIPACION DE LOS USUARIOS DEL AGUA POTABLE, PERSONAL DEL PROGRAMA OPORTUNIDADES, PERSONAL DEL PROGRAMA DE DESPENSAS DE DICONSA Y POBLACION EN GENERAL

POR EL BIEN DE ALCANFORES, AGRADECEMOS DE ANTEMANO SU PARTICIPACION

JAVIER ALEJANDRO CABRERA CANO
AGENTE MUNICIPAL AUXILIAR

(Sello de la Agencia Auxiliar Rural Municipal)

Friday, December 21, 2007

Recordar Acteal Texto de Carlos Montemayor



Carlos Montemayor / I
Recordar Acteal

La masacre de Acteal no fue la primera ni la única en el prolongado proceso del conflicto de Chiapas. Pero fue en la que el gobierno mexicano puso más empeño a fin de transformarla en sólo un eslabón de una cadena de conflictos intercomunitarios. Para apuntalar esta versión oficial el gobierno mexicano recurrió a diversos procedimientos, algunos de ellos extremos. Pasó por alto sistemáticamente hechos fundamentales; creó un libro blanco sobre Acteal donde la Procuraduría General de la República (PGR) describe a modo los acontecimientos, modificando, distorsionando u olvidando información; intentó desconocer la existencia de planes militares dados a conocer desde el 5 de enero de 1998 por Carlos Marín en la revista Proceso; en discursos oficiales manipuló la noción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a veces para negar su existencia y en otras para proponerlo como protagonista, precisamente, de los enfrentamientos intercomunitarios. Los planes militares que dio a conocer Carlos Marín 15 días después de la masacre de Acteal describen, como parte de una contrainsurgencia minuciosamente diseñada, tanto la inducción de desplazamientos de poblados y la creación de conflictos sociales entre comunidades como la aplicación de medidas sólo militares antes y después de los acontecimientos de Acteal.
Sin embargo, las consecuencias políticas de la masacre de Acteal fueron descomunales en el aparato de gobierno para haber sido un eslabón de un conflicto intercomunitario. Provocó, en la dimensión estatal, las renuncias del gobernador de Chiapas y de otros funcionarios de primeros niveles; en el ámbito federal, la renuncia del secretario de Gobernación. Nunca un “pleito de indios” afectó a tantas cabezas de los gobiernos estatal y federal. ¿No fueron las renuncias una forma de reconocer la responsabilidad activa de las autoridades estatales y federales en este “pleito de indios”?
A 10 años de la masacre de Acteal es oportuno retomar algunos aspectos indelebles vinculados con esa mañana del 22 de diciembre de 1997. Por ejemplo, ¿por qué la policía del estado trató de eliminar los cadáveres de la masacre de Acteal la madrugada del 23 de septiembre de 1997 y posteriormente trató de alterar el parte sobre las víctimas y los procedimientos sanguinarios de los paramilitares? ¿Por qué el ejército desplegó después una agresiva campaña de desarme entre las víctimas y los simpatizantes del EZLN y no entre los agresores? Sí, ¿por qué el Ejército pensó que las víctimas debían ser desarmadas, pero los agresores no? ¿Por qué el Ejército y las autoridades civiles privilegiaron los términos de “enfrentamientos intercomunitarios” o “grupos de autodefensa” por encima de “grupos paramilitares”? Si se trataba de diferencias intercomunitarias, ¿por qué remover al propio gobernador de la entidad y al titular de la política interior del país? Hagamos un repaso de algunos puntos que la versión oficial sobre Acteal tuvo que modificar, distorsionar o pasar por alto.
Recordemos, primero, que los días 18 y 19 de diciembre de 1997 el entonces presidente Ernesto Zedillo efectuó una visita oficial a Nicaragua. El periodista Danilo Lacayo lo recibió el día 19 en la televisión nicaragüense; en esa entrevista Zedillo declaró que no había ya guerrilla en México. Sin hacer mención directa del EZLN, afirmó que a principios de 1994 había aparecido “un grupo” de manera violenta, pero que desde entonces se habían dado las condiciones sociales para que esos hechos no volvieran a suceder. Las declaraciones demostraban el interés del gobierno mexicano por permanecer ciego a la insurrección zapatista; negar al EZLN era un eslabón de una sistemática operación política de distorsión para no resolver el conflicto de manera pacífica. En cambio, intencional o tendenciosamente, pasó por alto la aparición “violenta” de numerosos grupos paramilitares en muchas comunidades de los Altos y las Cañadas que contaron con “condiciones sociales” apropiadas para proliferar.
Tres días más tarde, el 22 de diciembre, en el municipio de Chenalhó, en Acteal, se habían concentrado los desplazados conocidos como las Abejas, atentos a los rumores de que preparaba un ataque contra ellos uno de los grupos paramilitares (que el Ejército y autoridades civiles ya designaban oficialmente como de “autodefensa civil”); este grupo pertenecía a la comunidad de Los Chorros, había sido entrenado por cuadros de la policía estatal y lo había pertrechado con armas de alto calibre el presidente municipal priísta de Chenalhó, Jacinto Arias Cruz. Los miembros de las Abejas se concentraron desde las primeras horas de la mañana en la ermita del lugar, un galerón de madera con techo de lámina y piso de tierra firme. Para evitar el enfrentamiento con ese grupo paramilitar, muchos hombres se retiraron y sólo quedaron en su mayoría mujeres, niños y ancianos.
A las 10:30 de la mañana se encontraban de rodillas, rezando, en la ermita de Acteal, cuando comenzaron a oír disparos. Se aproximó al lugar el contingente agresor que portaba armas de alto calibre, uniformes color negro y pasamontañas. Eran individuos de las comunidades de Los Chorros, Puebla, Chimix, Quextic, Pechiquil y Canolal, que se habían transportado en camiones de los conocidos como de tres toneladas. Comenzaron a disparar, a mansalva, por la espalda, contra los desplazados que rezaban; al huir, la gente iba cayendo en el camino y en la barranca. Durante seis horas el contingente paramilitar disparó y ultimó a varias decenas de víctimas.
Al iniciarse la agresión, unas 325 personas oraban afuera de la ermita, porque el espacio era limitado y habían acordado hacerlo afuera. Cuando el grupo armado abrió fuego, algunas personas murieron en el lugar donde se encontraban, pero la mayoría se dispersó montaña abajo, entre los matorrales. Muchos corrieron hacia un arroyo que se localiza a unos 300 metros y se escondieron en una pequeña cueva. Hasta ahí llegaron a matarlos. El grupo paramilitar cesó de disparar las armas cuando consideró que había acabado con todos los que se encontraban en esa hondonada. Sólo se salvaron dos o tres personas que tenían encima los cuerpos de otros compañeros y que se mantuvieron quietas desde ese momento hasta que empezó a oscurecer y pudieron dirigirse a San Cristóbal. Por ellas se supo que la balacera duró unas seis horas. Las detonaciones se escucharon en San José Majomut y sobre todo en Quextic, población desde donde se observa con claridad Acteal.
Hacia la una de la tarde, cuando aún se desarrollaba la masacre, el vicario de la catedral de San Cristóbal, Gonzalo Ituarte, llamó por teléfono al secretario de Gobierno de Chiapas, Homero Tovilla Cristiani, para informarle de una fuerte balacera en Acteal y pedir su intervención inmediata. Homero Tovilla dijo no saber nada. A las seis de la tarde llamó al vicario para notificarle que la situación en Acteal estaba controlada, que se habían escuchado unos cuantos tiros y que había cinco heridos leves. Cerca de las nueve de la noche llegó a la catedral de San Cristóbal uno de los sobrevivientes, de nombre Vicente, a dar detalles de la masacre. Dijo que habían pedido auxilio a policías que acampaban cerca del lugar y que ellos respondieron que “no era de su competencia” y no intervinieron.
La Cruz Roja supo a las ocho de la noche que había enfrentamientos en el municipio de Chenalhó. Movilizó tres vehículos para el reconocimiento de la zona y se hallaron cuerpos sin vida en un barranco. Otras seis unidades de la Cruz Roja se integraron durante la noche a las tareas de rescate. El informe presentado por la Cruz Roja la mañana del siguiente día arrojó un total de 45 cadáveres, ninguno de los cuales parecía haber significado en vida un serio peligro ni un furibundo adversario para los paramilitares: un bebé, 14 niños, 21 mujeres y nueve hombres. Aparte de los 45 muertos, la agresión dejó además 25 heridos y cinco desaparecidos.
La policía de Seguridad Pública llegó cerca de las cuatro de la mañana al lugar de los hechos con el propósito de desaparecer los cadáveres y eliminar evidencias de la masacre. El 1º de enero, la directora de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), Mireille Roccatti, afirmó que el coordinador general de las policías en Chiapas, Jorge Gamboa Solís, y el director de Seguridad Pública, José Luis Rodríguez Orozco, incurrieron en negligencia u omisión, porque a las 10:30 de la mañana del 22 de diciembre ya se habían enterado de que algo ilícito estaba ocurriendo en la comunidad de Acteal y sin embargo dieron el reporte de “sin novedad” a la una de la tarde.
http://www.jornada.unam.mx/2007/12/17/index.php?section=politica&article=010a1pol

Carlos Montemayor / II
Recordar Acteal

Detengámonos en el hecho de que los policías del estado que llegaron a Acteal a las cuatro de la mañana del día 23 de diciembre de 1997 se propusieron eliminar los cadáveres y borrar toda evidencia de la masacre.
Remitámonos primero al reportaje que publicó el 2 de marzo de 1998 Carlos Marín en la revista Proceso. Ahí reveló con detalle que la policía de Chiapas mantuvo siempre una conducta hostil contra las comunidades de simpatizantes del EZLN y que en la madrugada del 23 de diciembre llegó al extremo “de alterar las evidencias de lo que había sucedido en Acteal, al grado de que inventó muertes con arma blanca y destripamientos de mujeres encintas para fortalecer la cómoda hipótesis de venganzas entre indígenas primitivos”. Esta versión fue propalada por el gobierno estatal en una campaña de medios para sugerir que se había tratado de una especie de matanza ritual, al estilo de los kaibiles guatemaltecos. El Servicio Médico Forense del estado llegó inclusive a falsear su reporte para afirmar que 33 víctimas fallecieron por arma de fuego, siete por machetes o cuchillos (entre ellas varias mujeres embarazadas) y cinco por golpes en la cabeza.
En efecto, los policías estatales no preservaron el área de la matanza, no practicaron legalmente las diligencias para el levantamiento de cadáveres ni guardaron registro de los sitios donde se hallaron los casquillos de las balas percutidas. Tampoco permitieron, a pesar de su notoria negligencia, que intervinieran otros peritos en criminalística de campo.
Más tarde, sin embargo, los servicios periciales de la Procuraduría General de la República (PGR) determinaron que 43 víctimas habían sido ultimadas por arma de fuego y dos a base de golpes: 36 fueron asesinadas en las faldas del cerro, en una hondonada, y las nueve restantes fueron perseguidas y cazadas en las inmediaciones.
Ante estas irregularidades, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) planteó en su recomendación I/98, dirigida al nuevo gobernador de Chiapas y al procurador general de la República, las siguientes interrogantes:
¿Por qué los funcionarios públicos involucrados, dada la trascendencia y dimensiones del problema, no esperaron a que amaneciera para la práctica de diligencias tales como la fe ministerial de cada uno de los cuerpos, la preservación del lugar de los hechos y la fijación de evidencias como son fotografías, filmaciones, inspección ocular del terreno, entre otras, si las autoridades se habían hecho acompañar de aproximadamente 150 elementos de Seguridad Pública? ¿Por qué razón, tratándose de hechos delictuosos y de especial gravedad, no se conoce que haya tenido intervención el director de la policía judicial del estado? ¿Por qué razón le fue negado al subprocurador de Justicia Indígena, David Gómez Hernández, el apoyo de la policía judicial, específicamente del comandante Alvaro Gutiérrez destacamentado en Chenalhó? ¿Por qué Homero Tovilla Cristiani y Uriel Jarquín Gálvez, secretario general y subsecretario de Gobierno, dieron instrucciones a Gómez Hernández, siendo que estructuralmente éste no depende de ellos? ¿Por qué, tratándose de hechos tan graves, no se localizó al procurador general de Justicia del estado al iniciarse las acciones para enfrentar la emergencia ocurrida en Acteal? ¿Por qué razón, y ante la magnitud de los hechos, el subprocurador de Averiguaciones Previas, Ramiro Sánchez Vega, no ocurrió al lugar de la masacre con objeto de ordenar la práctica de diligencias básicas como sería la preservación del lugar de los hechos, la obtención de evidencias y la toma de fotografías, así como conducir la investigación?
El Ministerio Público de la Federación ejerció acción penal el 26 de diciembre por los delitos de homicidio calificado, lesiones y asociación delictuosa ante el juez segundo del Distrito Federal en Chiapas contra 16 personas. Al día siguiente el juez dictó acto de formal prisión en contra de los consignados. Más tarde, el 31 de diciembre, se dictó auto de formal prisión contra 23 personas más. La noche del 2 de enero de 1998 la PGR informó que el juez federal había también resuelto dictar auto de formal prisión en contra el alcalde Jacinto Arias Cruz, quien de acuerdo con diversos testimonios había proporcionado las armas de fuego a los responsables de la masacre de Acteal.
El día 11 de enero de 1998 la PGR difundió un boletín de prensa relevante porque comprobaba lo que era sabido por todos los habitantes de los Altos: que la policía estatal protegía a los grupos paramilitares. El boletín decía así:
“El día de hoy, el Ministerio Público de la Federación determinó ejecutar acción penal en contra de Felipe Vázquez Espinoza, comandante de la Dirección General de Seguridad Pública del estado, destacamentado en la comunidad denominada Colonia Miguel Utrilla, Los Chorros… Según las declaraciones vertidas, el comandante Vázquez Espinosa giró órdenes al personal bajo su mando a fin de que se permitiera el uso de armas de fuego prohibidas a civiles de la comunidad de Los Chorros; igualmente dio instrucciones para que, en vehículos oficiales de Seguridad Pública, se trasladaran cartuchos y armamento de distintos lugares hacia la comunidad de Los Chorros… asimismo… giraba instrucciones para que se brindara protección a diversos grupos civiles cuando se dedicaban a actividades ilícitas, tales como el robo de café… Felipe Vázquez Espinoza reconoció su participación en los hechos, sin embargo, adujo que las instrucciones que giró y su propia participación… se debía a las órdenes que a su vez había recibido de la superioridad, ya que cuando reportaba estos incidentes se le instruía verificar si las personas armadas detectadas pertenecían al Partido Revolucionario Institucional, y que en caso de que se tratara de militantes de dicho partido, los dejara en libertad”.
No fue extraño que en la recomendación I/98 de la CNDH, que los medios informativos difundieron el 11 de enero, se atribuyeran responsabilidades penales o administrativas a comandantes y oficiales policiacos y, de manera destacada, a funcionarios como Humberto Tovilla Cristiani y Uriel Jarquín Gálvez, secretario y subsecretario de Gobierno; Marco Antonio Besares Escobar, procurador general de Justicia del estado; David Gómez Hernández, subprocurador de Justicia indígena; general Jorge Gamboa Solís, coordinador general de la policía del estado, y José Luis Rodríguez Orozco, director de Seguridad Pública del estado.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/18/index.php?section=opinion&article=012a1pol

Carlos Montemayor /III
Recordar Acteal
Acerquémonos ahora a otro aspecto esencial: los paramilitares que perpetraron la masacre de Acteal. Estos paramilitares se identificaron (y el Ejército y la policía del estado los identificaba previamente también así) como priístas. Decir priístas equivalía a afirmar: “Nosotros estamos con el gobierno, con la legalidad, con las instituciones, con la ley, y todos los que sean enemigos del gobierno son enemigos nuestros”. Esto implicaba que en la batalla contra sus enemigos y los del gobierno, las casas y las cosechas pasaran a su propiedad como botín de guerra. También, que los integrantes de los grupos paramilitares no veían su agresión como enfrentamiento intercomunitario, sino político: eran “bases fieles al gobierno”, entrenadas, protegidas y pertrechadas por el gobierno mismo.
La confirmación de que estos conflictos no eran intercomunitarios partía del tejido policiaco de su protección, formación y orientación. Dos ejemplos pueden ser ilustrativos. Uno, el del general brigadier retirado Julio César Santiago Díaz, que fue el mando de mayor jerarquía que estuvo en Acteal la mañana del 22 de diciembre de 1997. Fungía como jefe de asesores de la Coordinación de Seguridad Pública y era director de la Policía Auxiliar en el estado. Carlos Marín dio a conocer las declaraciones ministeriales de este general el 5 de marzo de 1998 en la revista Proceso.
Pues bien, el general Julio César Santiago Díaz estuvo acompañado de 40 policías estatales durante tres horas y media, a la entrada de Acteal, mientras a 200 metros, montaña abajo, se cometía la masacre. Entre la una y las cuatro y media de la tarde, según relató ante el Ministerio Público Federal: “(…) No se dejaron de escuchar disparos de armas de fuego de distintos calibres como el 22, escopeta, así como ráfagas de AR-15 y AK-47, deseando aclarar que los disparos se oían en intervalos de tres a cinco minutos; es decir, se escuchaban disparos, pasaban de tres a cinco minutos sin que se escucharan, y volvían a escucharse, siendo así todo el tiempo que permaneció el declarante en la entrada a la comunidad de Acteal, sobre la carretera… En esas tres horas y media ninguno de los cuatro comandantes o de los restantes 40 policías estatales que fueron llegando al punto entró al caserío ni se atrevió a bajar la cuesta para averiguar lo que sucedía, debido a que un suboficial le recomendó: ‘Jefe, hágase más para acá porque le pueden dar un tiro’”.
Esta actitud de indiferencia o de permisividad en policías y Ejército fue una constante en numerosas agresiones de paramilitares. El caso de Acteal no fue algo aislado ni único. Era la regla, como veremos más adelante.
Vayamos a un segundo ejemplo, el de Felipe Vásquez Espinoza, el suboficial que aconsejó al general Julio César Santiago Díaz ponerse a salvo de una bala perdida cuando se desarrollaba la masacre. Felipe Vásquez Espinoza era subcomandante de Seguridad Pública. En el mismo reportaje publicado en Proceso el 5 de marzo de 1998, Marín aclaró que Felipe Vásquez Espinoza, cuando tenía su base en Majomut, poco antes de ser destinado a la colonia Miguel Utrillas, del ejido Los Chorros, se enteró “que en este ejido eran Tomás Méndez Pérez y su gente, quienes se caracterizaban por la portación de armas de fuego, sobre todo AK-47 y rifles calibre 22” y que había escuchado en Los Chorros que Tomás Méndez Pérez era “el representante de los priístas.”
En otro momento de su declaración ministerial, a la pregunta de si alguna vez vio a algún habitante de Los Chorros portando armas, contestó así:
“Respuesta. Que sí. Que en una ocasión, el día 26 de noviembre hablé con una persona que acompañaba a otra que portaba un arma de las denominadas cuerno de chivo y al preguntarle por qué portaban esas armas me dijo que eran para seguridad. Y al pedir instrucciones a mis superiores, el primer oficial, Absalón Gordillo, me indicó que si era partido verde lo dejara ir; o sea, verde, que es priísta, por lo que lo dejé ir.”
En declaración ministerial posterior, enriqueció la historia: admitió que el 26 de noviembre, “por instrucciones superiores”, custodió a un grupo de paramilitares tzotziles que llevaban en costales, en una pick-up, un cargamento de las armas conocidas como cuernos de chivo. La instrucción dice haberla recibido, “sin lugar a dudas, del primer oficial Absalón Gordillo Ruiz, comandante en Majomut”.
En el libro blanco sobre Acteal se registraron como procesados los nombres del general Julio César Santiago Díaz y el de Felipe Vásquez Espinoza; el primero, por homicidio y lesiones por omisión; el segundo, por posesión y transporte de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea. A ninguno se le menciona como protector de grupos paramilitares ni como autoridades que dieron escolta y protección a paramilitares priístas. El nombre de Absalón Gordillo, en cambio, que autorizaba la protección a los paramilitares, no aparece en los registros del libro blanco de Acteal.
El gobierno dejaba, pues, vía libre para que, a través de la policía del estado, se preparara a grupos paramilitares indígenas que enfrentaran, socavaran y exterminaran a las bases zapatistas. En el cerco militar se recurría al Ejército, y en los Altos y en el norte, a las poblaciones indígenas que estaban bajo el control de subsidios oficiales.
La masacre de Acteal fue un acontecimiento brutal, pero no la primera masacre ni la única. Los pasos iniciales de una cadena de masacres se habían consumado hacía mucho tiempo. De todas ellas habían estado al tanto el gobierno estatal y las secretarías de Defensa y Gobernación. A los grupos paramilitares, como Los Chinchulines, Paz y Justicia o Máscara Roja, se les mantenía impunes porque se trataba de una guerra contra simpatizantes zapatistas. Apoyar a estos grupos paramilitares, dejarlos crecer, fortalecerlos como táctica de lucha intercomunitaria, era algo más que una omisión: era una política decidida por el Ejército a finales de 1994 y aprobada por el gobierno federal a principios de 1995.
Esto contrastaba con la crueldad de los operativos militares y policiacos emprendidos contra presuntos integrantes del EPR en la sierra de Guerrero y en la región de los Loxichas, en Oaxaca. En estos casos se había echado mano de todo tipo de violaciones constitucionales, procesales, carcelarias, humanas. Se había tratado de sofocar despiadada y sangrientamente a presuntos integrantes de una guerrilla que en los discursos oficiales no existía. En Chiapas, en cambio, los discursos oficiales sólo se empeñaban en negar la guerra oficial del Ejército contra las bases sociales del EZLN. En un caso, no existía la guerrilla; en otro, no existía la contrainsurgencia oficial.
El 7 de enero de 1998 renunció el gobernador interino de Chiapas, Julio César Ruiz Ferro, y tomó posesión el nuevo gobernador Roberto Albores Guillén. Por esos días la acción militar fue significativa. La búsqueda de armas no se efectuó entre los grupos paramilitares que asesinaron en Acteal, sino en las zonas zapatistas que habían sido agredidas. ¿Cómo entender que se buscaran armas entre los agredidos y sobrevivientes de las víctimas y no entre los agresores? El periodista Jesús Ramírez Cuevas señaló el 25 de enero en el suplemento Masiosare, de La Jornada, que:
Tras la masacre de Acteal, el Ejército federal realizó más de 44 incursiones en 33 comunidades zapatistas de la Selva, el Norte, los Altos y la Frontera. La acción militar se concentró en 15 municipios autónomos y rebeldes, la mayoría muy lejos de Chenalhó. A ese municipio alteño llegaron 2 mil soldados que se instalaron en 18 campamentos en igual número de comunidades y parajes. Se dijo públicamente que era una campaña de despistolización planeada de antemano, pero en los hechos fue una ofensiva sobre las comunidades zapatistas a base de cateos, interrogatorios a los poblados sobre la ubicación de campamentos insurgentes, sobre los dirigentes zapatistas, sobre las armas y los radios de comunicación. Los militares también saquearon casas, tiendas, cooperativas… Actualmente existen más de 50 mil soldados distribuidos sólo en cuatro de las nueve regiones del estado… En algunos casos, como en la región de la Selva, hay un soldado casi por familia de siete integrantes…
En efecto, un amigo mío, con buen humor, ilustraba los cambios de las políticas federales en los Altos y cañadas de Chiapas diciendo que en ese momento a cada núcleo familiar indígena se agregaba, además de un antropólogo particular, un soldado que los vigilaba.
http://www.jornada.unam.mx/2007/12/19/index.php?section=politica&article=010a1pol

Carlos Montemayor /IV y última
Recordar Acteal

Después de que el Ejército buscó tenazmente armas entre las víctimas y no entre los agresores; después de que realizó más de 44 incursiones en 33 comunidades zapatistas y ninguna en comunidades a las que pertenecían los agresores de Acteal, congruente con el propósito de distorsionar los hechos de la masacre, el 31 de enero de 1998, en Davos, Suiza, el entonces presidente Zedillo afirmó, aludiendo al EZLN: “no ha habido violencia entre el gobierno y este grupo. Desafortunadamente, ha habido violencia entre este grupo y otros grupos en Chiapas, y esto ha sido sumamente traumático, pero realmente albergo la esperanza de que, tomando en cuenta toda la situación que tenemos en el país, aliente a todos los involucrados en este problema a que regresen a la mesa de negociación y que tengamos un acuerdo para poder resolverlo”.
Estas declaraciones no eran resultado de una precipitación ni solamente del cinismo, mas volvían a pasar por alto que las consecuencias políticas de la masacre de Acteal fueron descomunales en el aparato de gobierno por las renuncias del gobernador de Chiapas y del secretario de Gobernación. ¿Por qué un “pleito de indios” afectó a los gobiernos estatal y federal?
El 3 de enero de 1998, Emilio Chuayffet Chemor renunció a la Secretaría de Gobernación y lo remplazó Francisco Labastida Ochoa, quien en su discurso de toma de posesión, además de insistir en el carácter intercomunitario de los conflictos de Chiapas, apuntó lo siguiente:
“Es indispensable que demos forma jurídica a los propósitos planteados en San Andrés Larráinzar. Estos propósitos no están a discusión, reflejan en esencia el espíritu de lo que las partes buscamos; pero a este espíritu y a estos propósitos, en los cuales coincidimos, debemos darles expresión jurídica. Hay que transformar los pronunciamientos y los acuerdos en leyes; éstas no se conforman sólo con exposiciones de motivos: se integran con artículos que responden a técnicas jurídicas”.
Designar los acuerdos de San Andrés Larráinzar como los “propósitos planteados en San Andrés” fue un retroceso. El gobierno mexicano suscribió esos acuerdos, se comprometió; no firmó “buenos propósitos”, sino acuerdos. Pacta sunt servanda, decían los viejos romanos. Los pactos deben cumplirse. El nuevo secretario de Gobernación pareció confundir el desistimiento de un compromiso con el refrendo de un buen propósito, confusión que se avenía perfectamente con la estrategia gubernamental de negar al EZLN en los discursos oficiales y de afirmar de manera reiterada el carácter intercomunitario del conflicto de Chiapas.
Pues bien, la masacre de Acteal no fue la primera ni la única, habíamos dicho. La guerra contra las bases sociales del EZLN empezó en fecha temprana. Así lo demostró un relevante documento militar dado a conocer por el periodista Carlos Marín en la revista Proceso el 5 de enero de 1998, dos días después del discurso del nuevo titular de Gobernación.
Marín me hizo llegar el documento completo, que yo integro y analizo en mi novela Los informes secretos a partir del reporte, que tiene fecha del 25 de julio. No afirmo que el documento militar que me hizo llegar y que aparece en mi novela sea el que aplica actualmente el Ejército Mexicano, pero sí que se trata de uno de los documentos que sirvieron de base para la estrategia finalmente establecida.
El documento quedó elaborado entre los últimos días de octubre y los primeros de noviembre de 1994, y empezó a aplicarse cuando se celebraban las primeras reuniones de San Andrés, en 1995. Se compone de tres cuerpos principales. El primero es un estudio histórico firmado por el general de brigada José Rubén Rivas Peña, en ese momento destacado en el cuartel de Rancho Nuevo; ese estudio funge como un diagnóstico social del estado. El segundo, sin firma, es un amplio análisis de los contingentes, localización y opciones militares y políticas del EZLN. El tercero, más voluminoso, también sin firma, contiene las cuatro fases de un plan de guerra del Ejército en Chiapas.
En la sección llamada “Plan General de Maniobras Estratégicas Operacionales para destruir la estructura política y militar del EZLN y mantener la paz” se describe un apartado de Asesoramiento para grupos paramilitares. Esa sección del documento dice así: “El Plan de Asesoramiento describe actividades del Ejército en el adiestramiento y apoyo de las fuerzas de autodefensa y otras organizaciones paramilitares, lo cual puede ser el principio fundamental de la movilización para las operaciones militares y de desarrollo… En caso de no existir fuerzas de autodefensa civil, es necesario crearlas”.
En otro apartado titulado “Segunda Fase de la Campaña Ofensiva” se enlistaron varios procedimientos en cuatro principales bloques. Éstos son datos exactos del primero: “En esta fase las operaciones se conducirán en cuatro etapas. Primero, la suspensión de las garantías individuales en la entidad. Esto se efectuará con el desplazamiento forzado de la población bajo la influencia zapatista hacia albergues o zonas de refugio oficiales. Con la neutralización de la organización y actividades de la diócesis de San Cristóbal de las Casas… Con la muerte o control de ganado equino y vacuno. Con la destrucción de siembras y cosechas. Con el empleo de grupos de autodefensa civil y la suspensión, en el área de influencia del EZLN, del correo, telégrafo y teléfono”.
El “desplazamiento forzado de la población” y el empleo de “grupos de autodefensa civil” o grupos paramilitares resultan esenciales como contexto de los discursos que intentaban distorsionar los hechos de la masacre de Acteal. La masacre no fue un drama de conflictos intercomunitarios, sino un grave error en el plan militar que el gobierno de México instrumentó para socavar las bases sociales del EZLN; un error, además, previsible. Fue, pues, un grave error de Estado.
Para comprender la firmeza de los planes militares en la creación, entrenamiento y pertrechamiento de los grupos paramilitares mencionemos otro hecho. Tres años después, con notable “retraso”, se efectuó el primer operativo policial de desarme en Chenalhó, exactamente en Los Chorros, la principal comunidad de los que perpetraron la masacre. A las 5 de la mañana del 12 de noviembre del año 2000, dos centenares de elementos de la PGR pertenecientes a la Unidad Especializada para la Atención de Delitos Cometidos por Probables Grupos Civiles Armados se presentaron en esa comunidad. Fueron repelidos por la población, atacados con armas de fuego y perseguidos hasta Majomut, donde los paramilitares de ese sitio habían puesto un retén exactamente frente a una base militar, que presenció con indiferencia, por decir lo menos, las agresiones a los elementos de la PGR. Es decir, el Ejército Mexicano permitió de buen grado que los paramilitares atacaran a elementos del propio Estado mexicano. Esta información no fue difundida. La omite la propia PGR en su boletín número 591/00, del 11 de noviembre de 2000. Hay sólo un pasaje sugerente en la edición del periódico Cuarto Poder del día 13 de noviembre del año 2000, en la página 21, donde se narra lo siguiente:
“Cinco kilómetros antes de Los Chorros, cerca de Majomut, otro grupo indígena bloqueó el camino con piedras, un camión de volteo, una combi del ayuntamiento y otro vehículo más. Y otra vez hubo forcejeo entre policías y campesinos. No llegaron a ningún arreglo, a pesar de que ahí se encontraban funcionarios del ayuntamiento de Chenalhó. Los judiciales abrieron paso por la fuerza, empujando camiones y levantando los obstáculos del camino. En ese tramo, ubicado junto a una base militar, por segunda ocasión los judiciales hicieron disparos al aire para dispersar a los pobladores. De entre el monte se escuchó que los indígenas respondieron a balazos. Ahí se reportó que resultó herido un campesino en un brazo”.
Es ilustrativo el comportamiento solidario y permisivo del Ejército Mexicano con los grupos paramilitares, incluso cuando atacaron a policías federales. Es significativo el esmero con que las autoridades se refieren a los paramilitares: el Ejército los llama grupos de “autodefensa civil” y la PGR “probables grupos civiles armados”. Estamos ante una estrategia de guerra, no ante un episodio de “pleitos de indios”. En este contexto se explica que la policía del estado haya tratado de eliminar los cadáveres de la masacre de Acteal la mañana del 23 de diciembre de 1997 y después, al menos, intentado alterar los hechos de la masacre. Así se explica la aparente actitud errática de los discursos presidenciales antes y después de la matanza. Así se explica que la policía del estado y el Ejército hayan apoyado, por omisión o acción, a los grupos paramilitares antes, durante y después de la masacre. Así se explica que el Ejército haya emprendido una agresiva campaña de desarme entre las víctimas, no entre los agresores. Así se explica la renuncia inmediata de los altos funcionarios estatales y federales. Así se explica la administración de la guerra en Chiapas, no su solución política. Así se explica el surgimiento y perseverancia de grupos paramilitares en el Chiapas de ayer y hoy.

http://www.jornada.unam.mx/2007/12/20/index.php?section=politica&article=010a1pol

Friday, December 14, 2007

Situación Actual de las comunidades zapatistas de Chiapas

Resumen del informe de CAPESE en el 3er foro de solidaridad con las
comunidades zapatístas.

Cholula, Pue., 10 de diciembre 2007

El ataque que hoy viven las comunidades zapatistas se da en un contexto de crecimiento de los municipios autonomos, recordando que en 1994 se fundaron 30 municipios autónomos, ahora son mas de 40. Así el aproximado de tierras recuperadas por los zapatistas es de 250 mil hts.

En Chiapas existen 79 campamentos militares de los cuales 56 estan en territorio indígena.

Ernesto Ledezma, miembro de capise, informa sobre la situación en que se encuentran las comunidades zapatistas en cada Caracol, las estrategias de despojo y recomposición de las posiciones del ejército y paramilitares. Llevandose acabo ya no solo un ataque político a las comunidades, sino ahora la disputa por la tierra y el territorio recuperado a sangre y fuego desde 1994, esta disputa es debido a los planes económicos del gobierno en la zona y la
apropiación de los recursos naturales para su venta. Recalcando que la ofensiva que se lleva acabo sobre las comunidades zapatistas se debe mucho también gracias al avance que han tenido las Juntas de Buen Gobierno como una alternativa real de cambio y el impacto político a nivel nacional e internacional de la emisión de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

Esta disputa dice, no es de pequeñas tierras, sino de territorios, haciendo una proyección estimada de 12073 hts. que están en el blanco de ser arrebatas.

Parte importante de esta estrategia de guerra es la opddic, organizacion paramilitar que ha estado fortaleciendo el gobierno en este ataque a las comunidades zapatistas. La opddic nace en 1998, donde no todos son paramilitares y se incorporan porque les ofrecen tierras. Así con esta estrategia presionan a la gente para incorparse a la opddic, también grupos paramilitares conocidos como Paz y Justicia y Mascara Roja ahora son opddic, la situación se agrava aun mas ya que en estas ultimas elecciones varios presidentes municipales son opddic y han declarado desalojar a los zapatistas como lo es en Huitepec.

La estrategia de despojo del gobierno

"... priistas y perredistas de la comunidad nos quieren despojar de nuestras tierra legalizándola solo para unos cuantos, osea que quieren hacer un nuevo censo en el que nos quieren sustituir a los zapatistas, cuando desde que la recuperamos la hemos compartido en partes iguales entre todos los habitantes de la comunidad, sin distinguir si son o no zapatistas" (20-sep-07, Caracol Roberto Barrios)

El capise explica que la estrategia que realiza el gobierno para despojar a las comunidades zapatistas es "regularizar las tierras" negociándolas con organizaciones priistas y paramilitares como la opddic, la aric entre otrxs, dándoles la propiedad de las tierras recuperadas por los zapatistas para luego expropiarselas, situación que se vuelve un gran negocio para las organizaciones y personas que le siguen el juego al mal gobierno. La zona lacandona es un ejemplo de ello, donde se les ha indemnizado en año y medio con 176 millones de pesos.

Caracol de la Garrucha

Había en esta región de la cañada 4 posiciones, se retiraron Ibarra y Las Tacitas, pero arribaron el vigesimo batallón de infanteria, adhiriendose al 38o ya existente. Así salen posiciones militares y arriban unidades de combate.

La Realidad

Se retiran Francisco Villa y Amatitlán, arriban el vigesimo y 101 (que es un batallón de fuerzas especiales) batallones, a Predio Momón, Vicente Guerrero y Rizo de Oro, Unidades de fuerzas especiales.

Oventic

En esta zona se encuetran las fuerzas especiales del 101 batallón

La Zona Lacandona

En 1972 fueron entregadas a 66 familias 614 mil hectareas, en el 88 se redujeron a 501 mil hts. La Reserva de Montes Azules son 331 mil hts. En la zona lacandona.

El gobierno para regularizar sus tierras les expropian a lacandones lo que ha sido un gran negocio para unas cuantas familias que venden se adjudican tierras recuperadas y se las venden al gobierno.

Comienzan las expropiaciones en enero de 2005, despues comenzando la
sexta declaracion al poco tiempo se decretan 6 expropiaciones el 29 dic del 2005, el 22 de febrero de 2006 5 decretos mas y el 8 de junio de 2006 otros 3 decretos.

El nuevo decreto expropiatorio es de 14 mil hectareas, lo que implica el desalojo a 16 comunidades. Esto en el contexto del gobierno de Calderon que está implementando en todo el país "areas de protección de los recursos naturales" para poderlas expropiar y después comerciar con ellas y/o entregarselas al gran capital.

Se han regularizado 28 588 hts, donde el pago ha sido de $4126 por hectarea. Así el gobierno a dado 176 millones indemnizando a lacandones en 1 año y medio.

Municipio de Olga Isabel

El gobierno crea el ejido Mukulum Bachajon para "sustituir" el municipio autónomo de Olga Isabel y le da las tierras a la oppdic, despojando a 271 familias zapatistas y del serpi, provocando que la gente del serpi se cambie a la opddic para poder conservar sus tierras. El notario que "dio fe" a este nuevo ejido es el ex- subsecretario de gobernación de Albores Guillen, quien encabezo el despojo a zapatistas en 1998, esto lo hizo con todas las irregularidades ya que se requerian 547 firmas, y fueron solo 336 firmas incluyendo 60 nuevas. Así lo que se vive en la zona es que si no te incorporas a la oppdic entonces eres un invasor. Este modelo de despojo esta sucediendo en todo el territorio zapatista.

La opddic tiene el control de Chilón con el presidente Antonio Morenos López, quien tomará posesión en 1 de enero de 2008.

Cascadas de Agua Azul

El 7 de junio de 2000 fue decretado zona de protección forestal, después en 2005 se decretan zona de flora y fauna para irlo enmarcando en un proyecto económico y turístico.

En esta zona se encuentra Bolon Ajaw comunidad zapatista recuperada en 1994 y desplazada de guerra en 1995, regresando en 2001 ha recuperar 339 hectareas.

Ahora las agresiones a las comunidad son bastante graves y han ido
en aumento:

El 24 de noviembre 80 miembros de la oppdic entran a la casa de una familia zapatista golpean brutalmente a un compa y le tuercen las muñecas a un niño hasta hacerlo llorar.

El 26 de noviembre realizan disparos, el 29 de noviembre vuelven a salir a realizar disparos. El 2 de diciembre llegan helicopteros al poblado de agua azul, que es de la oppdic.

Es por ello que se esta impulsando un boicot a la zona turística de agua azul, ya que quien te atiende son miembros de la opddic.

Poblado 24 de diciembre

Recuperan su territorio en 1994, son desplazados de guerra en 1995 y regresan a supoblado en 2006 recuperando 525 hts, pero ahora que regresaron ya hay un campamento militar en sus tierras y además les han otorgado la propiedad del territorio a la Unión de Ejidos de la Selva, distribuidores del Cafe La Selva.

Municipio de Zinacantán

Gobierna el PRD desde 2001, en la zona se encuentran 12 comunidades
zapatistas, quienes han sufrido robo, agresión, disparos, detenciones y la negación del agua desde el 2003.

Poblado 20 de febrero

En territorio de la selva Lacandona se encuentra este poblado que nace en 1997, ahora el gobierno ha conformado el ejido Nuevo Oxchuc con 230 hectareas que son del municipio autonomó 20 de febrero. El cuartel militar se encuentra a 3 km de la comunidad. Se comienzan a construir supercarreteras que dejan el cerro desgajado, lo que obliga a familias zapatistas y no zapatistas a salirse de sus casas ya que las dejan en terreno con alto riesgo de derrumbe.

La licitacion de esta carretera no esta aprobada por la Secretaria de Comunicaciones y Transporte. El proyecto viene directamente de la Camara de Diputados desde el 2001 y refiere que es parte del Plan Puebla Panamá para impulsar, dicen, "la economía y el turismo"

En esta zona la oppdic toma el control del municipio teniendo en las eleccciones a candidatos en el PRI, PAN y PANAL, al final quedo el PAN, quien el 1 de enero toma posesión.

Nueva Revolución

En el poblado sucesivamente el 9, 10 y 11 de julio, 4, 6 y 40 paramilitares los han amenazado de muerte sino desalojan.

Zona Norte: Sabanilla, Tila y Tumbala

En 2 de estas comunidades la organización paramilitar Paz y Justicia se ha convertido en OPDDIC y otra sigue siendo de Paz y Justicia, estas organizaciones paramilitares ganaron las elecciones y su compromiso electoral para conseguir votos fue que si votaban por él, les daban las tierras de los zapatistas.

Oventic-San Andrés

El 29 de septiembre se tenía programado inaugurar un mercado y escuela autónoma en la comunidad y los paramilitares de OPDDIC Roja (antes mascara roja) amenazaron con que si realizaban las inauguraciones al día siguiente irían asesinando uno a uno a las autoridades autónomas. Los zapatistas no se dejaron atemorizar por estas amenazas y realizaron la inauguración con la presencia y vigilancia de paramilitares que salieron huyendo después de haber sido identificados y tomarles fotos.

San Cristobal de las Casas

El nuevo presidente de San Cristobal de las Casas, Mariano Diaz, que entrara en funciones el proximo 1 de enero, fue reelecto ya que había gobernado en 2001. El es parte del grupo que se dice ser "Los auténticos coletos", grupo de los mas reaccionarios en San Cristobal de las Casas, y fue él quien mandó a desalojar a los indígenas que vendían porque afeaban la ciudad, también declaró nom-grata a Ofelia Medina. Mariano Diaz ha declarado desalojar a los zapatistas de la reserva del Huitepec el próximo 2 de enero.

El gobierno de Chiapas ha reconfigurado su tablero para fortalecer su política de despojo: Herrán Salvati, quien era del Ministerio de Justicia ahora es el encargado de Fomento Económico, Roberto Albores (hijo del exgobernador Albores Guillen) que se encontraba a cargo de Fomento Económico se mueve a Proyectos Estratégicos el cual se fuciona con la Secretaria de Turismo. Todas estas piezas son claves para el despojo y desalojo de las comunidades ya que está claramente demostrado que son varias las dependencias e instituciones que realizan el desalojo y no solo los ejecutores visibles como la
polícia estatal, municipal y militares.

Así también en la OPDDIC se mueven las piezas eligiendo como nuevo
presidente de la organización a Dionisio Cruz, originario de Peña Limonar comunidad donde se dieron las negociaciones del territorio Lacandón.
Ernesto Ledezma para concluir menciona el nivel al que se han dado las agresiones, remarcando que son tan graves o mas que las que se dieron en territorio zapatista en 1998 y hace un recuento que a raíz de estas agresiones a las comunidades, el 22 de septiembre de 2006 el EZLN decide suspender la salida del EZLN en la segunda etapa de la otra campaña. Así mismo la señal del gobierno al detener por primera vez la caravana donde iba el subcomandante Marcos rumbo a Vicam en un reten de Mazatlán custodiado por fuerzas especiales.

Esto provocó que 8 comandantes que se encontraban ya en Guadalajara
rumbo a Vicam decidieran regresar a Chiapas.

Concluyendo, Ernesto Ledezma resume que con estas agresiones se ataca a las bases y retaguardia del EZLN y se manda un mensaje claro de no permitir salir ya a la comandancia ¿Qué alternativas entonces, les estan quedando a los zapatistas si por medio de la via civil y pacifica los bloquean, atacan y despojan?

Wednesday, November 21, 2007

REPORTAJE/ A DIEZ AÑOS DE ACTEAL **

Con motivo del décimo aniversario de la matanza ocurrida en Acteal, mpio de Chenalhó Chiapas vamos a estar haciendo un recuento desde diversas ópticas y fuentes del aquel cobarde acto y lo que contextualmente le dió origen, así como sus consecuencias no sólo para las comunidades que ahí viven, para el moviemiento zapatista y la sociedad civil en general. Este es un fragmento, publicado por Hermann Bellinghausen el 16 de noviembre de 2007


Ni mediación ni diálogo, mensaje del atentado, dice el EZLN
Ataque a comitiva de Samuel Ruiz desata alarma mundial

El 4 de noviembre de 1997, tres campesinos son heridos de bala

Tres días después, la hermana del obispo es agredida a martillazos

Los responsables de los enfrentamientos son los priístas y sus guardias blancas pagadas por el gobierno, insiste el concejo autónomo de Polhó días antes de la matanza. Los desplazados por la violencia viven a la intemperie y sin lo elemental para subsistir

Hermann Bellinghausen /XII
Marcha de integrantes de Las Abejas hacia Acteal con motivo del Día Internacional de la Mujer, en marzo de 2005
Lupa
Marcha de integrantes de Las Abejas hacia Acteal con motivo del Día Internacional de la Mujer, en marzo de 2005 Foto: Víctor Camacho

El 4 de noviembre de 1997, una comitiva donde viajan los obispos de San Cristóbal de las Casas, Samuel Ruiz García y Raúl Vera, es atacada a tiros en el municipio de Tila. Resultan heridos de bala los campesinos José Pedro Pérez, José Vázquez y Manuel Pérez. El atentado se atribuye a Paz y Justicia, y esta organización se deslinda. La alarma es de alcance internacional. Dos días después, la hermana del obispo Ruiz García, María de la Luz, es agredida a martillazos y herida de gravedad. El día 7, de manera inusual, la comandancia zapatista se solidariza con la diócesis de San Cristóbal y afirma en un comunicado que los atentados “tienen el objetivo de hacer llegar al EZLN un mensaje claro: ‘Ni mediación, ni diálogo, ni paz’” (La Jornada, 5 a 10 de noviembre).

El día 10, el concejo autónomo de Polhó reitera: “los responsables de los enfrentamientos en Chenalhó son los priístas y sus guardias blancas, pagadas por el gobierno”. Condiciona el diálogo a la desaparición de las guardias blancas y el retiro de policía y Ejército federal de las comunidades. Y asevera que “nuevamente han llegado amenazas y rumores de que los priístas atacarán Polhó” (La Jornada, 11 de noviembre).

El mismo día, el ayuntamiento priísta de Chenalhó “pide” públicamente –mediante un escrito– a “las dirigencias del EZLN y el PRD” que llamen a “sus simpatizantes y militantes para que encaucen su lucha en forma pacífica”. Asimismo, niega la acusación de que los enfrentamientos en el municipio han sido entre priístas. “Son los del EZLN y el PRD los que han agredido con armas de fuego a los militantes del PRI y del Frente Cardenista, sólo por no aceptar afiliarse a su organización”. El ayuntamiento oficial asegura que “en cuatro ocasiones ha tratado de conversar” con los autónomos, pero éstos “se han negado”. (Quien haya seguido este relato recordará que los intentos de diálogo habían sido interrupidos por incidentes y provocaciones gubernamentales, y los autónomos no aceptaban hablar en las condiciones imperantes de paramilitarización, ocupación policiaca y presencia militar.)

En Tuxtla Gutiérrez, el general Mario Renán Castillo Fernández, comandante de la séptima Región Militar, anuncia que será sustituido por el general José Gómez Salazar. El alto mando saliente pondera que en los tres años que ocupó el cargo, el combate al narcotráfico “fue frontal y agresivo, aunque falta mucho por hacer”, y que los soldados a su cargo nunca violaron la Ley para el Diálogo y la Reconciliación. Destaca la “labor social” de las tropas en comunidades indígenas; muchas incluso “la solicitaban” (La Jornada, 11 de noviembre).

A la mañana siguiente, priístas y cardenistas disparan por segundo día consecutivo sobre las casas de 18 familias simpatizantes del EZLN en Yibeljoj, a pocos kilómetros de Polhó, “por no cooperar en la compra de armas de los grupos paramilitares que están formando” (La Jornada, 12 de noviembre). En asamblea, la comunidad agredida decide no responder. El concejo autónomo informa que de Tzanembolom hay 455 refugiados, mil 200 de Chimix y un número no preciso de Canolal, Los Chorros, Yaxjemel, La Esperanza y Puebla.

Según reporta este diario, la situación es más dramática de lo que reflejan en sus rostros los voceros autónomos en Polhó. Uno de ellos tiene en la mano la denuncia que tomaron a un anciano que acaba de relatar los sucesos de Yibeljoj. “Se regresó rápido. No sabe si los disparos dieron en su familia”, comentan los concejales, pues el hombre fue sorprendido por la balacera en su milpa. Una huella digital firma su testimonio. “No sabemos si nos van a atacar. Los priístas y cardenistas armados están como a 2 mil metros de aquí”, dice el vocero, y señala hacia Majomut (La Jornada, 12 de noviembre).

“La presencia de miembros del Partido Cardenista en los ataques armados responde a la participación de ese partido en el ayuntamiento priísta”, agrega el concejo autónomo. “A gente de ellos también la agreden”. Y añade que la casa en Majomut del juez municipal oficial, Manuel Pérez Ruiz, “está convertida en cuartel de la Seguridad Pública, porque él está metido en los ataques”. Refiere la participación directa del funcionario en agresiones contra Las Abejas, el 21 de octubre, y zapatistas, el 29 de octubre. “El juez es de los que promueven la violencia”.

En la ciudad de México, el secretario de la Defensa Nacional, general Enrique Cervantes Aguirre, asegura que el Ejército Mexicano “no adiestra ni fomenta grupos paramilitares en Chiapas”, al recibir en sus oficinas a una comisión del Senado. El legislador perredista Carlos Payán Velver cuestiona al general secretario sobre la guerra de baja intensidad y la “posible participación de miembros del Ejército” en el adiestramiento de dichos grupos (La Jornada, 13 de noviembre).

El concejo autónomo de Polhó realiza una asamblea a la que invita al gobierno oficial de Chenalhó, pero éste no acude, “pues su contraparte ha agredido a militantes del PRI” (La Jornada, 14 de noviembre). Los autónomos niegan haber agredido a miembros del tricolor en Chimix dos semanas atrás; dijeron que esa argumentación era una táctica “para no dialogar y seguir causando violencia”, y proponen una reunión conjunta para el próximo día 21.

Sirve recurrir a una cronología de los días posteriores. Allí se registra que el 14 de noviembre, cerca de San Andrés, sobre la carretera, en territorio chamula, tres personas descienden de un vehículo en marcha y sin placas, y ejecutan al maestro Mariano Arias Pérez, del PRI, quien había expresado públicamente su desacuerdo con las acciones de su partido en Chenalhó. Dos días después, durante su entierro en Yibeljoj, los priístas hacen disparos al aire y culpan a los zapatistas del crimen. Éstos huyen a Xoyep. Por ese deceso, el alcalde priísta Jacinto Arias Cruz amenaza de muerte al párroco de Chenalhó, Miguel Chanteau, en presencia de varias personas. (La Jornada, suplemento Masiosare, 14 de diciembre.)

Siguen los días de noviembre: “17, agresión y robos por parte de priístas armados en Acteal. 18, en Aurora Chica asesinan a varios pobladores. En Polhó, la Seguridad Pública arresta a tres autónomos; uno tiene 14 años. El día 19 hay tres desaparecidos en Polhó, entre ellos un niño de nueve años. Varias casas quemadas en Tzalalucum. A partir del 17 se generaliza la agresión: familias perredistas o zapatistas huyen de 10 comunidades. El día 29, coordinadas por el Centro Fray Bartolomé (CDHFBC) y la Red de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todos, varias ONG visitan el norte de Chiapas y Chenalhó. Constatan la presencia de 700 desplazados que viven a la intemperie cerca de Polhó. El gobernador Julio César Ruiz Ferro habla de 800 desplazados en toda la entidad, pero su oficina de comunicación insiste a la prensa nacional en que “sólo son 500”. Sobre el terreno, se calcula que cuando menos hay 3 mil en Chenalhó (y en aumento), y más de 4 mil en la zona norte.

A su vez, el CDHFBC reporta que el día 15 fue asesinado Jacinto Vázquez Luna, en Bajo Beltik, mientras estaba en su cafetal. “Era padre de tres hijos y simpatizante del municipio autónomo. Su cadáver permaneció tirado en su cafetal”. Posteriormente, priístas de Los Chorros se enfrentaron en las proximidades de Pechiquil con un grupo de simpatizantes del municipio autónomo cuando éstos se dirigían a levantar el cuerpo de Vázquez Luna. Dicho grupo no pudo rescatarlo y retornó a sus comunidades. En tanto, el grupo priísta quemó al menos una casa en Pechiquil”.

El 20 de noviembre, el municipio autónomo de Polhó envía un comunicado a la Cocopa (Comisión de Concordia y Pacificación) y a la Conai (Comisión Nacional de Intermediación), convocándolas para que intervengan en el conflicto. Ese día, un grupo de ciudadanos y organizaciones sancristobalenses manifiesta: “Los cuerpos de Seguridad Pública destacamentados en la cabecera municipal, Puebla, Yaxjemel, Majomut, Los Chorros, Yibeljoj, Jobeltik, Kanolal y Tzanembolom pululan por los caminos y comunidades; se meten en las parcelas y siembran terror por todas partes, impidiendo que la gente coseche sus milpas y aumentando aún más la difícil situación de los pobres. ¿Están los policías buscando la paz y la reconciliación, como insiste el gobierno, o más bien protegen y azuzan a quienes tienen interés en continuar esta guerra civil? ¿Cuántos muertos más espera el gobierno para afrontar sus responsabilidades?”

El día 21, miembros de Las Abejas piden ayuda: 80 familias (408 personas) de Yibeljoj “se encuentran en una grave situación por falta de medicamentos, ya que estamos viviendo en Xoyep sin ninguna clase de ayuda”.

Ha estallado el nuevo gran problema: los desplazados, cuyo número crece en condiciones críticas, bajo lluvias invernales, sin techo, casi sin ropa. Sin alimentos. Sin medicinas. Sin. Sin. Sin.


** Tomado de La Jornada

Friday, December 22, 2006

22 DE DICIEMBRE DE 1997 : AYER COMO HOY

El siguiente, es un recordatorio de uno de los actos más oprobiosos cometidos bajo el oscuro régimen de Ernesto Zedillo, teniendo como cómplices a Emilio Chyaufett Chemur en la Secretaria de Gobernación y Julio César Ruiz Ferro en el Gobierno de Chiapas.
Hoy como ayer,Acteal es una yaga que sangra y por más que pasen los años no se cierra, al contrario, pareciera estar más en carne viva cada vez.

LA MATANZA DE ACTEAL
Chiapas, 22 de diciembre de 1997

El 22 de diciembre de 1997, el grupo paramilitar priísta Mascara Roja asesinó a 45 indígenas tzotziles refugiados, en su mayoría mujeres y niños, en la comunidad de Acteal, municipio de Chenalhó. Los atacantes, armados con fusiles AK-47 y M-16, abrieron fuego, utilizando balas expansivas, en contra de los refugiados que se encontraban orando. La matanza duró más de 7 horas y se realizó a tan sólo 200 metros de un retén policial.

EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL
A la Sociedad Civil Nacional e Internacional

Hermanos y hermanas:
¿Por qué?
¿Cuántos más?
¿Hasta cuándo?

Desde las montañas del Sureste Mexicano
Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
México, 23 de Diciembre de 1997

Al pueblo de México
A los pueblos y gobiernos del mundo
A la prensa nacional e internacional

En relación con la matanza de indígenas en la comunidad Acteal, municipio de San Pedro de Chenalhó, Chiapas, realizada el día de ayer, 22 de diciembre de 1997, el EZLN señala:

Primero. De acuerdo a la información recabada hasta ahora, unos 60 paramilitares del Partido Revolucionario Institucional (patrocinados por los Gobiernos Federal y Estatal) fueron los que atacaron con armas de grueso calibre a los indígenas, entre los se encontraban refugiados en Acteal.

Segundo. Como resultado de la agresión que duró hasta 4 horas, fueron asesinados cuando menos 45 indígenas, entre los que se cuentan 9 varones, 21 mujeres y 15 niños (uno de ellos menor de un año de edad). Además de los muertos, quedaron heridos 7 hombres (4 son niños) y 10 mujeres (4 de ellas son niñas).

Tercero.- De acuerdo a transmisiones radiales del Gobierno de Chiapas (interceptadas por el EZLN), en las inmediaciones de Acteal y al tiempo que se realizaba la masacre, policías de seguridad pública del estado de Chiapas respaldaron la agresión y, en horas de la tarde y noche, se dedicaron a recoger cadáveres para ocultar la magnitud de la matanza.
Los señores Homero Tovilla Cristinani y Uriel Jarquin (Secretario y Subsecretario del Gobierno de Chiapas respectivamente), comisionaron a la policía para respaldar este crimen. El señor Julio Cesar Ruíz Ferro estuvo continuamente informado del desarrollo del "operativo" (cuando menos desde las 12 horas del día 22 de diciembre, cuando la matanza llevaba ya una hora). Aprobado por los gobiernos federal y estatal, el ataque se afinó el día 21 de diciembre en una reunión de paramilitares (dirigida por el Señor Jacinto Arias, presidente municipal priista) de las comunidades Los Chorros, Puebla, a la Esperanza y Quextic, todas éstas del municipio de Chenalhó.

Cuarto. La responsabilidad directa de estos hechos sangrientos recae en Ernesto Zedillo Ponce de León y la Secretaría de Gobernación, quienes desde hace dos años dieron luz verde al proyecto de contrainsurgencia presentando por el Ejército Federal.
Dicho proyecto intenta desplazar la guerra zapatista hacia un conflicto entre indígenas, motivado por diferencias religiosas, políticas o étnicas.
Para cumplirlo, se dedicaron a financiar equipo y armamento (mediante fondos de la Secretaría de Desarrollo Social) y a dar entrenamiento militar (dirigido por oficiales del ejército federal) a indígenas reclutados por el Partido Revolucionario Institucional.
Para dar tiempo a que estos escuadrones de la muerte estuvieran listos, el Gobierno Federal Mexicano diseño una estrategia paralela de diálogo simulado, consistente en llevar una negociación sin intención alguna de cumplir lo que se acordara y aumentando la presencia militar en las zonas zapatistas.
El gobierno del Estado de Chiapas quedó encargado de garantizar la impunidad de los grupos paramilitares y facilitar su operación en las principales zonas rebeldes: Norte, Selva y Altos de Chiapas.

Quinto. De esta manera unieron sus fuerzas los Gobiernos Federal y Estatal, el Partido Revolucionario Institucional y el ejército federal. Su objetivo está sintetizado por el "grito de Guerra" de los paramilitares llamados "mascara roja": "Vamos a acabar con la semilla zapatista", es decir, "vamos a acabar con las comunidades indígenas".

Sexto. Como parte de su estilo de gobierno y muestra de su "voluntad de paz", por diversos canales el señor Ernesto Zedillo Ponce de León mandó amenazas a la Comandancia General del EZLN con el siguiente mensaje: "Prefiero pasar a la historio como represor antes que cumplir los acuerdos con el EZLN".
Esta palabra sí la cumplió.
Zedillo ya pasó a la historia como asesino de indígenas y lleva en las manos la sangre de Acteal.

Séptimo. La oportuna atención de los medios de comunicación a Chiapas y la justa indignación de la opinión pública nacional e internacional frente a lo ocurrido, han provocado que los cerebros del crimen se arrebaten la palabra para lavarse las manos y para prometer investigaciones "a fondo". No van a castigar a los responsables, la impunidad está garantizada porque los que investigan el crimen son los mismos que lo planearon. Por esta razón, las declaraciones del señor Zedillo y de sus subalternos no son más que demagogia.

Octavo. Con motivo de la matanza de Acteal, el gobierno y sus voceros vuelven a llamar al diálogo sin mencionar su determinación de no cumplir lo ya acordado y sólo con el propósito de avanzar en su estrategia contrainsurgente. En este sentido, llama la atención la reciente y r idícula declaración de la COCOPA (que decidió irse de vacaciones en lugar de trabajar por la paz) sobre los hechos de Acteal. Olvidan los legisladores que el que está asesinando niños, mujeres y hombres es el gobierno, olvidan que el que está haciendo uso de las armas es el gobierno, olvidan que el que se niega a un diálogo serio es el gobierno. Es a él al que deben dirigirse cuando hablen de no recurrir a la violencia y de la necesidad de dialogar.

Noveno. Nuevamente el EZLN llama a la sociedad civil nacional e internacional y a las organizaciones independientes para que no se dejen engañar, y para que exijan justicia verdadera y no simulaciones.

Décimo. El Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN se encuentra en estos momentos completando la investigación y analizando lo ocurrido para tomar las decisiones necesarias pertinentes.

¡Democracia!
¡Libertad!
¡Justicia!

26 de Diciembre de 1997 EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL
A la Sociedad Civil Nacional e Internacional

Desde las montañas del Sureste Mexicano
Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena
Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
México, 26 de Diciembre de 1997

Al pueblo de México
A los pueblos y gobiernos del mundo
A la prensa nacional e internacional

Hermanos:

El EZLN informa a la opinión pública nacional e internacional del avance de nuestras investigaciones sobre la matanza de Acteal, municipio de San Pedro de Chenalhó, Chiapas:

Primero. En Acteal vivían algunos de los miles de desplazados de otras comunidades indígenas de Chenalhó. Se encontraban ahí refugiados para protegerse de las agresiones de bandas paramilitares que «toman por asalto» las comunidades que no son gobiernistas.
Todos los refugiados eran indígenas tzotziles, civiles, profesaban la religión católica. Había zapatistas y no zapatistas de la organización independiente Las Abejas de Chenalhó.
Ninguno de los refugiados tenía armas de fuego.

Segundo. La mayoría de los atacantes son indígenas tzotziles, pertenece a diversas comunidades del municipio de Chenalhó, profesa la religión católica y es priísta (del PRI o del Partido Cardenista, es lo mismo).
Todos los atacantes tenían armas de fuego y algunos, además, armas blancas. La mayoría de las armas largas eran del modelo AK-47, calibre 7.62 x 39. Las armas cortas o pistolas eran de modelo escuadra, calibre 22 largo rifle.

Tercero. Unos minutos antes de que se iniciara la masacre, los vehículos de los paramilitares fueron detectados por indígenas bases de apoyo del EZLN, quienes fueron a avisarles a los refugiados en Acteal para que salieran y alertaron a la Conai. Un grupo de aproximadamente 15 personas alcanzó a salir, pero el resto alegó que no podían hacerles nada porque no habían hecho nada malo y que mejor se iban a poner a rezar, en eso estaban cuando fueron atacados.

Cuarto. El 22 de diciembre al mediodía, cuando apenas se iniciaba el ataque, bases de apoyo zapatistas escucharon las primeras detonaciones y se comunicaron a la Conai para informarle de lo que estaba ocurriendo. La Conai respondió a los compañeros que se iba a avisar al gobierno del estado. Así se hizo. A las 12 horas del 22 de diciembre el gobierno del estado recibió la denuncia de la Conai. A las 19 horas el aviso se repitió. El gobierno del estado dijo que todo estaba bajo control.

Quinto. El comando paramilitar que realizó la masacre se movilizó en vehículos propiedad de la presidencia municipal priísta de Chenalhó y de particulares.

Sexto. Todos los miembros del grupo agresor portaban uniformes de color oscuro.

Séptimo. Los vehículos, así como el armamento, uniformes y equipos de los agresores se obtuvieron con dinero proveniente del gobierno federal. En concreto, de la Secretaría de Desarrollo Social.

Octavo. Los paramilitares remataron a los heridos que encontraron y a las mujeres embarazadas les abrieron el vientre con machete.

Noveno. Terminado el ataque, agentes de la policía de Seguridad Pública del estado de Chiapas se dieron a la tarea de recoger los cadáveres y «desaparecerlos» dentro de una cueva y en el fondo de un barranco.

Algunas conclusiones de lo anterior son:

1. No se trata de un conflicto religioso, tanto asesinos como asesinados profesan la religión católica.

2. No se trata de un conflicto étnico, los muertos y quienes los mataron son indígenas tzotziles.

3. No se trató de un enfrentamiento (como lo quieren presentar los gobiernos federal y estatal). Los muertos estaban desarmados, los atacantes tenían armas de grueso calibre. No hubo choque armado. Fue, simple y llanamente, una ejecución.

4. El objetivo era acabar con todos, que no quedaran testigos acusatorios y «limpiar las evidencias». El plan gubernamental era que el hecho no fuera del dominio público. Las autoridades primero quisieron negar la matanza, luego minimizarla, ahora quieren confundir a la opinión pública sobre el verdadero móvil del crimen.

5. Cuando el gobierno de Chiapas respondía a la Conai que «todo está bajo control» no se refería a que se iba a evitar un hecho de sangre, sino a que el gobierno era el que estaba dirigiendo el ataque.

6. El desvío de fondos federales para el financiamiento de diversas estructuras paramilitares. En la Selva, Norte y Altos de Chiapas no es ignorado por funcionarios federales y estatales. Desde 1994 la asignación de recursos económicos federales en Chiapas se realiza con un criterio político-militar; aquellos que están dispuestos a enfrentarse contra las comunidades zapatistas y contra las neutrales pueden obtener el dinero con la condición de cumplan con lo que llaman «preparación básica» y estar en absoluta disposición a responder al llamado de «los encargados» de tramitar los proyectos en Sedesol. No se trata sólo de comprar lealtades, es un verdadero reclutamiento, una «leva» para hacer la guerra gubernamental contra los indígenas... con indígenas.

7. El ataque incluyó las fases militares llamadas «de aproximación», «toma de contacto», «ataque» y «explotación del éxito», además de la de «exterminio total del adversario». Es evidente que el grupo agresor contaba con preparación militar de la que llaman «de comando especial». Sus armas, equipos y uniformes son los de una organización militarizada y revelan que se trató de una acción concertada, preparada y dirigida por personas o instancias que no participaron directamente en los hechos.

8. Los paramilitares obtienen su armamento y equipo por suministro directo de oficiales del Ejército federal, policías judiciales y, principalmente, por la denominada «Seguridad Pública del Estado», el gobierno del estado de Chiapas (encargado del «trabajo sucio» en esta estrategia zedillista) a su vez consigue el armamento en el mercado negro que existe entre las diversas corporaciones policiacas del país. Los policías y militares desvían las armas (que consiguen en los decomisos) para la venta clandestina, y se las venden a terratenientes, guardaespaldas, gobernadores, presidentes municipales y «gente importante».
Se trata de un auténtico «lavado de armamento». Son armas «sucias» o «negras», llamadas así porque ya fueron usadas en la comisión de algún delito, que se «lavan»vendiéndolas a los poderes regionales o locales.

9. El ritual sangriento de abrir el vientre de las mujeres embarazadas muertas y exhibir como trofeo su contenido, forma parte de las «enseñanzas» que militares guatemaltecos (de los llamados «kaibiles») impartieron a sus similares mexicanos a raíz del alzamiento zapatista. Después del 1o. de enero de 1994, el Ejército guatemalteco ofreció a su par mexicano «asesoría y preparación» en lucha contrainsurgente. Un grupo selecto de oficiales del Ejército Federal tomó el curso «kaibil»'. Desde entonces nuevos grupos son preparados en el vecino país.

10. Las víctimas no fueron escogidas al azar. Se eligió el lugar, fecha y hora del crimen para que los destinatarios del sangriento mensaje lo recibieran y entendieran bien. Los destinatarios son las comunidades indígenas rebeldes y el mensaje es «nada vivirá que sea independiente del gobierno».

11. El gobierno mexicano finge al llamarse a sorpresa por la matanza de Acteal. Por medio de la prensa y la televisión privada nacionales, la tensa situación que se vivía en los Altos y Norte de Chiapas en semanas previas a la masacre de Acteal fue del dominio público. El crimen de los 45 indígenas fue advertido a tiempo.

12.- Desde el inicio del deterioro y crisis de la situación social en Chiapas, producto de la estrategia contrainsurgente gubernamental, el CCRI-CG del EZLN orientó a sus bases de apoyo para que evitaran en todo momento, y aun a costa de perder sus pocas pertenencias, el enfrentamiento con otros indígenas. Para nosotros fue claro que el propósito gubernamental era y es que mudáramos de enemigos y nos enfrentáramos a otros indígenas. Por eso cada vez que fuimos agredidos no respondimos en forma violenta, sino que recurrimos a la Comisión Nacional de Intermediación (cuya existencia combate con toda decisión el gobierno federal) y a la prensa nacional e internacional (cuya labor profesional informativa molesta tanto a los gobernantes).
Por ambos canales, tanto el gobierno federal como el estatal estaban enterados de lo que se gestaba en los Altos de Chiapas.
Una y otra vez, la prensa nacional publicó reportajes documentados sobre las señales que ahora se leen con claridad en la sangre de Acteal.
A las notas periodísticas profesionales el gobierno estatal respondió con inserciones pagadas, con cartas de desmentidos y con abundantes sobornos para algunos que se hacen llamar periodistas.
Mientras tanto, el gobierno federal ni siquiera hizo eso. La Secretaría de Gobernación siguió la política del avestruz y «desapareció» siguiendo la creencia de que si no se habla de un problema, este se soluciona.
La Comisión Nacional de Intermediación, mientras soportaba agresiones gubernamentales de todo tipo, mantuvo continuamente informados al gobierno de Chiapas y a la Secretaría de Gobernación de todos y cada uno de los hechos que, ahora lo sabemos, culminarían en la masacre de Acteal.

13. Es innegable que la Secretaría de Gobernación sabía con antelación de las serias amenazas que se cernían sobre los habitantes indígenas de los Altos.
Algunos periódicos de circulación nacional llevan meses cubriendo y difundiendo información que hoy ya es parte de los antecedentes históricos del peor crimen de los últimos 29 años en México.
En un canal de una televisora privada mexicana se documentaron objetivamente las condiciones de persecución y hostigamiento en que viven los indígenas de Chenalhó. Todos los entrevistados denunciaron la presencia y acción de guardias blancas.
No hay duda de que el secretario de Gobernación lee los periódicos, tampoco de que vio el programa. La prueba está en que protestó por el «tono parcial y tremendista» de la información televisada y vetó su repartición.
Cuando lo vea de nuevo deberá recordar que algunos y algunas de los indígenas que fueron entrevistados en ese programa «parcial y tremendista» están ahora muertos, asesinados por aquellos que, como el secretario de Gobernación, se quejaron de las graves imputaciones que se derivaban del contenido del reportaje.

14. En la matanza de Acteal los gobernantes no pueden ser juzgados por negligencia, porque precisamente se habían propuesto realizar el «operativo». La negligencia está en que no supieron o no pudieron hacerlo, con discreción. Olvidaron que desde enero de 1994 la sangre indígena pesa, y la oportuna labor informativa de los medios de comunicación sacó a la luz lo que iba a quedar en una cueva y en el fondo de un barranco.

15.- Los servicios de inteligencia del EZLN detectaron rumores de los paramilitares desde mediados de noviembre de 1997. Algo se estaba preparando. A inicios de diciembre se hablaba de una acción paramilitar inminente. Nosotros pensábamos que ese «algo» era por la visita a Chiapas del nuncio apostólico. Por eso fue nuestro comunicado donde advertíamos de un posible atentado contra el señor Justo Mullor. Nos equivocamos, las víctimas iban a ser, otra vez, de abajo. Ahora lo sabemos.

16. Conforme a las evidencias encontradas, se deduce que el crimen de Acteal fue preparado con toda antelación, con plena conciencia, con la dirección de autoridades gubernamentales estatales y la complicidad de diversas secretarías del gobierno federal entre las que destacan la Secretaría de Gobernación, la de Desarrollo Social y la de la Defensa Nacional, así como de las dirigencias nacionales y estatales del Partido Revolucionario Institucional.

17. Fracasada la política de restarle base social indígena al EZLN, los gobiernos federal y estatal optaron por lo que consideraron más sencillo: aniquilar a esa base social, valoraron que el Ejército federal tendría que pagar un costo muy alto si participaba directamente en este plan. Por eso recurrieron a su estructura partidaria, botaron la «sana distancia» e hicieron uso de las estructuras organizativas del Partido Revolucionario Institucional para hacer lo que mejor saben hacer, es decir, robar y matar.

18. La guerra actual en Chenalhó no se inició en los años 30. Empezó a gestarse en agosto de 1995, cuando los gobiernos federal y estatal acordaron su actual estrategia antizapatista. Antes de eso, más de año y medio después del 1o. de enero de 1994, la convivencia pacífica entre grupos políticos diferentes había sido posible. Todavía hace algunos meses, las autoridades oficialistas de Chenalhó habían acordado con las autónomas respeto mutuo y tolerancia. Pero llegó la orden de «muy arriba» de acabar con los rebeldes...

19. Es completamente falso el giro que le quieren dar las autoridades que dicen estar investigando el crimen. No se trató de un conflicto religioso, tampoco de una disputa ideológica, mucho menos de un conflicto intra o intercomunitario. Esa historia de que los conflictos en Chenalhó vienen desde los años 30 es un cuento engañabobos de quienes se dicen investigadores y se las dan de antropólogos. No en los años 30, sino hace casi 30 años otra matanza de igual envergadura conmovió al mundo. Y a Tlatelolco 68 no sólo lo hermana con Acteal 97 la sangre inocente derramada. También entonces, como ahora, el gobierno hablaba de diálogo y de paz con las manos llenas de muerte.

Hermanos y hermanas:

La masacre de Acteal fue una matanza y fue realizada con alevosía, premeditación y ventaja.

El móvil es político, militar, social y económico. Se trata de aniquilar a los indígenas rebeldes.

Los autores intelectuales están muy arriba, en los gobiernos federal y estatal.

Los 41 detenidos son piezas menores de la complicada y sangrienta máquina de guerra contra los pueblos indios de México. Y la eliminación de piezas menores no afecta el funcionamiento de la maquinaria, simplemente se reemplazan.

Para implementar el reemplazo y no para evitar que se repita Acteal 97, el gobierno federal está enviando nuevamente miles de soldados a tierras indias y millones de dólares a unas autoridades estatales que han descubierto que la guerra, pero sobre todo la guerra sucia, es un gran negocio.

Esto es lo que hemos avanzado en nuestras investigaciones.

¡Democracia!
¡Libertad!
¡Justicia!